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Entre las actividades culturales que desarrolla la Secretaría de Extensión, Cultura Científica y Bienestar de la Facultad se encuentra el Taller de Tango, libre, gratuito y abierto a la comunidad, que se dicta desde 1994. Cada clase reúne unos cincuenta alumnos, entre principiantes y avanzados.
“Para los académicos, el cuerpo es sólo la forma de llevar la cabeza a las reuniones científicas”, decía el educador británico Ken Robinson en una charla TED, en la que afirmaba que la escuela mata a la creatividad.
Sin embargo, en Exactas, la comunidad de alumnos, docentes y no docentes cuenta con un espacio para permitir que sus cuerpos sean algo más que el sostén de la cabeza, y puedan expresarse a través de un baile social. Es el Taller de Tango, una propuesta gratuita de la Secretaría de Extensión, Cultura Científica y Bienestar de la Facultad, que ya cumple veinte años.
Todo comenzó en 1994, por iniciativa de dos alumnos de biología, que luego convocaron a Patricia Lamberti. A fines de 1998 se incorporó José Garófalo. “Enseñamos el tango salón, con figuras; y el objetivo es que la gente se integre en forma rápida al baile social”, afirma Lamberti.
El público es variado: estudiantes de Exactas y del CBC, docentes, graduados, y también una porción de la comunidad, que se entera por el “boca a boca”, o por recomendaciones de los mismos alumnos. También asisten alumnos extranjeros: estudiantes de posgrado que vienen de Europa, Estados Unidos y también de Latinoamérica. Las clases tienen un promedio de 50 alumnos.
Un alumnado exigente
“Para nosotros, que hemos enseñado en otros ámbitos, este ámbito es fabuloso”, destaca Lamberti, y detalla: “La población de Exactas es muy particular, mucha garra, pasión y obsesión, y también mucho cuestionamiento. Nos ponen a prueba siempre”.
Garófalo subraya la perseverancia: “Hay un núcleo que viene desde hace unos 15 años, y ello permite probar nuevas secuencias, figuras, y diferentes métodos”.
Se enseña en dos niveles: principiantes y avanzados, que hoy se dictan el mismo día, sin solución de continuidad. Quienes están dando los primeros pasos pueden quedarse a la clase del nivel superior y probar sus posibilidades.
Muchos de los alumnos que pasaron por el taller crearon escuelas de tango tanto en el interior del país como en el exterior, donde recalaron por sus actividades. Por ejemplo: Londres (Inglaterra), Bilbao (España), Leipzig (Alemania), así como en los Estados Unidos, Canadá, Francia e Irlanda, entre otros.
En los últimos años, el taller comenzó a hacerse visible en presentaciones dentro de la UBA, como la ofrecida en el Colegio Nacional Buenos Aires en el 2011, en ocasión de los 190 años de la UBA. Asimismo, participa con muestras en el Pabellón II durante la Noche de los Museos.
Al respecto, Garófalo remarca: “Esas actividades generan más vínculo con los alumnos, que por lo general responden al llamado, aunque ya no asistan al taller. Vemos que hay reciprocidad y mucho compromiso”.
A veces las actividades gratuitas no son valoradas. “Aquí hay una valorización importante, y hay que sacarse el sombrero con las autoridades de la Facultad, porque es la única que tiene una oferta de tantos talleres gratuitos”, señala Lamberti.
Lo cierto es que el Taller de Tango ofrece, a quienes transcurren sus días en Ciudad Universitaria, un espacio para despejarse y expresarse, luego de una jornada de trabajo. “No se trata sólo de un pasatiempo, muchas veces no se mide hasta qué punto el trabajo con el cuerpo puede beneficiar a cada uno en su tarea específica”, dice Lamberti.
Una conversación que se baila
En el taller de Exactas, Lamberti y Garófalo, aunque se centran en el tango salón, intentan que sus alumnos conozcan los diferentes estilos. Asimismo presentan las tres variables rítmicas: el tango, la milonga y el vals criollo.
El tango es una de las pocas danzas en que los roles masculino y femenino están muy diferenciados: el hombre guía y la mujer se deja llevar. Pero en el taller se estimula a experimentar el otro rol, a veces por necesidad: hay exceso de mujeres, o de hombres. Pero, también, mejora el aprendizaje del baile.
En esta danza es clave poder entender la marca de quien guía. “El baile permite entender el circuito de la comunicación, pero con el lenguaje corporal. Es como una conversación, en que las palabras y la sintaxis pueden expresar lo que uno quiere decir, pero, si están mal empleadas, crean confusión”, reflexiona Lamberti.
Garófalo acota: “En general, no estamos acostumbrados a expresarnos con el cuerpo. En la escuela no nos enseñan qué hacer con él. El aprendizaje es sentado en una mesa, y todo lo que uno haga fuera de eso parece irrelevante”.
Y prosigue: “El tango implica figuras disociadas, movimientos diferentes para el hombre y la mujer. Además, se traspasa el cuerpo del otro, hay ganchos, sacadas, barridas, el eje de uno interviene en el eje del otro, se invade y se invita. Y hay un contacto corporal. Hay que conocer ese lenguaje, aprenderlo, y hay que aprender a convivir con la otra persona lo que dure una pieza”.
El tango exige paciencia, saber escuchar la música, y escuchar lo que la otra persona nos dice con su cuerpo. “Es un camino que, aunque presente dificultades, vale la pena transitar y experimentar. Nosotros no buscamos resultados, sino disfrutar y experimentar”, concluye Lamberti.
| Día y hora |
| El Taller de Tango se dicta todos los miércoles de 17.00 a 21.00 en la sala de Ping Pong de la SECCB, Planta Baja del Pabellón II. |
Fuente: El Cable Nro. 851

Facultad de Ciencias Exactas y Naturales - Universidad de Buenos Aires - Argentina