Una cuestión de imagen

Entre el lunes y el miércoles pasado más de un centenar de estudiantes secundarios visitaron Exactas e ingresaron en los laboratorios de distintos grupos para observar las tareas que desarrollan los investigadores y su ambiente de trabajo. El objetivo es que conozcan más sobre las carreras de la Facultad y ayudar a desmitificar el estereotipo dominante que existe sobre los científicos y la ciencia.

7 de octubre de 2009

“En realidad lo habíamos hecho antes, por primera y única vez, en 2007. La idea original era del Centro Redes y nosotros nos sumamos. Pero, a partir de esa idea general, nosotros la adaptamos, generamos un programa propio y lo rebautizamos Estudiando a los científicos en vivo. Con este nuevo título y formato es la primera vez que se hace”, explica Claudia Zelzman, titular de la Dirección de Orientación Vocacional (DOV) de la SEGB.

La actividad, si bien tiene algunos puntos de contacto con otros programas de la DOV que hacen de la orientación vocacional su objetivo principal, cuenta en este caso con propósitos diferentes, como conocer el ámbito laboral de la ciencia, reflexionar junto con los investigadores sobre el significado y la forma en que se hace ciencia y entrar en contacto con la cultura universitaria. “Yo diría que el programa apunta a la reforzar la conciencia ciudadana de la ciencia como parte de la cultura. Así como los chicos pueden ir a un museo de arte o a escuchar una ópera sin estar particularmente interesados, me parece súper interesante que puedan venir a visitar la Facultad y más aún para meterse detrás de bambalinas a ver cómo se hacen la cosas”, define Valeria Francisco, integrante de la DOV.

El programa se desarrolló a lo largo de tres días, entre el lunes 28 y el miércoles 30 de septiembre, de 8.30 a 12.30. Participaron alrededor de 120 chicos provenientes de cuatro divisiones de cuarto año de los colegios secundarios Normal 4 y Normal 5, correspondientes a la orientación biológica y a la físico-matemática.

Día 1

En la primera jornada los chicos fueron recibidos y conducidos al aula 10, en el subsuelo del Pabellón II, para que Agustín Adúriz-Bravo, integrante del Centro de Formación e Investigación en Enseñanza de las Ciencias (CEFIEC), llevara a cabo un taller introductorio.

“Como ésta era para los chicos una actividad obligatoria, al principio era importante ver con qué expectativa llegaban. Porque, tal vez, había chicos que no sabían bien para qué venían o adónde estaban. Por eso en los primeros veinte o treinta minutos intenté dejar claro que estaban acá para clarificar opciones de vida y vocacionales”, explica Adúriz-Bravo.

A lo largo de la charla Adúriz-Bravo, también expuso sobre las implicancias sociales de la ciencia: “por qué estamos acá, a quiénes nos debemos, quién nos paga”. Sitúa a la ciencia como una actividad profundamente humana, con todas las implicancias que eso conlleva. Y luego, trabajó sobre los estereotipos con que vienen los chicos, producidos por los medios masivos de comunicación. Para eso les propuso a los estudiantes que dibujen a un científico en su ambiente de trabajo. Los resultados no se diferenciaron de los que se obtienen en prácticamente todos los grupos en los cuales se plantea una actividad similar: “el científico” es un varón blanco de mediana edad, con guardapolvo blanco, anteojos, calvo o despeinado, que vive alejado del mundo terrenal.

Posteriormente se les preguntó a los chicos si conocían nombres de científicos, varones y mujeres, vivos o muertos, argentinos y de otras nacionalidades. “Para varón, extranjero y muerto tienen muchos nombres. Pero no pueden mencionar a ninguna mujer, salvo Marie Curie, ningún argentino y muy pocos científicos vivos”, detalla Adúriz-Bravo.

Ya sobre el final del encuentro se les propuso a los estudiantes que, durante la visita a los laboratorios que harían al día siguiente, se convirtieran en sociólogos de las ciencias, en investigadores de los investigadores. Para ayudarlos en esa tarea se les indicó una serie de pautas que tenían que tener en cuenta a lo largo de la recorrida.

Día 2

Durante la segunda jornada los alumnos fueron divididos en grupos más pequeños, de alrededor de veinte estudiantes, para recorrer los laboratorios de las distintas disciplinas de la Facultad, que fueron divididas en cinco ejes: biología, química, computación, física-matemática y ciencias de la Tierra y la atmósfera. Cada grupo visitó uno de los ejes, de la mano de uno o dos investigadores del área, que hicieron las veces de coordinadores de la actividad.

En química, las encargadas de esa tarea fueron Guadalupe García Liñares y Eleonora Elhalem. Todo empezó con una charla en la que les explicaron en qué consistía la Licenciatura en Ciencias Química, el tipo de trabajo que hacía un investigador y la salida laboral que tenía la carrera, entre otras cosas. Los chicos arrancaron un poco apáticos y desganados. “Y sí, la charla fue medio un bajón. Es que estar escuchando hablar a dos personas durante cuarenta minutos, a las 9 de la mañana, es difícil. Se dormían un poco”, cuenta con gracia Elhalem.

Sin embargo, la curiosidad y el interés se fueron despertando con la recorrida por el departamento, en especial cuando vieron el laboratorio de práctico. “Es un laboratorio normal, pero había unos treinta alumnos con guardapolvos, trabajando con equipos, pipetas, botellas, haciendo experimentos. Eso les llamó mucho la atención. Algunos decían que parecía de película”, se divierte García Liñares.

Después, durante la visita a los grupos de investigación -relatan- se engancharon mucho con los doctorandos que les iban explicando lo que allí se hacía y contestaban todas sus preguntas. Finalmente los llevaron a un laboratorio y les mostraron algunas experiencias sencillas de cromatografía. “Mientras hacíamos los experimentos los veinte estaban alrededor de nosotros, super entusiasmados. Todos querían ver de qué se trataba. Y cuando les preguntamos quién quería hacerlo, saltaron en seguida: `¡yo quiero, yo quiero!´”, describe Elhalem.

En el eje de física los estudiantes realizaron un camino similar. Hubo charlas, videos, visitas a distintos grupos y muchas preguntas. Guillermo Mattei, que fue el coordinador de la jornada, destaca que les interesó mucho lo que les mostró un doctorando que dibujó en un pizarrón un diagrama para detallar cómo se desarrollan sus actividades diarias a lo largo de una semana. “El lunes hago esto, el martes lo otro. Participo de reuniones de grupo, porque los físicos necesitamos discutir los resultados con otras personas. Doy clases en un bachillerato popular a partir de las 6 de la tarde. Fue muy ilustrativo porque daba cuenta muy bien de la dimensión humana del científico. Al final los pibes lo aplaudieron. Creo que se logró romper la distancia y los prejuicios con que pudieron llegar hacia los físicos”.

Día 3

La idea de la tercera jornada era que los chicos tuvieran una nueva reunión con Adúriz-Bravo, con el objetivo de recuperar todo lo que habían vivido y observado el día anterior y contraponer esas vivencias con las ideas e imágenes con las habían llegado.La idea de la tercera jornada era que los chicos tuvieran una nueva reunión con Adúriz-Bravo, con el objetivo de recuperar todo lo que habían vivido y observado el día anterior y contraponer esas vivencias con las ideas e imágenes con las habían llegado.

“Hablamos bastante de cómo se construye este científico estereotípico y que si en realidad describiéramos al científico promedio tendría que ser una mujer, adulta joven y que trabajaría sin delantal. Ellos respondieron que eso dependía mucho del eje en el cual habían estado. De esta manera demostraron que reconocieron que en el ámbito científico hay variedad de escenarios, de personajes y de acciones”, expresa Adúriz-Bravo.

En ese sentido -según relata el profesor- los adolescentes pudieron detallar los diferentes lugares posibles del trabajo científico como el despacho, la biblioteca, el laboratorio, la sala de reuniones, etc. También reconocieron las jerarquías presentes en los grupos y de los nombres de ese escalafón como director, tesistas, doctorandos, becarios y otros. Y hasta describieron que, al contrario de lo que habían dibujado el lunes, por razones de seguridad muchas veces las bibliotecas tenían que estar fuera del laboratorio.

Finalmente, algo que destacaron mucho los chicos fue el fervor, la vocación y hasta la emoción con la que hablaban de lo que hacían los jóvenes becarios que los recibían para mostrarles los laboratorios. Y también consideraron a los presentadores de eje como personas con gran convicción por lo que hacen. “Creo que eso les llegó. Describían a gente que, independientemente de los sueldos y de las dificultades del trabajo, estaba muy convencida de lo que hacía y tenía mucha polenta. Incluso algunos chicos hablaron de gente que no se había arrepentido de la elección de vida. Eso les llamó mucho la atención”, recuerda Adúriz-Bravo.

Conclusiones

Las organizadoras se mostraron muy satisfechas con los resultados que tuvo el programa y con la experiencia que se llevaron los estudiantes. “Yo creo que es muy positivo que cada chico cuente en su casa la experiencia de haber venido durante tres días a la Facultad, de haber estado con investigadores y que cuenten cómo vieron a los científicos en su lugar de trabajo. Porque es muy común que un chico tenga contacto con un médico o un abogado pero con un científico no es nada fácil. Ya de por sí eso solo sería un objetivo cumplido”, sostiene Zelzman.

Además de los beneficios que genera para los chicos la actividad también produce un impacto positivo adicional para la propia Facultad. “Para organizar este programa hemos tenido que hacer reuniones con muchos docentes. Por ejemplo con los coordinadores de cada eje, para intercambiar ideas, establecer pautas para trabajar y a partir de eso muchos se conocieron, conocieron a Agustín, nos conocieron a nosotras. Es decir que a partir del programa se estableció una relación entre docentes y un trabajo interdisciplinario que particularmente me sorprende que en la Facultad no se dé más. A mí eso me parece super interesante”, asegura Valeria Francisco.

Es palabra de chicos
A continuación, una serie de frases textuales que dejaron por escrito los estudiantes una vez finalizada la actividad.

– “No son los típicos científicos que uno está acostumbrado a imaginarse. Son personas normales que trabajan como cualquiera”.

– “Nos mostraron su vida, su trabajo. Me hicieron imaginarme a mí misma siendo como ellos”.

– “Pensaba que eran re antisociales, que no salían del laboratorio y que no tenían tiempo de formar una familia”.

– “Creía que ser científico era algo muy difícil de realizar. Ahora lo veo como algo más accesible”.

– “Yo creía que estaban todos locos”.

– “Pensaba que sólo trabajaban en los laboratorios haciendo experimentos. Ahora sé que también investigan algunos temas interesantes”.

Fuente: El Cable 729

Gabriel Rocca