25 años de Servicio
Gestión de residuos tóxicos, evacuación de los pabellones, planes de protección, salud laboral. Las responsabilidades a cargo del Servicio de Higiene y Seguridad de Exactas fueron creciendo durante sus 25 años de historia, que acaban de cumplirse. En esta nota, sus titulares hacen un repaso desde los inicios hasta la actualidad de una iniciativa que se convirtió en referencia más allá de los umbrales de la Facultad.
Hace 25 años era distinto. Los reactivos ya usados se juntaban en un tacho para ser arrojados a las piletas de los laboratorios. Otros tantos productos para desechar podían tener como destino los inodoros de las subcentrales. Este tipo de procedimiento estaba asociado al folklore de los laboratorios de investigación y los de docencia de la Facultad y hasta mediados de los 90 todavía se mantenía vigente. Un rastro de aquellas épocas puede encontrarse en el número inaugural de esta publicación que, hace 26 años, presentaba en su portada la ilustración de un inodoro explotando, como denuncia de la mala praxis que había llevado, justamente, a una explosión en un baño del edificio. Se tiraban descartes químicos en las piletas, los inodoros, cuenta Ana Svarc, actual secretaria de Hábitat de Exactas. ,Todo iba para la cloaca. Y eso, entre otras cosas, terminó estropeando las cañerías, agrega recordando las épocas previas a la existencia del Servicio de Higiene y Seguridad, que depende de su Secretaría.
Isaac Cymerman es el actual director del Servicio. Esos procedimientos de descarte eran uso y costumbre. La normativa a nivel nacional no estaba tan desarrollada y el control era muy laxo. En la industria también se tiraba, explica. La preocupación de algunos integrantes de la comunidad y de las autoridades de Exactas frente a las malas prácticas y a las falencias históricas de la institución, desembocaron en la creación de la Comisión de Hábitat y, pocos meses después, del Servicio de Higiene y Seguridad en el Trabajo, en el año 1990, durante la gestión del decano Eduardo Recondo. La persona que motorizó el tema y quedó a cargo del servicio fue la química e higienista Laura Bollmann. Lo primero que se hizo fue conseguir que retiraran los solventes de la Facultad, previa separación en clorados y no clorados. Se empezó a implementar la instalación de los matafuegos y a resolver cómo debían evacuarse los pabellones en caso de emergencia. Para el caso del Pabellón I, por ejemplo, fue necesario convocar a Defensa Civil, que definió las vías de evacuación, recapitula Svarc. Bollmann era la titular y única integrante del incipiente Servicio, que comenzó a crecer con paulatino apoyo institucional, sumando, por ejemplo, a otro higienista con un cargo full time, el químico Hugo Rueda, que a fines de los 90 sería el titular del Servicio.
Tenemos un plan
La existencia del Servicio y la Comisión ya evidenciaba el rumbo de Exactas para actualizar el paradigma en temática de Higiene y Seguridad. Pero hubo una serie de hechos que generaron una situación de extrema tensión en la vida de la Facultad. Fue en 2003, cuando una serie de denuncias motorizadas por algunos miembros de la comunidad de Exactas cobraron estado público a partir de informes televisivos del programa semanal de Luis Majul, que comenzó a instalar el término La Facultad de la muerte como sinónimo de Exactas. Para responder a las problemáticas que venían atendiéndose desde hacía algunos años y para investigar las denuncias de supuestas muertes y efectos graves sobre la salud a causa del ambiente del Pabellón II, en 2003 se creó una Comisión de Control Ambiental, como organismo temporal, integrada por miembros de la gestión, profesores y el presidente del Centro de Estudiantes. La CoCAm analizó las denuncias, llegando a la conclusión de que los múltiples problemas ambientales tenían como principal origen las prácticas habituales del personal de los laboratorios. El marco estaba dado para avanzar en la reglamentación interna y había pleno apoyo político, lo que era fundamental, indica Cymerman, haciendo referencia a la gestión de Pablo Jacovkis como decano. Además de la investigación acerca de las denuncias, la CoCAm tomó como modelo el plan de seguridad de la Northwestern University, de los Estados Unidos, y desarrolló un documento propio que en 40 días estaba listo para implementarse. En esa reglamentación se sintetizaba la seguridad de cada laboratorio. Por primera vez podíamos advertir cómo se trabajaba en cada uno; eso antes no existía, dice el director del Servicio. Y Ana Svarc agrega: El Plan de Protección fue un punto de inflexión para la seguridad en el trabajo en la Facultad porque planteó un cambio conceptual muy fuerte. La ley nacional de Higiene y Seguridad en el Trabajo está pensada para ser aplicada en empresas –no en instituciones de investigación y docencia como Exactas– por lo tanto, están indicados como responsables de la higiene y la seguridad los dueños o directores de planta, que son quienes asignan tareas al personal a su cargo. En la Facultad, la figura se podría asociar con los directores de Departamento o, incluso, con el decano, pero la propuesta de la CoCAm fue que los responsables fueran cada uno de los investigadores cabeza de grupo, que debían poner su firma en el Plan de Protección. Cada investigador es independiente y responsable para hacer la investigación que quiera y modificarla en el momento que considere, refiere Svarc, ,por lo tanto, resultó muy natural determinar su responsabilidad, que finalmente será compartida con el decano, el director del Departamento y director de Higiene y Seguridad. En lo concreto, el Plan de Protección consiste en un documento mediante el cual cada investigador responsable declara las actividades que se desarrollan en su laboratorio e identifica los riesgos a los que está expuesto el personal bajo su responsabilidad. Va firmado por el responsable y avalado con la firma de todos los integrantes del grupo. Para ser aprobado, el Plan es auditado y evaluado por el Servicio. Su presentación es obligatoria por resolución del Consejo Directivo.
La tradición oral de Exactas cuenta que implementar el Plan de Protección fue una tarea muy dura. La mayor parte de los investigadores no consideraba justo tener que responsabilizarse por los métodos que se implementaban dentro de sus propios grupos y, por lo tanto, de sus posibles consecuencias. También se cuenta que el personal del Servicio de Higiene y Seguridad de aquellos años llegó a ser invitado a retirarse en algunos departamentos docentes y hubo escenas con investigadores a los gritos trepados a los bancos de un aula de seminario. Svarc recuerda aquel ambiente: Se tomó todo muy mal, fue difícil… Hugo Rueda, responsable del Servicio en aquel momento, pasó departamento por departamento para explicar qué era el Plan de Protección y eso llevó a vivencias incomprensibles, reuniones tensas, pero siempre hubo un apoyo muy grande de las autoridades, que encontraron la forma de que los investigadores fueran tomando conciencia y se comprometieran. Ellos son centrales en los planes de protección, los investigadores son quienes pueden identificar los riesgos que implica el trabajo de su equipo.
“ El Plan es un documento que les sirve a los investigadores para reflexionar acerca de su trabajo, cómo lo hago, con qué elementos, qué riesgos implica. Y eso no es menor, señala Cymerman. Hoy podemos considerar que resulta algo cotidiano pero, como siempre se suma gente nueva, no hay que dejar de explicarlo y remarcar su importancia. Y Svarc destaca que .el crecimiento del Servicio tiene especialmente que ver con el empuje y el total compromiso de Jorge Aliaga en el tema de higiene y seguridad, incluso desde antes de ser decano, como Secretario General. Asimismo, la secretaria de Hábitat destacó el trabajo del anterior responsable del Servicio, Ángel Lupinacci, que fue fundamental en la última etapa, que fue la de organización, y también dejó en claro el grado de responsabilidad que le atañe a los directores del Servicio: “Frente a la ley, el director del Servicio tiene responsabilidad penal”.
El extenso mundo de la seguridad
Con su importancia a cuestas, el Plan de Protección fue, de alguna manera, la cabeza de lanza de varias de las políticas implementadas por el Servicio en estos 25 años, como la mejora en las campanas, el desarrollo de nuevos sistemas de extracción de los destiladores, el diseño de sensores y alarmas, las mejoras en la iluminación de emergencia, la construcción de un droguero alejado de los laboratorios y sometido a la normativa, y la implementación de una serie de actividades de formación y actualización destinadas a toda la comunidad de Exactas. Cymerman especifica: Todos los días nos ocupamos de analizar y actualizar la normativa, de seguir de cerca todos los proyecto que están en marcha y, desde hace unos años, estamos en una etapa que, a partir de la colaboración de los investigadores, permitió organizar comités para trabajar temas específicos como la bioseguridad o el uso de láseres. Por su parte, Ana Svarc considera que pese a que existe cierta participación, es difícil conseguir que la gente se sume, participe, desde brigadistas ante emergencias hasta investigadores para que colaboren en el armado de los manuales de seguridad, que involucra a los equipos o procedimientos.
A la hora del balance también pueden ser útiles las comparaciones. Desde 2004, el servicio comenzó a trascender más allá de Ciudad Universitaria. Su know how fue requerido en múltiples oportunidades por instituciones de todo el país. El INTI, el INTA de Pergamino, la Universidad de San Luis, la de Río Cuarto, los institutos del CONICET de Bahía Blanca, entre otros, convocaron al Servicio y sus especialistas para asesoramiento en temas de higiene y seguridad en el trabajo. Yo visité una gran parte de los institutos del CONICET de todo el país y puedo asegurar que nuestro Servicio es un modelo que muchos centros siguen, e incluso toman el Plan de Protección. Eso nos parece positivo, por eso está publicado de manera libre y abierta en la web, indica Cymerman.
Actualmente, el Servicio está formado por un equipo de 14 personas, que incluye higienistas, bromatólogos, técnicos, administrativos y una médica laboral. En 2004 comenzó con menos de 200 planes de protección y hoy maneja 312, que requieren atención constante. Parado en estos 25 años, pero mirando hacia adelante, Cymerman abre más puertas: Así como hoy se está trabajando en láseres y bioseguridad, ya es necesario ir metiéndose en las novedades, como nanomateriales, por ejemplo, porque tenemos varios laboratorios que están trabajando en esa especialidad. Es una obligación de la Facultad frente a la seguridad de los trabajadores y finaliza insistiendo con la contraparte: Y para avanzar al mismo tiempo que las nuevas tecnologías y las nuevas formas de trabajo de los laboratorios, necesitamos el compromiso, principalmente, de los investigadores”.

Facultad de Ciencias Exactas y Naturales - Universidad de Buenos Aires - Argentina