Nueva era
Ayer juró como ministro de Ciencia, Tecnología e Innovación Productiva de la Nación. Es una de las cartas de renovación de Cristina Fernández y plantea una política científica con eje en la vinculación con el sistema productivo. Lino Barañao habló en exclusiva con el Cable sobre este nuevo lugar para la ciencia en la Argentina.
– ¿Que un científico haya jurado como titular de un ministerio de ciencia y tecnología se puede entender como el nacimiento de un nuevo concepto de política?
– Considero que sí, en cierta forma es un acto fundacional. Pero un acto que se puede dar ahora, luego de una etapa de construcción previa, donde los cimientos están suficientemente fortalecidos como para que se pueda empezar a construir. Creo que este Ministerio no podría haberse creado en el 2003 porque no estaban dadas las condiciones. Y ahora, a partir de un período de crecimiento, tanto en el financiamiento como en los recursos humanos, se puede dar este salto cualitativo.
– ¿Quiere decir que la estructura del Ministerio nace de la Agencia Nacional de Promoción Científica y Tecnológica, que usted tuvo a cargo?
– Este ministerio se construyó a partir de una secretaría, de una agencia y del CONICET, a los cuales se les agregan otros organismos, ya sea bajo dependencia directa o como una coordinación. Pero esto es posible no sólo por esta etapa de construcción interna, sino porque la sociedad también ha comprendido que la ciencia y la tecnología deben cumplir otro papel, mucho más protagónico en lo que es el desarrollo económico y social del país. En el 2003, las angustias eran otras, y hoy, tal vez, la sociedad esté en condiciones de encarar lo que puede ser un proyecto de desarrollo más a largo plazo.
– Lo nuevo no es solamente el Ministerio, sino el planteo de un modelo científico asociado al sistema productivo…
– Queremos que la ciencia y la tecnología estén puestas al servicio del desarrollo económico y social del país. Esto siempre ha sido declamado pero no hay muchos ejemplos para mostrar que esto puede ser así. Nosotros tenemos algunas ideas, en particular, en lo que respecta al fomento de la creación de nuevas empresas de base tecnológica.
– ¿Qué factores limitantes prevé ante la implementación del proyecto?
– Para lograr este cambio de modelo productivo del país, la limitante es cultural, no es que necesitemos muchos más científicos, necesitamos que se motorice este cambio de visión sobre la ciencia. Necesitamos actuar sobre los actores del sistema científico y tecnológico para que cambien su visión, más que sobre el público. Si seguimos formando más científicos en el sentido tradicional, este cambio no se va a producir.
– ¿Se trabajará sobre los sistemas productivos de las distintas regiones del país?
– Lo que vamos a implementar son centros tecnológicos sectoriales público-privados, que van a estar en las provincias atendiendo necesidades de las cadenas productivas de las distintas regiones y donde puedan convivir investigadores de distintos organismos: INTI, universidades, Conicet, CNEA, lo que sea, para cambiar un poquito el foco, porque cada institución se empieza a encerrar en su propia lógica con un importante grado de superposición y no siempre se logra atender las problemáticas. Entonces, la idea es cambiar la lógica: tenemos tal problema, entonces juntamos a toda la gente que trabaja en eso en determinado lugar. De alguna forma esto sirve para desarticular esta compartimentalización que existe en muchos organismos y que no es muy conducente.
– ¿Cuáles son las prioridades en cuanto a desarrollos puntuales?
– Sobre todo trabajar sobre problemas locales y con competencias específicas. En el 2003 fui a Tucumán y muchos se quejaron porque no recibían subsidios de la Agencia en el área de biología molecular; pero bueno, yo les decía que no iban a poder competir con Buenos Aires: no existe una lógica federal de la biología molecular. Vamos a financiar a los mejores grupos. Además, ahí no había un impacto regional. Pero, al mismo tiempo, ocurría que en todos los diarios del mundo aparecía una foto de un chiquito tucumano altamente desnutrido y no veía muchos grupos trabajando en desnutrición infantil. Si uno piensa en desnutrición infantil en una región afectada, por ejemplo, sería un tema prioritario. El problema es cómo se deciden las prioridades y cuán lícito es que cualquier investigador pueda elegir libremente su tema por aquello que le resulte más gratificante desde el punto de vista intelectual. El Estado tiene la obligación de darle más fondos a aquellos más eficientes en la producción de conocimiento, no de garantizar que los investigadores tengan fondos para hacer aquello que les gusta.
– ¿Cómo se plantea la intervención concreta de las universidades dentro del sistema?
– Ya no basta con hacer transferencia, enseñanza, investigación, extensión. Tiene que haber como objetivo la creación de empresas de base tecnológica. Creemos que en el caso de la Facultad de Exactas hay posibilidades muy grandes de tener proyectos de impacto. Pero no sólo hace falta una infraestructura en materia de equipamiento para formar a los profesionales en las nuevas tecnologías, sino también una currrícula más acorde a los tiempos que vivimos. Con el Consejo Interuniversitario Nacional acordamos la semana pasada una instancia de reuniones periódicas para discutir esto, el tema de universidad, ciencia y tecnología y cómo las universidades se comprometen con la escuela media, e incluso con la escuela primaria para revertir este problema que tenemos en la formación científico tecnológica.
– Universidades, Conicet, centros de investigación de las distintas provincias. Son muchos los componentes que se pretende integrar.
– El panorama científico argentino es complejo y no se puede encarar todo al mismo tiempo. La potencial conflictividad que tiene es muy grande, entonces nuestra principal tarea ahora es trazar por dónde debemos empezar, y vamos a ir avanzando gradualmente en la medida de que tengamos éxito. Acá hay que lidiar con conflictos tribales: cada organismo científico tiene su identidad y hay que reconocer eso y actuar en consecuencia. Es como pasar de un sistema feudal a la construcción de los Estados-nación, ¿no? Un poco eso es lo que debemos producir.
– A la inversa de otras instancias de gestión, todos los organismos bajo su estructura tienen muchísima más historia que el Ministerio mismo. Más historia, compromisos, intereses que ya están activados…
– Sí, pero el Ministerio es el que tiene la plata, y ese es el pequeño detalle. Y el Ministerio es el que llega a la presidencia (risas). Pero la historia no es un tema menor, porque es lo que consolida es compartimentalización de los organismos. Somos individuos tribales y tendemos a identificarnos con los que creemos nuestros pares y a considerar enemigo a quien tiene la camiseta distinta. Soy conciente de eso y sé cómo instrumentar medidas que pasen por encima de esa compartimentalización.
– ¿Cuál es su agenda para esta semana, lo inmediato?
– Tenemos que terminar de formular un programa con el Banco Mundial para la promoción de la innovación a través de la creación de nuevas empresas de base tecnológica. Vamos a empezar por estructurar esto porque significa poner fondos para tres áreas fundamentales, como software, biotecnología y nanotecnología. Lo ideal sería que jóvenes egresados ensayasen la creación de nuevas empresas. Es un programa relativamente menor, pero que creo que cualitativamente va a incidir mucho. Luego, en paralelo, tenemos que armar toda la estructura y poner en funcionamiento el Ministerio, lo que no es tarea fácil. Tal vez es menos desafiante desde lo intelectual pero es necesario y hay que aprovechar que creamos una estructura desde cero para hacerlo bien. El desafío es doble: crear la estructura y tener el sistema funcionando.
– Esta nueva política científica, representada por su proyecto, se muestra como un impulso personal de Cristina Fernández. ¿Eso puede condicionar una estrategia a largo plazo?
– No, yo creo que como estructura va a seguir porque sería considerado políticamente incorrecto para un futuro gobierno anular este ministerio. Sería un retroceso muy marcado que no creo que nadie asuma, así que yo considero que es un paso irreversible. Creo que avanzamos finalmente hacia una política de Estado en materia de ciencia y tecnología. Todas las acciones que estamos planificando o instrumentos de financiamiento exceden incluso este período de gobierno.
– Tanto el Ministerio como usted son las fichas nuevas de esta gestión; el resto es una marcada continuidad, con un gabinete que se debe conocer hasta los gestos. ¿Cómo ve su inserción en ese espacio?
– Yo tuve una experiencia muy peculiar en el viaje que hicimos a Brasilia. Estábamos en un avión muy pequeño: en cuatro metros cuadrados estaba concentrado todo el poder y fue una experiencia muy particular por el diálogo que logramos. Estaba el ministro de Economía, el jefe de Gabinete, el canciller, y lo que es notable es que este ministerio se percibe como el elemento de cambio de la gestión y hay mucha expectativa y mucha cooperación. Ese hecho genera que todos los demás ministros tiendan a cooperar para que a mí me vaya bien. Algunos me lo han planteado directamente: “si a vos te va bien, a todos nos va bien”. Entonces, creo que hay una gran oportunidad como para tomar medidas de fondo.
– Y, además, hay que destacar su relación personal con la presidenta.
– La presidenta tiene particular interés en este sector, de hecho me llama con más frecuencia de la que yo hubiera supuesto. Estoy tratando de controlar los picos de adrenalina (risas). Y por suerte se da una comunicación muy fluida. Es muy curioso poder intercambiar ideas como si fuera una colega. No existe una relación de autoridad sino de trabajo en equipo.
– ¿Cómo quedó conformado el Ministerio?
– Tendrá dos secretarías. La de Articulación Institucional y, otra, la de Planeamiento y Prospectiva. Alejando Ceccatto, físico y especialista en informática, que actualmente dirige un centro del CONICET, estará a cargo de Planeamiento, y Ruth Ladenheim, doctora en química de Exactas y posgrado en negocios en la Universidad de París, para Articulación. Luego va a haber distintos subsecretarios pero estamos en proceso de elección, tratando de que tengan un doble perfil: conocimiento científico y experiencia de gestión. El presidente de la Agencia es un físico de Córdoba, Marcelo Rubio.
– ¿Es difícil armar un equipo de esas características?
– Lo que pasa es que todos mis colegas insisten en que tiene que haber científicos a cargo de la gestión, pero cuando uno los convoca, ninguno quiere dejar sus laboratorios. “Animémonos y vayan” es el slogan, pero estamos logrando constituir un grupo idóneo con alto grado de profesionalismo.
– Por lo que dice, hubo gente que le dijo que no.
– Así es, hubo gente que me dijo que no. Pero estamos satisfechos con los nombramientos porque realmente estamos armando un grupo coherente.
– Usted ya está en funciones y todavía no está definido todo el equipo. ¿Cuándo terminaría de conformarlo?
– Hay un período para elevar la estructura propiamente dicha y pensamos que antes de fin de año estarían todos los nombres. Pensamos que el 20 de diciembre, más o menos, podemos estar tomando juramento a los secretarios y subsecretarios.
– ¿Por ahora el Ministerio va a funcionar en las instalaciones de la ex SeCyT?
– Por ahora sí, pero vamos a tratar de que se acelere la construcción del nuevo edificio en el predio de lo que eran las bodegas Giol, en Pacífico. Estaría listo para 2010.
Fuente: El Cable Nro. 674

Facultad de Ciencias Exactas y Naturales - Universidad de Buenos Aires - Argentina