La misma ciencia
Sebastián Minoli es biólogo. Luego de doctorarse en la Facultad viajó a Francia con su mujer, donde permanecieron durante cinco años. A pocos meses de su vuelta, cuenta las razones de su partida, evalúa su experiencia en Europa y describe cómo le fue en su retorno al sistema científico argentino.
– ¿Cuándo empezaste tu carrera?
– Hice el CBC en el 92 y empecé la carrera de Biología en el 93. Yo siempre supe que una vez terminada mi licenciatura quería hacer una experiencia en el exterior. Aunque nunca pensé en irme para siempre. Sin embargo, cuando terminé la carrera en el 99, en el Laboratorio de Fisiología de Insectos había un subsidio de la OMS que podía tener en cuenta una tesis doctoral. Así que me enganché y trabajé sobre el comportamiento de vinchucas dirigido por Claudio Lázzari. Terminé el doctorado en 2004 y dije: “ahora sí es el momento, me voy”.
– ¿Tenías alguna idea acerca de dónde ir?
– Buscamos en todos lados y terminamos en Francia porque conseguimos ahí. En realidad, en el 2001, Claudio Lázzari que era mi director de tesis, decidió irse a Francia. Entonces, él facilitó mi llegada. Yo empecé en el lugar adonde estaba él, el IRBI (Instituto de Investigación sobre la Biología de Insectos). Es en la ciudad de Tours, en el centro de Francia. Una zona hermosa, llena de castillos. Ahí estuvimos dos años y nos adaptamos muy bien. Está la idea de que los franceses son medio fríos pero nosotros no lo sentimos así. Pegamos enseguida onda con la gente. Hicimos amigos, salíamos los fines de semana. Ni mi mujer ni yo hablábamos francés pero si uno habla español en un año aprendés lo suficiente para comunicarte. Y en el ambiente de la investigación utilizábamos el inglés.
– ¿Cuánto tiempo te quedaste en Tours?
– Dos años, hasta el final de la beca. Cuando todavía no tenés un lugar fijo como investigador te tenés que manejar con becas que duran entre uno y tres años. Eso significa que conseguís una beca, empezás, estás súper contento, pero cuando te das cuenta tenés que ponerte a pensar qué hacés de acá a seis meses. Empezamos a buscar de nuevo y conseguimos entrar a un instituto en Versalles, muy cerca de París, que se llama INRA y es como el INTA en Argentina. Ahí trabajamos con el comportamiento de unas mariposas que son plaga para el algodón.
– ¿Cómo es hacer ciencia en Francia?
– Yo vi que la forma de trabajar es la misma. Sobre todo en temas como el mío donde no se necesita tanta plata. Ahora, en temas de biología molecular o electrofisiología, para los cuales necesitas lo último en equipamiento o reactivos carísimos, ahí consiguen resultados más rápido porque tienen muchos más recursos. Y en cuanto al nivel de la gente es similar al de acá. Mi experiencia pasó también por darme cuenta de que acá, a nivel académico y profesional, estamos súper bien formados. No noté diferencias. Para mí, lo que es muy importante para la formación es pasar por muchos laboratorios. Eso es clave porque se gana mucha experiencia. Por eso yo no creo que en Francia haya aprendido mucho más que si hubiera hecho un paso por otros laboratorios de Rosario o La Plata. Después, mi experiencia de vivir cinco años allá fue única.
– ¿En algún momento dudaron de la idea de volver?
– La idea siempre fue volver. Pero, llegado el momento, la verdad es que es muy difícil tomar la decisión. Porque allá podríamos haber seguido trabajando tranquilamente. Además habíamos hecho buenos amigos. Lo que pasa es que nosotros ya teníamos ganas de empezar a instalarnos, buscar un puesto fijo y empezar a buscar hijos. Y en la decisión final tuvo mucho que ver la mejor situación que tiene hoy el Conicet. Para mí, el sistema científico está mejor. O sea, estando allá nos ofrecieron muchos beneficios para volver y creo que eso fue lo que nos dio el último empujoncito.
– ¿Cómo fuiste organizando el regreso?
– Yo sabía que lo primero que tenía que hacer era presentarme a carrera de Conicet. En ese sentido existe una convocatoria permanente para los investigadores que están en el exterior. Después me comentaron de unos subsidios de la Agencia para reinsertarse, que se llaman PIDRI. Y bueno, a los dos nos salió el ingresó a carrera y a los dos nos incluyeron en el PIDRI. Y acá estamos. En realidad mi deseo era volver a este laboratorio. Un poco porque lo que más me gusta es trabajar en el comportamiento de insectos y en especial de vinchucas. Y además, porque siento que este laboratorio me dio un montón porque, más allá de la carrera, uno aprende a trabajar trabajando. Entonces pensé un proyecto nuevo con vinchucas y una vez que uno tiene el aval del director del laboratorio, se manda todo eso a Conicet, que lo evalúa y lo aprueba. O sea el lugar de trabajo lo elige uno pero lo tiene que aceptar Conicet.
– A veces los trámites en Conicet retrasan mucho el pago del primer salario ¿A vos cómo te fue?
– Mirá yo empecé a trabajar acá en octubre de 2009 y el Conicet recién me pagó el mes pasado. Pero conseguí una beca de reinserción de la Agencia que me pagó un sueldo durante todo ese período. O sea, por un lado se ve que la burocracia sigue siendo difícil pero también tenés alternativas. Y en cuanto al tramiterío hay un montón, pero es como en todos lados. En Francia también había miles de papeles que presentar.
– ¿Contento con el regreso?
– Sí, estoy contento de estar acá de nuevo. Muchos me preguntan: ¿Te adaptaste de nuevo a la Argentina? Yo no necesito adaptarme, yo ya sé como es acá. En todo caso necesité adaptarme cuando llegué allá. Ahora volví a lo de siempre.
Fuente: El Cable Nro. 750

Facultad de Ciencias Exactas y Naturales - Universidad de Buenos Aires - Argentina