Al rescate del tesoro
Si bien muy pocas personas lo saben, la Facultad cuenta con una tradicional e inestimable colección de fósiles que es la tercera en importancia en el país y es única en el ámbito universitario nacional. Luego de décadas de deterioro debido a la falta de personal y recursos, se inició un proceso para su puesta en valor y para que pueda ser conocida y aprovechada por toda la comunidad.
Desconocido para la mayoría, reservado para unos pocos, desperdigado en recónditos pasillos y ambientes de diferentes pisos, y carente de los cuidados que merece un patrimonio de tanto valor, la Facultad esconde un tesoro. Un tesoro que se viene acumulando desde hace más de un siglo, con el que han contribuido setenta y cinco generaciones de investigadores, alumnos y graduados. Se trata del repositorio de fósiles del área de Paleontología del Departamento de Geología de la Facultad.
La colección, cuyos primeros ejemplares registrados datan de 1882, se fue enriqueciendo con la incorporación de material recolectado en sucesivas campañas por innumerables personas, desde estudiantes hasta científicos reconocidos a nivel mundial, que fueron incrementando la cantidad y calidad de la colección a lo largo de los años. Actualmente, con más de cuarenta mil piezas, la colección es la tercera en importancia del país, detrás del Museo de Ciencias Naturales de la Plata y del Museo Argentino de Ciencias Naturales Bernardino Rivadavia.
“Comenzó como una colección básicamente educativa que surgió a principios del siglo XX para complementar la formación de los alumnos de la Facultad, de manera de poder darles material de referencia para utilizar en sus clases”, cuenta Marian Tanuz, flamante encargada de la colección.
En las décadas siguientes, gracias a las gestiones realizadas por Martín Doello Jurado, biólogo, paleontólogo y profesor de la Facultad, se hicieron dos grandes compras de material en Alemania, que se incorporaron en 1921 y 1938, y que hoy siguen formando parte de la colección.
“Entonces tenés una línea que representa muy bien todo lo que son fósiles de Argentina, tenés la colección extranjera y una colección de material tipo, que es el utilizado en biología para clasificar nuevas especies. En todas las colecciones de todos los museos del mundo, el material tipo es lo más valorado, es algo único, que no tiene precio. Y nosotros tenemos material tipo producto de las líneas de trabajo desarrolladas por investigadores argentinos de renombre mundial”, describe Tanuz.
La colección se divide en didáctica y de referencia, y en ambos casos cuenta con invertebrados, vertebrados, botánica, microfósiles y palinoteca (polen). Es decir que tiene representantes que cubren todo el espectro de lo que a nivel taxonómico estudia la paleontología.
Con el correr de los años, a medida que la colección iba creciendo en número y calidad, requería cada vez más de cuidados especiales, que particularmente en las últimas décadas, con el deterioro que fue sufriendo la educación debido a la falta de recursos, no se le pudieron brindar.
“La colección ha sufrido un problema de mantenimiento -admite Tanuz-. Todo lo referido a su manejo necesita una revisión, una actualización. Hace muchos años que se están haciendo las cosas como parches. El material más conocido es el que se usa en las materias durante todo el año, pero el material que está en el depósito, quizás hace años que nadie lo revisa, entonces las etiquetas se van gastando, el material se va llenando de polvo y se va deteriorando. Se necesita de alguien que se encargue exclusivamente de la colección”.
Llegó la ley
A mediados de 2003 el Congreso Nacional sancionó la ley 25.743 de protección del patrimonio arqueológico y paleontológico, que establece que toda persona o institución “que tenga en su poder colecciones u objetos arqueológicos o restos paleontológicos, de cualquier material y calidad”, debe proceder a registrarlo ante el organismo competente designado por la norma, que elaborará, con esa información, un inventario nacional.
“Nosotros, como facultad poseedora de un repositorio de fósiles, tenemos que cumplir con esa norma y registrar la colección. Ahora, registrar la colección implica registrar ejemplar por ejemplar y de acuerdo con los parámetros que establece la ley: fotografía de cada uno, número de yacimiento donde se encontró, un montón de información asociada con cada ejemplar que en este momento no tenemos. Si bien algo se fue realizando, al no tener una persona a cargo, hay baches”, asegura Tanuz.
Con el objetivo de facilitar esa tarea y mejorar todo lo relacionado al manejo de la colección, la Facultad le otorgó al Departamento un nuevo espacio, en el subsuelo del Pabellón II, adonde se pudo mudar y centralizar la mayor parte de la colección.
El segundo paso fue la creación de un cargo específico destinado a que una persona asuma, de manera exclusiva, el manejo de la colección. El concurso se llevó a cabo en agosto del año pasado y el puesto lo obtuvo precisamente Marian Tanuz. Tanuz es bióloga de la Facultad. Se licenció en el año 98, trabajó en el Museo Bernardino Rivadavia y en el momento en que se lanzó el concurso estaba realizando tareas ad honorem en el área.
Como para que quede claro que Tanuz se encontraba en el momento justo y en el lugar adecuado, pocos días después del nombramiento surgió la posibilidad de presentarse a una beca otorgada por Smithsonian Institution, ubicada en Washington, para realizar un curso de entrenamiento específico sobre cuidado y manejo de colecciones de historia natural. “Era increíble, parecía que lo hubieran escrito para mí”, confiesa Tanuz.
Smithsonian Institution, es una institución pública que depende del gobierno de los Estados Unidos. Es el complejo de museos más grande del mundo. Esta formado por diecinueve museos, nueve centros de investigación y un zoológico. Era la primera vez que la institución realizaba este programa para países de América Latina y el Caribe.
Tanuz fue una de las once profesionales seleccionadas, provenientes de igual número de diferentes países latinoamericanos. “Fueron seis semanas en Washington, entre febrero y marzo de este año. Doscientas cuarenta horas de curso donde vimos de manera teórica y practica, con demostraciones de laboratorio, actividades manuales y discusiones con el staff del museo, todos los temas que conforman el manejo de colecciones: registración, bases de datos, elaboración de políticas, manuales de procedimientos, aspectos legales, manejo de objetos, de especímenes. Todo lo que ellos consideran las técnicas, más actuales y efectivas para desarrollar nuestra profesión en nuestros países”, describe.
Además, dado que era la única persona del grupo que tenía una colección a cargo, Tanuz construyó una relación muy estrecha con el staff de paleontología del museo. “Me brindaron una apertura absoluta sobre toda la información que tuviera que ver con el manejo y el cuidado de su propia colección. Su intención era que yo pudiera llevar nuestra colección adonde realmente quisiéramos llevarla”, cuenta. Una muestra de eso ha sido la llegada de la primera, de las seis cajas, que donaron a la Facultad con todo tipo de textos relacionados con el tema.
Diagnóstico y planes
Con todo el bagaje de conocimientos adquirido en la Smithsonian y todo el entusiasmo que demuestra para encarar la enorme tarea que le espera, Tanuz sabe que llegó la hora de comenzar a desarrollar el proyecto que ideó para la colección.
Entre los primeros objetivos que se propuso se encuentra la necesidad de actualizar toda la información que existe sobre la colección, para saber qué hay, dónde se encuentra y en qué condiciones está. “Si bien hay un catálogo de casi todo el material, la información está guardada en libros muy antiguos. Necesitamos hacer un relevamiento de cada uno de los cajones que componen la colección y volcar todo la información a una base de datos. También fotografiar todo el material que se pueda, para lograr un registro de la colección de acuerdo con lo que requiere la ley”, sostiene.
Más adelante la intención es lograr una mejora en el acceso de las personas a los materiales de la colección, para aprovecharla al máximo. Para eso resulta fundamental encontrar un espacio adecuado que permita centralizar la colección. “Aunque vos sepas que tenés material importante, si no lo podés encontrar porque lo tenés desparramado, la colección va perdiendo relevancia y lo que nosotros queremos es justamente lo contrario, es ponerla en valor. Esta colección es muy importante y para demostrarlo es necesario que la gente de la Facultad la conozca, que los alumnos sepan que, además de lo que están usando en la materia, hay todo un material de referencia generado durante más de cien años de historia. Si la facultad no tuviera una colección como la que tiene no podría alcanzar la excelencia académica que logra en sus egresados. Es necesario poder acceder a ese material, si no se convierte en un lugar de depósito”, asegura.
Otro de los propósitos proyectados es la posibilidad de exhibirla al público general como si se tratara de un museo. Esto, sin embargo, requiere de un lugar muy amplio, acondicionado para tal fin. Dadas las dificultades de espacio que sufre la Facultad, resulta difícil suponer que esto pueda lograrse en el corto plazo. Sin embargo Tanuz siempre encuentra alguna alternativa. “Se va a poder mostrar, seguro. Si nosotros no tenemos la oportunidad de exhibirla como en un museo, sí tenemos la posibilidad de subirla a internet. Ese es otro de los objetivos principales: que el público pueda ver que en la Facultad hay una colección importantísima y que la pueden visitar de manera virtual”.
Finalmente, entre los planes proyectados aparece la necesidad de elaborar un manual de procedimientos sobre el manejo del repositorio. De manera tal que los parámetros de manejo de la colección, puedan trascender la presencia de las personas en los cargos. “Hasta hoy la colección fue manejada, a lo largo de los años, de manera tradicional. Es decir que las prácticas se fueron manteniendo ‘porque siempre se hicieron así’.La confección de un manual de procedimientos es una forma de dejar algo escrito que me supere y que trascienda más allá de mi presencia al frente de la colección. La idea es que todo lo que aprendí en la Smithsonian, que fue una posibilidad única y que a nivel profesional fue lo más importante que me pasó, quede registrado y que la próxima persona que se haga cargo cuente con una mejor base desde donde partir”, explica Tanuz.
A esta altura de la nota estoy seguro de que se habrán preguntado, más de una vez, ¿cómo puede ser posible que una colección de semejante valor y magnitud, haya permanecido prácticamente oculta durante tantos años? Tanuz nos acerca su explicación: “Yo creo que al ser una colección acumulada por investigadores, se hablaba de ella sólo en el ámbito del área. Además creo que también tiene que ver con una cuestión propia del funcionamiento de la Facultad, por la cual las cosas, muchas veces, quedan para adentro y eso es algo que habría que cambiar. Una de nuestras principales tareas, como personas formadas en una universidad pública, es transmitir a la sociedad todo lo que aquí se hace. El desconocimiento de la sociedad es muy grande. En este sentido, la colección no fue la excepción, a eso apunto. Pero bueno, hay una decisión de la dirección de la Facultad de darle a esta colección, su real importancia, para que puedan acceder a ella tanto los investigadores como la sociedad en general. Eso me parece el mejor corolario al que se puede llegar”.
Fuente: El Cable Nro. 682

Facultad de Ciencias Exactas y Naturales - Universidad de Buenos Aires - Argentina