La llave está en los docentes
En el marco de un ciclo de debates organizado por la Facultad, cuatro especialistas brindaron sus puntos de vista acerca de la alfabetización científica en la Argentina. Todos coincidieron en la necesidad de centralizar los esfuerzos en la formación de los docentes y en la urgencia de pasar de los diagnósticos y propuestas a las acciones concretas.
¿Qué efectos tiene la educación científica sobre la ciudadanía? ¿Cuál es la relación entre ciencia, tecnología y democracia? ¿Cómo lograr que la ciencia llegue a todos? ¿Cuál debe ser el rol de los científicos? Estas fueron algunas de las cuestiones que sirvieron de disparadores para la segunda mesa redonda organizada por Decanato y la Secretaría de Extensión, Graduados y Bienestar de la Facultad, que formó parte del ciclo de debates Exactas ante los desafíos nacionales en ciencia y tecnología.
El tema del encuentro fue “Alfabetización científica en Argentina” y se llevó a cabo, ante un centenar de personas, el jueves 20 de noviembre en el Aula Magna del Pabellón II. Los expertos invitados fueron: Elsa Meinardi, doctora en Ciencias Biológicas y secretaria académica del CEFIEC; Gustavo Giuliano, magister en Epistemología e Historia de la Ciencia (UNTREF) e integrante del Instituto de Estudios y Formación de la CTA; Adrián Paenza, doctor en Ciencias Matemáticas y profesor de Exactas; y Laura Noto, asesora del Ministerio de Ciencia, Tecnología e Innovación Productiva. Actuó como moderador Leonardo Zayat, secretario adjunto de la SEGB.
Toda ciencia es política
El primero en tomar el micrófono fue Gustavo Giuliano, quién señaló que forma parte del Grupo de Estudios y Propuestas sobre Ciencia, Tecnología y Sociedad de la CTA. Este colectivo tiene por objetivos generar y difundir análisis sobre los procesos de ciencia y tecnología y su relación con la sociedad entendiendo que éstos “no son procesos naturales sino principalmente políticos y sociales y que es desde allí que hay que pensarlos”.
Luego de una breve introducción, Giuliano anunció que iba a leer un documento, denominado Declaración de Santa Fe, que fue el resultado de un encuentro de este grupo, llevado a cabo en esa ciudad, en septiembre de 2007, del que participaron trabajadores del sector de la ciencia y la tecnología de distintos lugares del país.
El documento aclara desde un principio que no se trata de una opinión pasiva sino que persigue “la ambición de transformarse en parte de una política de acción que permita transitar un camino de transformación social”. Parte de un diagnóstico según el cual la ciencia y la tecnología atraviesan todos los estratos de la economía mundial y que detrás de sus espectaculares adelantos “se acrecienta la brecha, entre riqueza y pobreza, y la exclusión de dos tercios de la humanidad, junto a la destrucción del planeta Tierra y el despilfarro de sus recursos no renovables”.
Más adelante, agrega que “la investigación científica y el desarrollo tecnológico pueden contribuir a incrementar o, por el contrario, achicar tal inequidad. Es en este sentido que hay una discusión social y humana asociada al rumbo tecnológico”.
Por todo esto, el sentido democrático de la discusión sobre política de investigación y desarrollo implica reconocer que se encuentra afectado el rumbo colectivo y que politizar la ciencia significa “convertirla en arena de lucha por la libertad y la igualdad, lo que involucra no sólo el sentido social de la existencia de la ciencia como institución sino su propia especificidad, sus cánones de evaluación, promoción, jerarquización, sus métodos y formas de organización”.
Finalmente, la declaración alerta sobre el peligro que representa para los jóvenes investigadores una formación neutra y abstracta, sin compromiso efectivo con las necesidades del país y propone que es necesario y urgente “reorientar nuestro sistema de ciencia y tecnología al conocimiento y solución de los grandes problemas nacionales, enfatizando un estilo científico-tecnológico comprometido con la vida, el desarrollo de tecnologías apropiadas y apropiables y la salvaguardia del medio ambiente”.
Ciencia para todos
A continuación, Elsa Meinardi explicó que iba a hacer referencia a algunas propuestas teóricas que orientan el trabajo en el Cefiec, relacionadas con la formación docente y con la posibilidad de lograr una educación científica de calidad para jóvenes en riesgo. Aunque rápidamente aclaró que “cuanto más tiempo pasamos trabajando alrededor de estos marcos teóricos nos damos cuenta de que, en realidad, nos permiten pensar la educación científica de los jóvenes en general”.
Meinardi indicó que muchas veces cuando se habla de desigualdades en la educación, se impulsa una igualación de la enseñanza. “Esto es un error. Se trata de generar condiciones de educación similares para todos, pero, tal vez, eso signifique diversificar las estrategias de enseñanza y, sobre todo, pensar qué contenidos y cómo debemos enseñar a los jóvenes. Quizás la conclusión sea que no tenemos que enseñar a todos lo mismo y de la misma manera”.
Entre los principales problemas que afectan a la escuela media, la especialista subrayó la deserción y señaló que entre sus motivos aparecen problemas económicos y familiares pero también la falta de interés y el bajo desempeño. “Los dos primeros son claramente políticos pero sobre los otros dos ¿no podemos hacer nada los docentes?”, se preguntó. “A veces se apunta a retener a los jóvenes a cualquier costo, en una suerte de asistencialismo -agregó-.Tenemos que apuntar a la alfabetización científica de calidad para lograr un proyecto eficiente a largo plazo, que logre retener a los jóvenes pero con aprendizajes científicos de la mejor calidad. Para esto hacen falta escuelas innovadoras con desarrollos didácticos especiales”.
Alcanzar ese objetivo resulta muy difícil porque la formación docente está pensada para un alumno tipo, una situación ideal, no incorpora el contexto en el cual la docente va a trabajar. Entonces se produce una clara escisión en teoría y práctica. “Nosotros tenemos marcos teóricos muy bonitos pero, cuando vamos al aula, muy pocas veces nos sirven para pensar qué hacer con un chico que está todo el tiempo con un celular en la mano. La didáctica es algo que pensamos en general, no incorporándole el contexto, y así nos va”.
“Tenemos que pensar que un programa de formación docente demanda un conjunto de acciones compartidas. Tenemos que vincular esta formación de formadores con la investigación y para eso necesitamos también aportes de la realidad del aula y de los contenidos disciplinares, no sólo didácticos sino también de la mejor calidad científica”, concluyó Meinardi.
Del dicho al hecho
A su turno, Adrián Paenza comenzó admitiendo que sentía que la mesa le quedaba “grande”, por la calidad de los especialistas, pero que él, sin ser un experto, tenía una serie de ideas sobre el tema. En principio señaló que consideraba que las conclusiones de este tipo de debates deberían ser vinculantes, es decir, que el Estado debía asumir un compromiso de tenerlas en cuenta.
En relación con la exposición de Meinardi, Paenza se preguntó ¿cómo puede ser que un docente llegué por primera vez al aula y se sorprenda de que los chicos están con el celular y no le prestan atención? “Es como que un médico que va a operar por primera vez nunca hubiera entrado antes a un quirófano”. Y añadió que existe una fuerte disociación entre los problemas de la realidad y lo que se enseña en los colegios. “Seguimos dando respuestas a preguntas que los chicos no se hicieron. Esa es una buena manera de echarlos del colegio”.
Posteriormente, el periodista sostuvo que la gente todavía no tiene muy claro por qué se debe que sostener a la ciencia con la plata de sus impuestos. “¿Pero qué tipo de ciencia? ¿Está bien qué investiguemos cualquier cosa? Yo sé que esto genera rispideces pero hay que discutirlo”, afirmó y puso un ejemplo, “una investigadora argentina estaba en Estados Unidos y quería trabajar sobre el dengue. Tuvo que volver a la Argentina para hacerlo porque en Estados Unidos nunca se va a estudiar porque no es un problema que tengan ellos. Entonces si no lo pensamos nosotros nunca lo vamos a resolver”.
Finalmente, Paenza aseguró que hay que presionar a las autoridades, no sólo para que expliquen qué políticas están implementando, sino también para exigirles participar a la hora de diseñarlas “porque si no se elaboran desde las universidades nacionales, que es dónde está la gente experta, quién las va a hacer”. Y agregó, “tiene que haber ámbitos de discusión, de debates serios, con propuestas que luego se lleven a al practica, porque sino, después de debatir ¿qué hacemos? ¿Seguimos debatiendo?
Acompañar a los docentes
Laura Noto reconoció que participar como representante gubernamental “siempre lo pone a uno un poco a la defensiva”. En ese sentido aclaró que el Ministerio de Ciencia fue creado hace menos de un año y que, por lo tanto, la generación de políticas de ciencia, tecnología y educación se encuentran en proceso de construcción. De todas maneras, afirmó que podía referirse a iniciativas del Ministerio de Educación y a ideas que existen en el Ministerio de Ciencia.
Noto explicó que desde hace varios años se viene comprobando un mal desempeño de los alumnos en las evaluaciones nacionales e internacionales en ciencias naturales y matemática. En consecuencia, en 2007 se formó una comisión de expertos, algunos de ellos de esta Facultad, que hizo un diagnóstico y algunas sugerencias para poner en práctica. Una de ellas fue declarar el 2008 “Año de la enseñanza de las ciencias”.
Entre los logros alcanzados durante este año, la funcionaria resaltó el trabajo conjunto con Educación, a partir de una comisión interministerial para evitar llevar adelante políticas superpuestas. Otro punto destacado fue la puesta en marcha del programa “Los científicos van a la escuela”, que es un plan que tiene por objetivo que en cada escuela haya un científico que trabaje directamente con los docentes a través del acompañamiento, el asesoramiento y la actualización en ciencias naturales y matemática. “Hoy tenemos unas 500 escuelas dentro del programa y entre 450 y 480 científicos que ya se han acercado a algún colegio. Este año ya se está implementado en 15 jurisdicciones y esperamos que el próximo esté en las 24”.
Finalmente, Noto subrayó que lo fundamental es trabajar mucho con el docente y que el resto de las acciones acompañan o colaboran. Esto, para la especialista, supone una revisión de las currículas y colaborar mucho con los institutos de formación que dependen de las provincias. “El apoyo a las escuelas no es fácil, es de mediano plazo. El trabajo con el docente hay que ir haciéndolo de a poco, no se pretende enseñarle la disciplina sino que el docente se apropie de cómo enseñar ciencia, en relación a lo que dispone la currícula. Esto implica que un biólogo molecular no va a ir a enseñarle su disciplina al docente; la idea es que lo acompañe, para que enseñe lo que tiene que enseñar con una mejor base de ciencia”, finalizó.
Fuente: El Cable Nro. 709

Facultad de Ciencias Exactas y Naturales - Universidad de Buenos Aires - Argentina