Lo primero es la familia
José Estévez es biólogo de la Universidad de La Plata. Luego de doctorarse en Exactas viajó para hacer su posdoc a Estados Unidos, donde permaneció cuatro años, primero en Standford y luego en Berkeley. En esta charla con el Cable describe su experiencia, detalla las razones de su vuelta y da su visión sobre el estado de la ciencia en nuestro país.
– ¿Cómo comenzó tu formación?
– Arranqué en el 92 en la Universidad Nacional de La Plata. Me licencié en el 97 como biólogo con orientación botánica, en el Museo de La Plata y después, en el 98, vine a Exactas para hacer el doctorado en el Departamento de Química Orgánica. En ese momento obtuve una beca del Conicet, por cuatro años, que finalmente se extendió un año más. Una vez que me doctoré sentí que era el momento para dar un salto y hacer una experiencia en el exterior. Además quería cambiar un poco mi línea de investigación y trabajar en biología molecular.
– ¿De qué manera estableciste los contactos para irte?
– Yo elegí los lugares en base a la temática. Busqué laboratorios en el mundo que estuvieran trabajando en biología molecular en plantas y les mandé un mail muy completo con todo mi background. Tuve la suerte de que, quien sería mi jefe en Estados Unidos, Chris Somerville, me contestó en menos de media hora diciendo que le interesaba mi currículum. Discutimos un poco el tema y creo que a las dos semanas ya sabía que me iba. Evidentemente le escribí a la persona adecuada en el momento indicado. Incluso ni siquiera tuve que postularme para una beca porque él pagó mi sueldo de su subsidio. Entonces a principios de 2005 partí hacia allá.
– ¿Te fuiste con la idea de volver?
– Mi idea inicial era ir por uno o dos años como para poder completar una primera fase de un trabajo. Pero después me empezó a gustar cada vez más. Yo estaba en Carnegie Institution, un centro que funciona dentro de la Universidad de Standford, que se dedicaba a hacer sólo investigación, no se hacía docencia. La situación a nivel laboratorio era muy buena. Había muchos recursos, se podía comprar cualquier reactivo, cualquier equipo, lo que necesitabas estaba disponible. El único límite lo marcaban tus ideas. Además había mucho intercambio entre la gente. Era un ambiente muy estimulante.
– Tu estadía se fue alargando
– Sí, al final me terminé quedando tres años en Standford y después me fui junto a mi jefe que trasladó todo el laboratorio a Berkeley, dónde abrió un nuevo instituto. De esta manera pude tener una visión de dos lugares muy diferentes. Berkeley es una universidad pública, Strandford, en cambio, es privada y muy elitista. Berkeley es más numerosa, hay más contacto con los estudiantes. Ahí estuve el último año y empecé a planificar mi regreso.
– ¿Qué te llevó a decidir tu vuelta?
– Yo había llegado a un punto en el cual para seguir con mi carrera tenía que comenzar a aplicar para tener mi propio laboratorio y la verdad yo siempre supe que quería volver. Regresé por una cuestión afectiva. Yo tengo una familia muy grande, somos muy unidos, de juntarnos a comer los domingos. Y si bien yo mantuve el contacto con ellos, eso se extraña.
– ¿Cómo fuiste organizando tu regreso?
– Yo quería encontrar un laboratorio en el que pudiera seguir haciendo lo mismo que en Estados Unidos. Contacté a tres personas en Argentina y tuve la suerte de que Norberto Iusem del LFBM, me dijera que podía darme un espacio en el laboratorio y que había una cierta compatibilidad temática. Una vez que conseguí el espacio me presenté y obtuve la entrada a Conicet, trámite que fue sencillo e hice desde el exterior, y también apliqué para un subsidio para jóvenes investigadores de la Agencia. Esto lo hice a lo largo del 2007 y en 2008 volví al país.
– ¿En qué consiste el subsidio de la Agencia?
– Es un subsidio pequeño, pero que me permite, por lo menos durante el 2009, tener algunos fondos para pagar cosas menores y poder empezar a trabajar. Porque si no todo iba a tener que salir de los recursos de Iusem. Para darte una idea, a mí me dieron un espacio, pero era sólo el espacio, tuve que mandarme a hacer hasta el escritorio porque no había. Ahora yo estoy aplicando para varios subsidios y concursando para que me den un poco más de espacio para empezar a armar, en dos o tres años, mi propio laboratorio. Esperemos que las cosas se den.
– ¿Cómo evaluás la actual situación de la ciencia en Argentina?
– Creo que, de cuando me fui a ahora, mejoró mucho. La entrada a carrera es mucho más accesible; hay más subsidios, si bien son insuficientes, hay más plata. Además veo una continuidad en la política científica y que Lino Barañao ocupe el ministerio es muy bueno. Si estas políticas se mantienen yo creo que en diez o veinte años, vamos a ver los resultados. Pero obviamente siempre hace falta seguir aumentando el presupuesto porque, por otro lado, hay un problema de espacio bastante grave y de infraestructura, dependiendo del instituto en el que estés. Algunos están bien equipados y otros no. Por suerte donde yo estoy, estoy muy bien. Puedo seguir haciendo lo que hacía en Estados Unidos, aunque un poco más despacio. Mi idea era venir acá y no resignarme. No quiero resignarme a no poder hacer ciencia en Argentina, y por suerte, hasta ahora, voy despacio, pero voy dando mis primeros pasos.
Fuente: El Cable Nro. 712

Facultad de Ciencias Exactas y Naturales - Universidad de Buenos Aires - Argentina