Concientizar e intervenir

GenEx es el Programa por la Igualdad de Género de la Facultad que busca sensibilizar y concientizar a la comunidad de Exactas acerca de la violencia y discriminación de género. Recibe consultas y denuncias e interviene ante las situaciones que así lo requieran. La semana pasada se presentó públicamente a través de una mesa redonda con especialistas en la temática.

6 de octubre de 2016

El 28 de septiembre pasado, en el marco de la presentación de GenEx, el Programa por la Igualdad de Género de la Facultad de Ciencias Exactas y Naturales, se realizó un panel con la participación de destacados especialistas en el tema. El programa depende de la Secretaría de Extensión, Cultura Científica y Bienestar (SECCB), y su responsable es Ana Quaglino, subsecretaria del área.

Entre los considerandos de la creación del programa GenEx se encuentra lo resuelto en 1994 en la Convención Interamericana para Prevenir, Sancionar y Erradicar la Violencia contra la Mujer, conocida como “Convención de Belem do Para”. También se tienen en cuenta diversas leyes sancionadas en la Argentina, como la 26.485, de “Protección de las mujeres contra la violencia de género en la Argentina”, la 26.618 de “Matrimonio entre personas del mismo sexo”; la 26.743 de “Identidad de género”; y la 26.150, de “Educación Sexual Integral en establecimientos educativos”.

Asimismo, GenEx implementará las acciones previstas en el “Protocolo de intervención institucional ante denuncias por violencia de género, acoso sexual y discriminación de género”, aprobado por el Consejo Superior de la Universidad de Buenos Aires. Se ocupará de la prevención; la recepción de denuncias y consultas, y la creación de redes con organismos especializados que permitan fortalecer las acciones.

El programa GenEx “fue aprobado por Consejo Directivo en julio de 2016 por unanimidad con el fin de instalar la perspectiva de género en la Facultad; que no esté llena el Aula Magna indica que es un tema difícil”, señaló el decano de Exactas, Juan Carlos Reboreda, y comentó: “Pensamos que es parte del proceso concientizar a la comunidad de la facultad. Esperamos que de aquí a un par de años podamos llenar el Aula Magna”.

La ciencia tiene género

Abrió el panel Diana Maffía, Directora del Observatorio de Género del Consejo de la Magistratura de la Ciudad de Buenos Aires: “Se supone que la ciencia no tiene género, que se construye con la mente y no con el cuerpo. Se creía que la subjetividad no tenía nada que hacer en la ciencia, que era una barrera. Había que ser objetivo.”

Y prosiguió: “Desde hace unos 35 años, la epistemología feminista viene derrotando cada uno de esos presupuestos. Cuando hacemos ciencia intervienen factores que ponen sesgo en la investigación: el dinero, el prestigio, la política académica o de ciencia y tecnología”. Un ejemplo es la evaluación por pares, que presenta sesgos de clase y de geopolítica: no vale lo mismo la ciencia de la periferia que la de los países centrales.

Más adelante, subrayó: “Si no ponemos la igualdad como objetivo, si no discutimos ese discurso de la objetividad, es difícil que veamos los sesgos dentro de la ciencia. Aprender a ver la discriminación y cómo impacta en nuestras vidas es parte de nuestra tarea”.

En CONICET “no hay discriminación salarial, se cobra por categoría. Pero las mujeres tardan en general un par de años más en ser promovidas. En cinco años ya están una categoría debajo de sus compañeros con los mismos antecedentes”, dijo Maffía.

Y subrayó: “Las cuestiones de discriminación y violencia hay que aprender a verlas”. A veces se dice que si una mujer ataca a un varón, eso es violencia de género. Pero no lo es. “Cuando hablamos de violencia de género hablamos de un sistema que vulnera los derechos de las mujeres, las pone en situación de inferioridad, las hace vulnerables a la violencia”, detalló.

“Ni intelectualmente ni en nuestras acciones cotidianas deberíamos favorecer o perpetuar esas formas de violencia. Me gustaría pensar que he convencido a la audiencia y poner en juego nuestras acciones para eso”, concluyó Maffía.

Diversidad de situaciones

Por su parte, Mario Pecheny, profesor en la Facultad de Ciencias Sociales de la UBA e investigador del CONICET especializado en derechos humanos, salud y sexualidad,
destacó que el protocolo entró en la agenda de la universidad a raíz de la movilización “Ni una menos”, realizada en 2015, que mostraba cómo la violencia de género puede resultar en la muerte de una persona.

Según el investigador, se trata de derechos humanos. “La universidad no sólo no puede violarlos, sino que tiene que lograr que los ciudadanos no los violen y promover institucionalmente y culturalmente prácticas en las que los distintos sujetos puedan ejercer sus derechos”.

Pecheny propuso a la audiencia el ejercicio mental de imaginar una situación de aula, ya sea como estudiante o docente, considerando diferentes aspectos, incluyendo emociones y sentimientos en juego. Pidió imaginar también cómo sería la misma situación en el rol opuesto (docente o estudiante), en otro sexo (hombre o mujer), otra franja etaria u otro color de piel.

Luego pidió imaginar distintas situaciones vinculadas a la violencia de género que podrían presentarse en la universidad: la alumna que se siente amenazada por un ex novio celoso; la que se ve acosada por un docente que promete darle un lugar en la cátedra; los comentarios discriminatorios de docentes sobre la orientación sexual de un alumno, entre otras.

“Este ejercicio era para despertar en la imaginación la multiplicidad de situaciones en las que podemos estar, en la universidad, frente a un caso de violencia de género”, señaló Pecheny. Y agregó: “El protocolo en la UBA y las distintas iniciativas nos deberían llevar a estudiar la prevalencia, qué situaciones son las más comunes, cuáles pueden llevar a abandonar un curso o una carrera, y cómo está distribuida esa violencia. También es importante un mapeo de actores, quién está haciendo qué, hay agrupaciones estudiantiles, secretarías de facultad, cátedras, diversas iniciativas”.

Por último, concluyó: “Todas esas iniciativas hacen que las respuestas deban ser institucionales. La respuesta no puede ser el linchamiento ni la improvisación. En este sentido creo que la iniciativa de Exactas es para celebrar porque la respuesta se da desde la institución”.

Leyes, derechos y estereotipos

La perspectiva legal estuvo a cargo de Claudia Hasanbegovic, consultora internacional especializada en género y violencia, y docente en UBA y en la Universidad Nacional de San Martín (UNSAM). Se refirió a los fundamentos jurídicos del Protocolo de UBA contra la violencia de género, que se relacionan con los estándares internacionales y con la normativa nacional sobre derechos humanos, las obligaciones del Estado y los objetivos de la UBA.

La especialista señaló que la ley “es una combinación de tres componentes: el texto escrito, la interpretación que realizan las instituciones, y el elemento político cultural”. Y destacó: “Cuando vemos que el texto de la ley se transforma en un simple papel, necesitamos la movilización. Eso es lo que hizo ‘Ni una menos’, le dio el espíritu y la fuerza política para que la UBA, en 2015, sancionara este protocolo. En la medida en que haya movilización, la ley se transforma en un ente vivo, y por lo tanto se convierte en una herramienta para la defensa de los derechos de las mujeres”.

El marco internacional obliga a eliminar las barreras que obstaculicen el acceso a los derechos en las distintas esferas, no solo a las mujeres sino también a las personas LGBT (sigla que designa colectivamente a lesbianas, gays, bisexuales y personas transgénero). También obliga a generar políticas públicas, a condenar los actos de discriminación, y a prevenir e investigar los actos de violencia, cuando estos se generen. “Es por eso que este protocolo está en total consonancia con los tratados internacionales y con las obligaciones que competen a la universidad”, remarcó Hasanbegovic.

La especialista señaló que el mayor obstáculo para que las personas disfrutemos de nuestros derechos sin perjuicio de nuestra orientación sexual, género, color de piel o religión son los estereotipos. El decreto reglamentario de la ley de protección integral de la mujer define cuáles son esos estereotipos: “las imágenes desvalorizadoras, con carácter vejatorio, que perpetúan la idea de superioridad o inferioridad de uno u otro sexo, se refieren a las mujeres como objetos, y mencionan las funciones estereotipadas, atribuibles a uno u otro género”.

En un informe de 2007 de la convención interamericana sobre el acceso a la justicia para mujeres víctima de violencia en América, se señala que el mayor obstáculo son los estereotipos de género en los operadores judiciales. Cuando una mujer hace una denuncia, se la puede tratar de mentirosa, exagerada, histérica o provocadora, y de este modo se busca desacreditar su versión.

Respecto del protocolo de UBA, Hasanbegovic concluyó: “La acción judicial es independiente de la administrativa. No hay que llegar a algo grave, como un delito, para tener una sanción administrativa en la universidad”.

Evitar los linchamientos

Por su parte, Graciela Morgade, decana de la Facultad de Filosofía y Letras de la UBA e investigadora en educación sexual con enfoque de género y derechos humanos, señaló: “Los estudios muestran que en la vida cotidiana de las aulas ocurren procesos de discriminación y situaciones injustas. Las universidades no son ajenas a estos procesos, como tampoco lo son los sindicatos, ni los partidos políticos, aun los más democráticos y progresistas”.

Y destacó: “Tenemos que trabajar con todos los sectores universitarios: profesores, graduados, no docentes, estudiantes, y con representaciones políticas y gremiales. Si los derechos colisionan, tenemos que encontrar el camino institucional para colocar algún derecho por encima de otro, o un camino normativo y administrativo que nos permita actuar con celeridad”.

Lo central es poder identificar la discriminación en las prácticas cotidianas. “En Filo formamos profesoras y profesores, así como en Exactas, y hay una ley que cumplir: la ley de educación sexual integral. Tenemos que preguntarnos si estamos formando para la aplicación de esa ley”, destacó.

Y concluyó: “El enorme desafío es que las personas que denuncian perciban que se está haciendo algo que sea eficaz, y que no termine no pasando nada. Y, al mismo tiempo, evitar los linchamientos, los juicios apresurados, o la justicia por mano propia”.

Para consultas y denuncias
Entre los propósitos del Programa por la Igualdad de Género de Exactas se encuentra el de recibir e intervenir ante consultas y denuncias por situaciones de violencia y discriminación basadas en el género. El canal de contacto es genex@de.fcen.uba.ar
Susana Gallardo