Ciencia que se mueve
Con un equipo de 36 estudiantes-divulgadores de distintas disciplinas, la Facultad desembarcó durante una semana en la Feria del Libro de Buenos Aires para brindar una serie de experimentos demostrativos pensados para despertar interés por la ciencia y promover las carreras.
Una década atrás, la Feria Internacional del Libro de Buenos Aires estaba completamente organizada a partir de actividades relacionadas con las promociones editoriales de la literatura consagrada y de las humanidades en su más amplio espectro. Hoy, cada día más multitudinaria, la Feria no abandona su eje más fuerte, la instalación de libros “de diseño”, pensados para hacer caja; pero, dentro de las opciones con mercado masivo, fue creciendo (quizás para instalarse) la divulgación científica en todos sus grados de dureza: por eso hoy es posible que exista en la Feria un lugar destacado, por ejemplo, para el matemático y periodista Adrián Paenza, que cotiza en público tan bien como pudo hacerlo Mario Benedetti en 1995.
En el mismo tren, hace cinco años la Feria le hizo lugar al “Espacio Joven”, un sector coordinado por la Fundación Solydeus, donde comenzaron a concentrarse varias actividades pensadas para chicos de entre 12 y 18 años. Y sigue. Quien ingresara la semana pasada al Pabellón Amarillo de La Rural por la entrada de la calle Cerviño, se habría encontrado con un “espectáculo” poco común: una tropa de estudiantes de la Facultad ocupó durante seis días el Espacio con actividades demostrativas pensadas para interesar a los chicos en la ciencia, la reflexión científica y, por interpósita persona, en las carreras de la Facultad. El equipo que participó de la actividad estuvo integrado por 11 estudiantes rentados para ejercer la divulgación pertenecientes al Área de Popularización del Conocimiento y Articulación con la Escuela Media, 14 del Departamento de Física y 11 voluntarios del Taller de Experimentación de Fluidos Tallex. En total, 36 estudiantes de Exactas coordinados por el físico Guillermo Mattei.
A través del Área de Popularización de la Secretaría de Extensión, Graduados y Bienestar, Exactas intervino dentro del Espacio Joven durante toda la semana pasada. “Ocupamos una sala bastante grande. Sacamos todas la butacas y pusimos unos pequeños escritorios donde se instalaron las actividades”, explica Mattei, de la SEGB. “Fuimos alternando los distintos experimentos demostrativos de acuerdo a qué divulgadores estuvieran presentes”, aclara. De los 36 estudiantes, la presencia permanente fue de unos diez, cubriendo así todas las disciplinas de la Facultad durante la casi totalidad del horario de la Feria, de las tres de la tarde a las ocho.
Las propuestas que ofreció Exactas son las mismas que los divulgadores presentan durante las Semanas de las Ciencias en la Facultad y, además, hubo un par de estrenos para la Feria. “Nuestra propuesta no es hacer algo de estilo circense y visualmente deslumbrante, más bien todo lo contrario: que los asistentes no sean solamente espectadores -indica Mattei-. Lo que pretendemos es invitar a la gente a que además de lo visual siga una línea de razonamiento y, de hecho, eso pasa y, además, se plantea un ida y vuelta. La gente pregunta mucho”. En este caso, la gente de la que habla Mattei estuvo sectorizada de acuerdo con las bandas horarias: hasta las cinco de la tarde, los divulgadores se ocupaban de los chicos de primario y secundario que inundaban la Feria en visitas organizadas por los colegios, y más tarde se ocupaban del público en general. “Notamos que los chicos solo toleraban estar un rato viendo tapas de libros, pero después se aburrían y cuando descubrían que podían participar de actividades como las nuestras se enganchaban muchísimo”, agrega el coordinador de las actividades.
La experiencia sensible
Algunos de los experimentos que llevó Exactas a la Feria permiten la interacción personalizada con el público y otros son más de “platea”, porque remiten a procesos de resultados no inmediatos y es complicado repetirlos a cada rato. En total, tuvieron lugar veinte propuestas distintas. Ejemplos de las de platea es la exitosa caída libre de una pluma y una tuerca en vacío (adivinaron, ambas tardan lo mismo en llegar al suelo) o la recreación precisa de una erupción volcánica. Como dice Mattei, es el tipo de experiencias que, en el fragor del pulular de gente dentro de la sala, permite “anunciarlas con un chiflido”. Entonces, todos hacen silencio, se sientan en el piso y arranca la actividad”.
Uno de los experimentos novedosos es el desarrollado y presentado en público por el estudiante de química y parte del equipo de divulgadores Gabriel Salierno. “Las experiencias en química que se venían haciendo eran lindas porque se veían colores o una explosión, y si bien podían ser interesantes desde lo visual, cuando tenías que explicar lo que pasaba había que meterse con un montón de configuraciones teóricas que no resultaban tan atractivas como el primer efecto”, explica Salierno, a quien se le ocurrió algo no tan visual pero igualmente atractivo, con un montón de historia encima y que seguramente podrá verse en la próxima Semana de la Química, en Exactas. “Es el experimento que marcó la diferencia entre la química y la alquimia, el mismo que hizo Lavoisier para demostrar el principio de conservación de la masa”. Es tan sencillo como impresionante: se toma una vela, se enciende, se atrapa el gas liberado por la combustión, se pesa todo antes, todo después y se comprueba que nada se perdió. “Mientras demuestro que el fuego no es un espíritu sino que también es materia, empiezo a hablar de la historia del experimento, de Lavoisier o doy pie para otro experimento”, relata. Y Mattei agrega que la intervención de Gabriel y del resto de los estudiantes “genera entusiasmo en el público” y que, además, “aporta un montón de conceptos que despiertan interés y que la gente termina asimilándolos de alguna manera”.
El que también se muestra entusiasmado es el propio Mattei. “El fin de semana presentamos una cámara de niebla donde se pudo distinguir perfectamente la traza de partículas subatómicas -muones estratosféricos- y la gente quedó fascinada”. Según el testimonio del coordinador de las actividades, “el éxito de las propuestas no se ve solamente en la devolución que pueda obtenerse del público respecto de las experiencias en sí: cada tanto, algún pibe empieza a preguntar por las carreras de la Facultad”. Ahí surge una de las principales virtudes del Programa Divulgadores: los estudiantes que participan de las actividades de difusión tienen, como se dice en ámbitos más informales, la camiseta puesta y, en palabras de Mattei, “están muy atentos para detectar, entre todos los chicos que asisten, por ejemplo, a la Feria o a las Semanas, a los que tienen una orientación más marcada que el resto frente a alguna de las carreras de Exactas”. Y en ese caso intervienen como “consejeros”, les pasan material informativo sobre la Facultad y canalizan sus dudas académicas.
Reflexionando acerca de lo vivido, Gabriel se permite proyectar su deseo al más allá (de Exactas): “Esto que hacemos nosotros habría que hacerlo en todos los colegios del país; es la sensación que me dejó esta actividad viendo la respuesta de los chicos. Con cuatro experimentos recontra simples se puede enganchar a los chicos con la química, con la física: buscando la manera, es posible generar interés en la ciencia”.
Durante siete días, pasaron por las experiencias de Exactas cientos de personas. Claro, la Feria Internacional del Libro convoca multitudes y “por eso es propicio para la Facultad estar ahí”, dice Mattei. “Además de pensar que no hay muchas oportunidades donde encontrarse con tantos chicos del secundario juntos, lo que me parece destacable y conmovedor es que podamos contar con 36 estudiantes de la Facultad predispuestos a divulgar ciencia, a popularizar el conocimiento, a difundir las carreras y a la institución con experimentos atractivos como excusa”, concluye.
Fuente: El Cable Nro. 716

Facultad de Ciencias Exactas y Naturales - Universidad de Buenos Aires - Argentina