101 años después

Días atrás, la revista Nature editó un suplemento al cumplirse algo más de un siglo del hallazgo del Trypanosoma cruzi, el parásito responsable del Mal de Chagas. El investigador de la Facultad, Ricardo Gürtler, y su equipo, fueron protagonistas de una de las notas como consecuencia de su trabajo en el tema desde hace 30 años.

7 de julio de 2010

Un llamado inesperado recibió en marzo el doctor Ricardo Gürtler, director del Laboratorio de Eco-Epidemiología del Departamento de Ecología, Genética y Evolución de la Facultad, quien desde hace treinta años estudia el Mal de Chagas. Una periodista quería consultarle sobre su trabajo para una nota en la revista Nature, que preparaba un suplemento especial al cumplirse 101 años del descubrimiento del médico brasileño Carlos Chagas del Trypanosoma cruzi, parásito de la enfermedad que se transmite por la vinchuca. La entrevista se realizó in situ, en Pampa del Indio, Chaco, una de las provincias endémicas de esta dolencia en nuestro país.

En su laboratorio del segundo piso, Gürtler recibe a el Cable junto con parte de su equipo, a pocos días de la publicación de Nature. “Me sorprende –confiesa- el interés de la revista en el Chagas. Y también me sorprende gratamente que el trabajo que realizamos tenga cierta visibilidad. El Gran Chaco (comprendido por parte de Argentina, Paraguay y Bolivia) es la región más desatendida para el Chagas. Desatendida no sólo por la Argentina, sino a nivel internacional. Nosotros hemos trabajado bastante fuerte para tratar de mostrar que había una región donde las cosas que se hacían no funcionaban como se creía y que había que investigar qué ocurría y trabajar más y mejor. En alguna medida, el artículo de Nature hace justicia. Pone de manifiesto que se estaba en deuda con ese problema. Y llama la atención, visibiliza algo que ojalá ayude a cambiarlo. En este momento, hay más conciencia sobre la deuda pendiente con el Chagas a nivel general”.

-Usted lleva 30 años investigando sobre el Mal de Chagas y actualmente uno de sus trabajos se realiza en Pampa del Indio, Chaco. ¿De qué se trata?

– Junto con otras instituciones académicas y ONGs nacionales e internacionales y del programa nacional de Chagas fuimos a proponerle a la provincia del Chaco hacer una serie de intervenciones con distintos objetivos. Uno era acabar con la transmisión del Chagas y generar evidencia que permita construir una estrategia de control sostenible en el tiempo, porque si hay algo que hasta ahora los programas no han logrado es sostener la efectividad a mediano y largo plazo. Tienen efectividad un año, dos años con suerte y luego las cosas decaen. En pocos años se vuelve a la situación previa a la intervención en el Gran Chaco.

– ¿Han tenido logros?

– El principal logro desde la salud pública es que se ha interrumpido la transmisión del parásito que causa la enfermedad de Chagas en las viviendas, y quizás, por primera vez, se ha intervenido en la totalidad de las viviendas rurales del municipio de Pampa del Indio y se realiza un monitoreo regular de la infestación.

– ¿Cuándo comenzaron?

– En julio de 2007 hicimos una exploración del área y seleccionamos la sección más infestada, pero empezamos fuertemente a trabajar a finales de ese año. De las 350 viviendas iniciales, llegamos a cubrir todo el municipio, unos 4000 km2, que tiene unas 1.300 viviendas rurales con 6000 habitantes.

– ¿Al principio cuál era el nivel de infestación?

– Aproximadamente un 33 por ciento de las viviendas tenían vinchucas, especialmente en las habitaciones donde duerme la gente. Hoy está cerca del uno por ciento, y las vinchucas raramente aparecen infectadas con el parásito.

– ¿Estos resultados se relacionan con que ustedes hablan con la gente del lugar, los tratan de hacer parte de la campaña?

– Además de hablar con la gente para informarlos y que participen, realizamos un monitoreo de la reinfestación y acciones de control para eliminar a las vinchucas. La mayor parte del grupo de investigación viaja regularmente con personal del Programa Provincial de Chagas, monitoreando si las viviendas se reinfestan, y se aplica insecticida dónde y cuándo hace falta, tratando de identificar las área o bolsones donde el problema tiene mayor probabilidad de persistir.

– ¿A corto plazo se ve alguna solución por parte de la ciencia a este problema?

– Hay soluciones parciales al alcance que implican usar las herramientas que disponemos hoy y aumentar su efectividad. Esto es lo que hacemos con los insecticidas y con el monitoreo de la reinfestación en forma conjunta con los pobladores. Detectar la infestación más temprano y organizadamente para saber qué insecticida usar, cuándo y dónde. Claramente hace falta mejorar las condiciones de habitación, educación y salud de la población rural. En estos campos tenemos menor alcance, pero en la parte de educación estamos iniciando la elaboración de actividades conjuntas. A largo plazo, hay soluciones estratégicas tales como el desarrollo de una vacuna, por ejemplo, para aplicarla en animales domésticos que son importantes reservorios del parásito y de este modo disminuir el riesgo de transmisión. Por ahora estas nuevas herramientas se hallan en etapa experimental y con algunos resultados promisorios. Hasta tanto haya soluciones más efectivas se deben usar las herramientas disponibles para interrumpir la transmisión en forma sostenida.

– Desde sus comienzos, hace 30 años, hasta hoy ¿hubo cambios significativos?

– Sí, si uno mide en décadas. Desde los años 60 a la actualidad la transmisión de Chagas en la Argentina ha disminuido y mucho. Ha decrecido más en algunas provincias que en otras. Tres índices indican una tendencia favorable. El primero surge de cuando existía el servicio militar obligatorio y se hacía el examen de sangre a los conscriptos. Esto permitió ver una caída en la prevalencia del Chagas en toda la Argentina, aunque con diferencias geográficas. El segundo surge de los bancos de sangre, donde también se registra una tendencia declinante, pero que tiene diferente velocidad según las provincias. Lo mismo pasa con los resultados más recientes del Programa Nacional de Control de la Enfermedad de Chagas en las embarazadas. La parte del vaso vacío es que en todas las provincias más endémicas del norte y oeste argentino que han sido menos alcanzadas por el control, la transmisión del Chagas a través de las vinchucas persiste en forma heterogénea entre y dentro de las provincias y municipios. También hay urbanización de la vinchuca, como en la capital de San Juan.

– ¿Qué cantidad de infectados hay en el país?

– No se sabe con exactitud, pero puede rondar los dos millones de habitantes y tiene cierta plausibilidad pero no se ha hecho una encuesta con rigurosidad estadística. Ese número es muy importante. En términos de población equivale al cinco por ciento de los habitantes, uno de cada veinte. Esto a nivel sanitario es muy importante porque el Chagas es una enfermedad crónica y debilitante que genera dificultades para el empleo y disminuye la expectativa de vida. La carga de enfermedad que genera el Chagas es desproporcionada en relación al de otras enfermedades que tienen más prensa o inversión para su tratamiento. Existen dos drogas disponibles para el tratamiento etiológico y que pueden lograr la cura, especialmente en niños y adolescentes, pero la fracción de la población más afectada no tiene acceso al diagnóstico y al tratamiento. Se están realizando esfuerzos en este sentido pero aún son insuficientes.

– ¿Ocurre lo mismo con los fondos que se destinan a su investigación en relación con otras enfermedades a nivel mundial?

– El Chagas junto con otras dolencias está caratulada entre las enfermedades infecciosas desatendidas porque no tienen financiamiento adecuado a nivel mundial. Se halla dentro del grupo que la Organización Mundial de la Salud considera que son enfermedades infecciosas desatendidas asociadas a la pobreza, y habría que agregar que son causantes de pobreza. Si bien hay más conciencia de estas asimetrías en cuanto al nivel de atención que se le brinda al Chagas en relación a otras enfermedades, en la práctica la situación no se modifica significativamente porque surgen otras enfermedades emergentes que ocupan el primer plano. El caso típico en nuestro país fue el dengue en 2009. Los recursos humanos y financieros destinados para la eliminación de la vinchuca pasaron a ser utilizados para el control del mosquito transmisor del dengue. Esto resiente la acción de los programas. Este es un problema de la Argentina pero también de toda la región de Latinoamérica. La influenza es otro desafío importante.

– ¿Qué cree que pensaría Carlos Chagas 101 años después?

– Que la tarea está inconclusa. Chagas fue una persona muy comprometida no sólo con la ciencia sino con modificar las paupérrimas condiciones de vida de su pueblo. Salvador Mazza también. Él fue un personaje de la UBA, que habría que recuperar por su tesón y por lo que hizo en la época en que lo hizo –algo de eso retrata la película Casas de Fuego-. Siendo profesor de la UBA, fundó la Misión de Estudios de Patología Regional Argentina en Jujuy y dio renovado ímpetu a la investigación sobre la enfermedad de Chagas y otras patologías. Hay mucha gente que ha trabajado muy fuertemente no sólo en nuestro país sino en el resto de América Latina para que el Chagas deje de ser una enfermedad endémica.

Vinchucas resistentes, sí; bolivianas, no
A la pobreza extrema y al Mal de Chagas que abundan desde hace décadas en Pampa del Indio, Chaco, se sumó un nuevo desafío: el hallazgo de vinchucas resistentes a los insecticidas habituales. “Algunos de estos focos persistentes los estudiamos a fondo”, indica el biólogo Juan Manuel Gurevitz de esta facultad. Tras una serie de pruebas, cambiaron el insecticida. “En vez de piretroides hubo que usar un órgano fosforado aprobado por la ANMAT para estos casos. La infestación –agrega- fue eliminada”.

Romina Piccinali estudia la variabilidad genética del Triatoma infestans, o vinchuca. “Llegó –recuerda- a nuestro laboratorio una hembra hallada en un centro de salud en Comodoro Rivadavia, Chubut. El personal recordaba que días previos habían ido unos bolivianos y sospechaban que el insecto había sido traído por ellos”. Tras los estudios de rigor, comprobaron que ese ejemplar “no estaba emparentado con variantes bolivianas sino con argentinas de Cuyo o Río Negro”, precisa y señala: “Nos pareció algo interesante cómo desde lo biológico se puede poner a prueba evidencia circunstancial que muchas veces está basada en prejuicios”.

¿Los pobladores viven con preocupación el Chagas? “Más o menos –contesta la bióloga Yael Provecho-. No relacionan a la vinchuca, que es común en su casa, con la enfermedad”.

Fuente: El Cable Nro. 749

Cecilia Draghi