Un cambio de perspectiva
Agustín Gravano completó su licenciatura en Computación en la Facultad y luego partió rumbo a la Universidad de Columbia para hacer su doctorado. Tras permanecer durante seis años en Estados Unidos decidió volver a la Argentina y a Exactas. En esta entrevista, cuenta su experiencia y la manera en que se modificó su visión del país, desde su amarga partida hasta su entusiasmado retorno.
– ¿Cómo empezó tu formación?
– Empecé el CBC en el 95 y la licenciatura en el 96. Hice toda la carrera de un tirón y me recibí en el 2001. Tenía ganas de hacer un doctorado. Cómo acá no encontré gente que trabajara en las áreas que a mí me interesaban empecé a mirar afuera y me decidí por ir a Estados Unidos. Terminé aplicando a diversas universidades y finalmente en 2003 obtuve una beca en el Departamento de Computación de la Universidad de Columbia, en Nueva York.
– ¿Te fuiste pensando en volver o no
– Yo me fui cuando acá todo se venía abajo. Me fui muy amargado, con una percepción muy negativa. Pensaba que acá la cosa no iba más. Como le pasaba a mucha gente. Imaginaba muy probable quedarme en Estados Unidos.
– ¿Cómo fue tu adaptación a nivel humano?
– Nueva York es una ciudad extremadamente abierta. Te hacen sentir como en tu casa en cualquier ámbito. Es tan rica, tan diversa, que no hay manera de no encajar. Y yo le saqué mucho provecho a la parte cultural y social.
– En cuanto al trabajo y al estudio, ¿qué similitudes y diferencias te llamaron la atención?
– Uno se va al exterior con el preconcepto de que como es el primer mundo todo funciona a las mil maravillas. Pero no es tan así. Tuve muchos problemas muy parecidos a los que se viven acá. Que el gas, que el teléfono, que hacen lo que se les canta. Esas cosas fueron cotidianas durante los seis años. Después, respecto del estudio, yo nunca fui full time acá, siempre tuve cosas por afuera. Allá era “olvidate del mundo y dedicate a estudiar”. Siempre estábamos a mil y lo disfrutaba mucho. No vi diferencias grandes. Sí en cuanto el financiamiento, los números que manejan son enormes.
– La base de conocimientos que te dio la licenciatura, ¿te sirvió?
– A nuestra licenciatura allá la consideraban un bachelor y no es eso ni a palos. Tiene claramente un nivel de master. Cuando yo entré tuve que hacer un montón de materias. Era cuestión de sentarme, repasar un poquito lo que había estudiado acá y aprobarlas. El nivel que llevábamos era claramente superior al esperado para entrar a un doctorado.
– ¿En qué momento empezaste a definir que tenías ganas de volver?
– Empezamos a pensarlo allá por el 2005. Yo estaba de novio con una investigadora argentina que estaba haciendo un posdoc y a los dos nos pasó lo mismo. Nos fuimos dando cuenta de que queríamos volver, que las cosas de las que nos quejábamos estando acá estaban muy fuera de perspectiva.
– Es que vos te fuiste en un momento particularmente malo.
– Sí, pero la percepción que hay hoy en día, que yo noto en mi familia, mis amigos, es que siguen con la misma mentalidad. Eso es algo que me sorprende mucho. Siguen como si estuviéramos en medio de un golpe de Estado, de una crisis terrible, y ya no es así. Me parece que estamos mejor que en muchísimos lugares del mundo y que, por algún motivo, nuestra sociedad no lo ve. Me duele mucho. Y no lo noto sólo yo. Con un grupo de amigos que estábamos en Columbia y la gran mayoría volvió, todos coincidimos en esto.
– ¿Cómo hiciste para instrumentar tu vuelta?
– Como éramos varios argentinos, cada uno empezó a tantear con sus conocidos de acá. Sin ir más lejos, almorzamos con Barañao allá y nos contó que empezaba a haber varios mecanismos para volver. Yo en 2007 vine para la Facultad e Irene Loiseau me inscribió en el programa PIDRI. Eso fue algo muy importante, porque le puso una fecha a la vuelta, no podía ser más allá del 2009. Si no fuera por eso yo creo que todavía estaríamos dando vueltas. Porque es muy tentador, vos decís, me quedo dos años más, sigo ahorrando, vuelvo, y me compro un departamento. Obviamente todo eso mezclado con la parte personal: somos una pareja, estamos bien, queremos tener una familia. También el hecho de tener a todos tus seres queridos acá, era un imán muy importante.
– Además del PIDRI, ¿aplicaste a la carrera de Conicet?
– Presenté todas las aplicaciones que podía presentar desde allá: beca de reinserción, Conicet, concursos de profesores de la Facultad y PIDRI. Actualmente soy investigador del Conicet y JTP en el Departamento de Computación.
– ¿Cómo fue tu regreso a la Facultad?
– Buenísimo. Yo me reincorporé en julio de 2009. La verdad es que en el área que trabajo, que es procesamiento del habla, no me hace falta demasiado equipamiento. Sí computadoras y grabadores que ya tengo presupuestados en un UBACyT que me acaba de salir. Mientras tanto en el Departamento me prestaron los equipos para empezar a trabajar. En la Facultad veo a un montón de gente con ganas de hacer cosas. Por eso me metí en la gestión del Departamento. Soy secretario académico adjunto. Me gustó mucho la idea de, además de volver con un proyecto personal, venir a empujar un proyecto para la Facultad.
– ¿Cómo ves la situación actual de la ciencia en el país?
– Está clarísimo que de diez años a esta parte creció un montón. Con el Ministerio se la puso en el centro de la escena. Es mencionada permanentemente como parte central del desarrollo del país. Eso es un empujón inédito. Tengo la esperanza de que pueda mantener ese lugar durante mucho tiempo.
Fuente: El Cable Nro. 756

Facultad de Ciencias Exactas y Naturales - Universidad de Buenos Aires - Argentina