Con la cabeza en la Tierra

El martes pasado se llevó a cabo el examen final de la primera edición de la Olimpíada de las Ciencias de la Tierra organizada por la Facultad. Participaron sesenta estudiantes secundarios de la Ciudad y el Conurbano bonaerense. Los ganadores podrán viajar a la etapa internacional de la competencia que se desarrollará el año próximo en Taiwán.

29 de octubre de 2008

“Hacia fines de 2004 la Organización Internacional de Enseñanza de las Geociencias realizó una reunión en Seúl donde, a propuesta de Corea, se decidió organizar una olimpíada internacional como una forma de promover el estudio de las ciencias de la Tierra, especialmente en aquellos países en los cuales no tiene demasiado peso en los programas escolares”, recuerda José Selles Martínez, investigador del Departamento de Geología y uno de los impulsores del proyecto.

Selles regresó al país y presentó la iniciativa ante las autoridades de la Facultad en marzo de 2005. A partir de ese momento comenzaron a implementarse los distintos pasos necesarios para pasar de la idea al hecho concreto y finalmente en 2007 se creó oficialmente el programa. “Desde el principio me pareció una idea súper interesante. Creía que la Facultad, cómo única institución del país que cuenta, además de Geología, con las carreras de Ciencias de la Atmósfera y de Oceanografía, tenía que ser la organizadora de esta olimpíada”, hace memoria Matilde Rusticucci, investigadora del Departamento de Ciencias de la Atmósfera y los Océanos y secretaria académica adjunta de la Facultad.

Se creó entonces un comité organizador y se convocó a integrantes de los departamentos mencionados y del CEFIEC para avanzar con la propuesta. Al mismo tiempo había que comenzar a difundir la iniciativa entre las escuelas secundarias. Para eso, como primer paso, se aprovechó la realización de la Semana de las Ciencias de la Tierra, en octubre del año pasado, durante la cual se entregaron volantes a los alumnos y docentes participantes. Al mismo tiempo se utilizó la base de datos de colegios de la Dirección de Orientación Vocacional de la SEGB para enviar la información sobre esta nueva actividad por correo electrónico. Sin embargo, hubo que superar algunos obstáculos complicados.

“El problema es que Ciencias de la Tierra no existe como tal en la currícula secundaria. Los temas que la integran están muy dispersos en distintas materias. Entonces, ¿a qué profesores debíamos dirigirnos? Nos pareció que geografía era la materia que más se aproximaba”, explica Rusticucci y añade, “en los comienzos tuvo mucha repercusión, recibimos muchos mails. Pero después cuando vieron que la participación requería un esfuerzo importante, varios desistieron. Pero los que quedaron, siguieron hasta el final”.

Del amplio marco de temas que abarcan las ciencias de la Tierra, los organizadores decidieron que en esta oportunidad el examen iba a tomar como eje la cuestión de las inundaciones de la llanura pampeana. “Pensamos que si bien era un tema acotado, tenía la ventaja de que abarcaba tanto a la geología como a la meteorología”, explica Rusticucci.

Finalmente llegó el gran día. El martes 21 de octubre se presentaron sesenta chicos de diez colegios de Capital y el gran Buenos Aires. La prueba tuvo todas las características de un examen de facultad. Los chicos fueron distribuidos en el Aula Magna, separados fila por medio, cada cuatro asientos y sólo con una lapicera en la mano. “Entraron con unas caras de susto terribles. Tratamos de hacerles bromas para distenderlos un poco. Pero tenían claro que el examen era serio”, cuenta Selles.

Más allá de los resultados académicos, todos coinciden en que la experiencia resultó muy positiva para los chicos. “En muchos casos era la primera vez de pisaban la UBA. La magnitud del edificio, el ambiente, los impactó. Además esta interacción es útil para disminuir la brusquedad del cambio que significa pasar del secundario a la universidad”, opina María Elena Fuhr, profesora de geografía.

Una vez corregidos los exámenes la idea es formar un grupo con los alumnos que obtuvieron los mejores resultados y brindarles una preparación especial durante el año que viene para que puedan participar de la olimpíada internacional que se llevará a cabo en Taiwán. Sin embargo, para concretar ese paso, falta resolver un pequeño detalle: la financiación. “Un punto importante es que los organizadores se hacen cargo de la estadía. Por lo tanto sólo necesitamos el dinero de los pasajes, que, por tratarse de Taiwán, no son baratos. Vamos a recurrir a todas las instancias. Incluso desde los colegios nos dijeron que van a ayudar a reunir los fondos”, se esperanza Rusticucci.

La intención es que la iniciativa continúe y que vaya ganando tradición con el paso del tiempo. Para eso, una vez más, será clave obtener financiamiento porque la actual edición pudo concretarse gracias al trabajo voluntario de todos los participantes. “Por ahora nadie cobra un peso, es todo por amor al arte -sonríe Selles-. “Nuestro interés es pasar a formar parte del Programa de Olimpíadas del Ministerio de Educación -sostiene Rusticucci-. Para lograr eso primero hay que lograr que el Ministerio la considere una olimpíada como la de química o la de matemática, que ya tienen mucha más historia. Esto recién comienza, estamos abriendo un camino que esperamos que tenga sus frutos”.

Fuente: El Cable Nro. 705

Gabriel Rocca