Un pie en cada acelerador

Gustavo Otero y Garzón es licenciado en Física de Exactas. En 2001 viajó para doctorarse en la Universidad de Illinois, en Chicago. Allí se dedicó a la física experimental de partículas. En 2008 volvió al país. En esta entrevista con el Cable cuenta sus experiencias y afirma que está trabajando en Exactas al mismo nivel que lo hacía en el exterior.

9 de junio de 2009

– ¿Cómo fue tu formación?

– Yo empecé a principios del 90 la licenciatura en Física. En algún momento cambié y me metí a estudiar psicología, entonces dejé por tres años. Después tuve que trabajar full time y volví en el 97 para terminar la carrera en el 2001. Según mi experiencia, la carrera de Física es muy demandante. Trabajar y estudiar es medio incompatible, salvo que el trabajo esté vinculado a la docencia en física o en matemática.

– Una vez recibido ¿pensaste en hacer el doctorado en el exterior?

– Lo primero que intenté fue ver qué posibilidades había de hacer mi doctorado con Ricardo Piegaia. Él me dijo que en ese momento no podía aceptarme, pero fue el rechazo más afortunado de mi vida porque me puso en contacto con una ex alumna, Cecilia Gerber, que era profesora en la Universidad de Illinois y que finalmente fue la directora de mi tesis. Me fui en agosto de 2001. Tuve que presentar cartas de referencia y aprobar dos exámenes: uno de idioma y otro específico sobre el tema al que me iba a dedicar. Yo creo que un alumno promedio de Física y, me atrevo a decir de Exactas, que termina una licenciatura tiene un 95 por ciento de chances de ingresar a cualquier universidad norteamericana. El nivel de conocimiento y de entrenamiento que tiene un licenciado acá es muy superior al de un bachelor.

– ¿Te costó la adaptación a tu nueva vida?

– Estuve ocho meses solo. Fue todo un desafío. Pero en Chicago la gente es muy agradable y en el ámbito académico son muy abiertos. Además, donde yo entré, 13 de los 15 alumnos de doctorado eran extranjeros. Había chinos, indios, indonesios, rumanos, un colombiano. Eso es muy bueno porque no hay una idiosincrasia dominante y eso te ayuda a ser más comprensivo y tolerante con un montón de cosas.

– ¿Y en cuanto a lo académico?

– La experiencia fue muy buena. De entrada Cecilia me puso a trabajar en física experimental de partículas, en un experimento en Fermilab que se llama DZero. Ese era el mejor lugar del mundo para hacer física experimental de partículas. Como la formación de Exactas tiene un sesgo más teórico, yo pensé que iba a tener que agarrar un papel y aplicar el método hipotético deductivo hasta llegar a una conclusión, pero no fue así. Tuve que aprender mucho de computación, de hardware y además de las cosas inherentes a ese campo en particular. Y eso fue un mundo nuevo, que a mí en particular me gustó mucho.

– Al acercarse el final de tu doctorado ¿tenías decidido volver?

– Yo terminé mi doctorado a principios de 2006. Y conseguí un posdoc en Fermilab. Pero tanto mi mujer como yo habíamos llegado a un punto en el que teníamos que buscar un cargo permanente. Teníamos buenas chances de conseguirlo pero había que ponerle mucha energía. Te puede llevar un año de entrevistas, charlas, porque hay mucha competencia. Entonces si hacíamos el esfuerzo era para quedarnos definitivamente. El momento de volver era el año pasado o nunca, y los dos estábamos más con la idea de volver.

– ¿Cómo planificaste tu regreso?

– Bueno, en principio me volví a comunicar con Ricardo Piegaia y le pregunté si no estaba interesado en que trabajara con él. Me dijo que si venía era para trabajar en el Atlas. A mí me interesó mucho porque el futuro está en el LHC. Entonces, yo sigo trabajando en Dzero, el experimento de Fermilab y, además, hace poco me fui dos meses a Suiza a trabajar en el LHC. Es decir que trabajo en proyectos con los dos aceleradores de partículas más importantes del mundo.

– ¿Te postulaste para ingresar a la carrera del Conicet?

– Las cosas en el Conicet ahora son muy favorables. Tanto mi esposa como yo conseguimos entrar a carrera. Por otro lado la Facultad me incluyó en una solicitud de PIDRIS, que son subsidios para repatriarte, que entrega la Agencia. Así que yo llegué acá y después de algunos trámites me depositaron la plata en el banco. Eso ayuda mucho. Por otro lado, nosotros pagamos una suma bastante grande para traer un container con las cosas de ocho años de vida allá. La semana pasada el Conicet nos devolvió ese dinero como gastos de reinserción. En ese sentido, en comparación con lo que era hace diez años es impensado. Volver del exterior bancado por el Conicet y la Agencia es una cosa increíble para mí.

– ¿Y en la Facultad tuviste problemas para encontrar un lugar?

– No fue nada fácil. En el Departamento de Física es muy difícil conseguir lugar de trabajo. Y para que el Conicet te tome vos tenés que tener un lugar físico de trabajo y una institución que te respalde. El Departamento de Física hace eso sólo con dos personas al año. Afortunadamente con el apoyo de Ricardo lo logré. Desde mi punto de vista, lo más difícil para volver es conseguir un lugar de trabajo; si lo lográs, entrar al Conicet es algo casi trivial.

– ¿Contento con el regreso?

– Estoy feliz. Profesionalmente trabajo al mismo nivel que lo hacia allá. Nosotros necesitamos básicamente fondos para viajar y una muy buena computadora y eso lo tengo. Lo único por lo cual podría quejarme es que allá tenía 50 mil dólares por año para viajar y acá tengo 4 mil, pero me alcanza. Nuestra vuelta fue muy positiva.

Fuente: El Cable Nro. 719

Gabriel Rocca