Becados

En lo que ya constituye una tradición, con 12 de los 30 premiados entre alrededor de 500 postulaciones, Argentina fue el país latinoamericano que obtuvo la mayor cantidad de becas otorgadas por la Fundación Guggenheim en su edición 2011. Y, como siempre, Exactas volvió a aportar su cuota: dos investigadores de la Facultad, Francisco Urbano y Fabio Doctorovich, estuvieron entre los elegidos.

6 de julio de 2011

Fabio Doctorovich

“La ciencia tendría que ser más solidaria”

– ¿Qué significa para vos este reconocimiento?

– Siento, de alguna manera, que es un reconocimiento al esfuerzo que hice desde que volví del extranjero en el 96. En estos quince años pude construir un grupo, algunos laboratorios y también lograr que me conozcan un poco. Pero con esto de los premios hay una serie de factores. Por ejemplo, hubo algunos premios nacionales a los que yo llegué tarde por una cuestión de edad. Hoy tengo 49 años, y llego a esta beca porque no tiene un límite tan estricto de edad, es más o menos en la mitad de la carrera, pero no es inflexible.

– ¿Sentís que llegaste tarde?

– Sí, porque mi posdoc fue muy largo, fue de cinco años, y porque cuando estaba haciendo el doctorado atravesé una época difícil. Mi beca del Conicet era de unos 70 dólares por mes y era difícil trabajar. Mi directora prácticamente no tenía plata, porque no había subsidios. Yo me doctoré y me fui de acá en el 90, con la hiperinflación.

– ¿Adónde te fuiste?

– Me fui al Georgia Tech, que está en Atlanta, Estados Unidos. Mi idea inicial era ir y volver pero finalmente estuve cinco años. Y cuando volví acá, fue volver a cero prácticamente. No tenía laboratorio, no tenía alumnos…

– No es lo mismo que volver ahora…

– ¡No! (se ríe). A mí me salvó la Fundación Antorchas, porque el Conicet casi no daba subsidios. Tampoco podía pedir subsidios a la UBA porque no tenía cargo docente. Al principio estuve en Química Orgánica y, después, me ofrecieron venir al INQUIMAE, que en ese entonces estaba bastante despoblado. Y yo estaba supercontento porque tenía un laboratorio. Pero el laboratorio estaba totalmente vacío, eran las mesadas y nada más. Tuve que armar todo desde cero. Comprar todo.

– ¿Cuál es tu área de trabajo?

– Yo trabajo principalmente en química del óxido nítrico, que es un gas. Y la importancia que tiene es que es endógeno, o sea, es producido por nuestro propio organismo para un montón de funciones.

– ¿Qué proyecto te financian con la Guggenheim?

– Es un proyecto sobre una molécula que se llama nitroxilo, que es un derivado del óxido nítrico, pero con un electrón más. Hay algunas pruebas de que el nitroxilo podría también ser producido endógenamente. Entonces, algunas de las funciones que se le atribuyen al óxido nítrico en realidad podría cumplirlas el nitroxilo. Por lo tanto, el objetivo es poder detectar nitroxilo en un organismo. Ya desarrollamos un detector de nitroxilo, que es muy sensible, y ahora estamos adaptando ese sensor para usarlo en medios biológicos.

– ¿Por qué creés que premiaron este proyecto?

– Yo creo que es un poco de varias cosas. En primer lugar estuvo el factor suerte, que lo tengo que reconocer (se ríe). También creo que pesa mucho la cuestión de las referencias. Para la Guggenheim hay que tener cuatro referencistas, que tienen que ser gente de renombre, porque eso es lo que marca, para la Fundación Guggenheim, el reconocimiento internacional que uno pueda tener. Y yo tenía cuatro referencistas muy prestigiosos. Por otro lado, creo que el proyecto que presenté es sólido, en el sentido de que tengo trabajos anteriores que muestran que estamos bien encaminados. Y, además, es un tema que puede tener fuerte impacto.

– ¿Por qué tendría fuerte impacto?

– Porque sería una nueva molécula endógena que podría tener funciones de señalización importantes y que, a lo mejor, ahora se le están atribuyendo a otra molécula.

– ¿Qué es lo que más te gusta de tu trabajo?

– Desde que empecé, lo que siempre me gustó es obtener resultados y analizarlos y encontrar cosas nuevas. Ahora tengo un montón de funciones más administrativas, como pedir subsidios, becas, etc., pero a mí me sigue gustando que venga un alumno con un problema de algo que parece novedoso, o raro, o distinto y que, a veces, termina no siendo novedoso. Pero eso es lo que a mí me sigue motivando.

– ¿Seguís haciendo experimentos?

– No, hace rato que no los hago.

– ¿Qué es un científico para vos?

– En principio, es un ser humano (risas). Yo creo que un científico es alguien que, en el fondo, busca mejorar de alguna manera a la humanidad. Suena demasiado grande y elocuente, pero uno busca eso con lo más chiquito que pueda hacer. En ese sentido, me parece que el científico es una persona que tiene que ayudar a otros. Hablo dentro del campo de la ciencia porque, aunque me gustaría, creo que no haría ayuda social en un lugar carenciado, porque creo que no lo haría bien. Yo a veces noto que esta es una carrera un poco egoísta, porque es competir contra otros. Y a mí me parece que, como científicos, tenemos que ser de otra manera, tenemos que ayudar. Así como me ayudaron a mí, porque yo también he sido ayudado por otros. Acá el Departamento me ayudó muchísimo cuando llegué y tengo un profundo agradecimiento a los colegas que me han ayudado en tiempos difíciles, y a todos mis tesistas y becarios por el esfuerzo permanente. Esto no lo digo por cumplir, creo que los “logros” de un científico son el resultado del esfuerzo  de muchas personas e instituciones. Creo que la ciencia tendría que ser más solidaria y menos competitiva.

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Francisco Urbano

Mejor Argentina

– ¿Por qué decidiste presentarte a la beca?

– Lo que me decidió es que se trata de una convocatoria abierta, ni siquiera hay que ser científico. El objetivo es ayudar económicamente a personas que quieran realizar cosas novedosas. Nuestro grupo es muy chico y esa financiación nos viene bien, por el dinero en sí y también por el prestigio que te da ser calificado como becario Guggemheim.

– ¿Cómo es la presentación que hay que hacer para participar?

– Son tres documentos que hay que presentar online. Hay que crear una cuenta de usuario en la fundación y subirlos. Uno es del plan de trabajo en el que vas a invertir los fondos. En el segundo tenés que detallar tus antecedentes. El tercer documento es, básicamente, una lista de personas que puedan dar referencias sobre tu persona.

– ¿En qué consiste el plan de trabajo que elaboraste?

– Somos un grupo que estamos en dos centros: en el Instituto de Investigaciones Farmacológicas (ININFA UBA Conicet) dirigido por Verónica Bisagno, en el que también trabaja una becaria, Mariana Raineri; y nosotros, en el IFIBYNE (UBA Conicet) que es donde me reinserté como investigador en el 2007 y donde trabajo con Belén Goitia. Básicamente somos un grupo de neurociencia básica. Empezamos un proyecto en el 2008 sobre drogas de abuso. Lo que vimos es que la cocaína y, tal vez, otras drogas de abuso son capaces de alterar el funcionamiento de dos estructuras que se llaman tálamo y corteza que nosotros usamos, por ejemplo, para ver y oir. Las drogas de abuso las perturban de manera nociva y, en particular, alteran una cosa que se llama inhibición GABAérgica. Es un proyecto muy novedoso que justamente necesita de esos empujones de financiación y de soporte intelectual para salir adelante.

– Es un tema que más allá de lo científico tiene un peso social muy fuerte.

– Tanto Bisagno como yo veníamos de un background por el cual ya teníamos alguna información sobre las alteraciones que provocan las drogas de abuso y teníamos una serie de preguntas para responder. Además, se fueron conociendo cosas muy importantes para la sociedad como, por ejemplo, la problemática del paco, que hace estragos. El mecanismo de acción del paco tiene que ver primordialmente con su contenido de cocaína y no con otras sustancias que se pensaban que eran las causantes principales del daño neuronal. Entonces, si yo puedo describir qué pasa con la cocaína, eventualmente puedo llegar a generar información de dianas farmacológicas para, eventualmente, en un futuro generar una medicación efectiva.

– ¿Esas medicinas apuntarían a revertir el daño cerebral producido por la droga o a combatir la adicción?

– Es muy difícil revertir daños a nivel neuronal pero es relativamente más fácil concientizar a la población de no usar drogas una vez que puedas describir los daños que provocan. Y también puede pasar como con la heroína, que tiene un análogo que es mucho menos adictivo que se les da a las personas adictas, y con eso ayudar a revertir una problemática social muy grave. Son muy amplias las posibilidades que tiene el campo. Pero nosotros, particularmente, queremos saber mejor qué es lo que hace.

-Vos sos español. Te formaste en tu país y en Estados Unidos y llegaste a la Argentina en 2007 ¿Cómo evaluás tu inserción científica en la Facultad y en el país?

– Bueno, en la práctica, la Guggenheim es una demostración de que he podido desarrollar un buen trabajo.

– A muchos les resulta muy llamativo que un ciudadano europeo y mas aún científico, haya venido a trabajar a la Argentina.

– Es que, justamente, en los últimos años todo ese patrón de pensamiento se revirtió. Por ejemplo, actualmente en Estados Unidos es más difícil conseguir un proyecto que en Argentina. Esto ya lo había dicho al poco tiempo de llegar aquí (ver Cable 709) y cuatro años después se confirmó absolutamente. En Europa es incluso peor para los jóvenes investigadores. Porque la mayoría de los países europeos tienen posiciones que dependen directamente del Estado. Si el Estado tiene que sanear cuentas no genera posiciones. Lo mismo ocurrió en Argentina en los 90. La realidad es que no sólo hemos podido desarrollar una línea nueva sino que se han incorporado personas jóvenes lo cual demuestra un cierto atractivo para la formación de recursos humanos. Y repito, la Guggenheim no me la dieron por lo que hice antes sino por una combinación de factores entre los cuales está involucrado el hecho de tener una posición permanente y poder demostrar que se hicieron una serie de estudios novedosos. Eso último depende directamente de la política científica argentina porque, en Estados Unidos, conseguir una posición permanente con financiación es, para nuestros estándares, prácticamente imposible. No hay que olvidar que antes de esta beca nuestro proyecto recibió un PICT que está financiado por la Agencia a través del Estado. Y eso depende también de la inserción en la carrera del Conicet. Entonces, la conclusión directa en mi caso particular es exitosa por donde la mires. Nosotros hicimos algo acá que no pensamos que podríamos hacer en ningún otro lugar y eso es un hecho objetivo.

Fuente: El Cable Nro. 774

Gabriel Stekolschik