Una luz en la oscuridad
La astrónoma Patricia Tissera obtuvo el máximo galardón de la cuarta edición nacional del Premio L´Oréal-Unesco Por la Mujer en la Ciencia, organizado por el Conicet. La investigadora del IAFE, que se dedica estudiar la formación de la estructura en el universo a partir de simulaciones numéricas, recibió 20 mil dólares para aplicar a un proyecto que apunta a entender mejor la materia oscura.
– ¿Cómo tomás este reconocimiento?
– Siempre es un incentivo. Es como un empujón que te ayuda a seguir adelante. También te da una exposición bastante grande que suele repercutir de manera positiva ya que ayuda a que se te puedan abrir otras puertas. Así que esperamos poder capitalizar el esfuerzo.
– ¿En qué consiste el premio?
– Es como un subsidio. En este caso se trata de 20 mil dólares que te entregan para que lleves adelante un proyecto que presentaste previamente.
-¿Cómo es la postulación?
– Es personal. Te piden la presentación de un proyecto; tu currículum, y el de todo el grupo que trabaja con vos; y el plan de trabajo. Todo eso es lo que evalúan. Yo elaboré un plan de trabajo de un año de duración. Entonces tomé un tema en el que ya teníamos algo desarrollado y en el cual necesitábamos un empujón para obtener más frutos. Se trata de un tema en el cual todavía quedan muchas preguntas abiertas y que está muy de moda. Entonces nos pareció interesante darle más relevancia.
– ¿En qué consiste el proyecto en sí?
– Empecemos por lo siguiente. En el universo existen dos tipos de materia, la materia oscura y la materia bariónica. La materia bariónica es la materia que conocemos, de la que están hechas las cosas que vemos, los planetas, las galaxias. La materia oscura, en cambio, no la podemos ver. Sabemos que existe a partir de métodos indirectos que miden sus efectos gravitatorios. La mayor parte de la materia del universo es materia oscura. Por efecto de la gravedad es la que domina el crecimiento de la estructura del universo. A los físicos que estudian la naturaleza de esta materia oscura, les interesa un proceso por el cual la materia oscura podría emitir partículas de alta energía. Entonces estas partículas de alta energía podrían ser observadas con determinados telescopios. Para poder interpretar y poner condicionamientos a los diferentes modelos es necesario, previamente, conocer la distribución de la materia oscura en nuestra galaxia. Pero como no se la puede ver, cómo saberlo. Justamente las simulaciones numéricas pueden brindar esa información. A través de simulaciones podemos medir el perfil de densidad de la materia oscura y bariónica sin problemas. Eso luego es tomado por los observadores para continuar con su trabajo. Nosotros queremos entender como se forma una galaxia, como la Vía Láctea, y como afecta eso la distribución de materia oscura. Con eso contribuimos a entender la naturaleza de la materia oscura.
– ¿Ustedes trabajan en colaboración con algún grupo en particular de astrónomos que toman sus resultados para realizar las observaciones?
– Nuestros resultados, por un lado, se publican en revistas de impacto internacional para que cualquiera que esté en el tema pueda leerlos y utilizarlos. Pero además nosotros trabajamos con el grupo del Instituto de Astronomía Teórica y Experimental (IATE) de Córdoba, que es donde yo estudié. También con gente de La Plata que realiza un trabajo similar. A nivel internacional mantenemos un contacto particular con el Instituto Max Planck de Astrofísica.
– ¿Existen en Argentina equipos lo suficientemente potentes como para correr sus simulaciones sin inconvenientes?
– En el IAFE tenemos un pequeño cluster que es para desarrollo. Además usamos el CECAR de Exactas que es más grande. Y existen otros dos o tres clusters de mayor envergadura que el CECAR, que podríamos llegar a usar, eventualmente. Sin embargo, no pasan de los quinientos o seiscientos cores. Y la verdad es que se necesitaría algo mucho más importante que eso en Argentina. Porque aún para nosotros, cuando queramos investigar la distribución de la materia oscura en la región central de la Vía Láctea, no vamos a poder hacerlo, a menos que utilicemos algún cluster en el exterior. Para ese tipo de trabajos necesitas mucha resolución numérica y mucho tiempo de cómputo. Entonces, si vos tirás cosas cortas podés avanzar. Pero cuando vos tenés que seguir la evolución de un sistema más complejo se hace imposible porque el cluster está corriendo un mes las simulaciones. El proyecto, entonces, se torna imposible o nos vemos obligados a correr las simulaciones en otro lado. Por eso creo que sería muy importante contar con un centro de supercomputación en Argentina. A mí me da la sensación de que hay grupos que están trabajando muy bien, en diferentes áreas, en biología, meteorología, cambio climático, física, química y que están investigando con lo que pueden. Para dar un salto necesitamos de un centro de supercomputación importante y competitivo, que además, nos obligaría a pensar en grandes proyectos y eso nos permitiría alcanzar un impacto más grande en lo que hacemos.
– ¿Qué cantidad de cores debería tener un centro de supercomputación competitivo?
– Y, por lo menos tendríamos que estar hablando de 5 mil a 10 mil cores. Necesitamos subir algunos órdenes de magnitud para tener un impacto importante. Eso sería un incentivo para todos. Tener algo así nos impulsaría a hacer cosas grandes porque si no uno se conforma con hacer lo que puede. Y eso es una forma de autolimitarse. Espero que en esta etapa en la que ha aumentado mucho el presupuesto destinado a la ciencia, el Ministerio se decida a concretar una inversión de este tipo.
Fuente: El Cable Nro. 761

Facultad de Ciencias Exactas y Naturales - Universidad de Buenos Aires - Argentina