Con los pies en la tierra
En una pequeña escuela de la villa La Cárcova, en José León Suárez, se llevó a cabo un congreso de matemáticos de Exactas para escuchar e intercambiar experiencias con André Galligo, catedrático de la Universidad de Niza. La iniciativa fue organizada por el profesor Joos Heintz y Lidia Quinteros, delegada de los cartoneros de la zona.
Lidia Quinteros y Joos Heintz, se conocieron en plena crisis, en la Asamblea de Palermo. Luego de realizar algunas tareas conjuntas, como la vacunación contra el tétanos para los cartoneros, surgió la idea la construir una escuela para los chicos de villa La Cárcova. Así, en 2004, nació el colegio “Sin pan y sin trabajo”, un establecimiento que, ambos coincidían, tenía que desarrollar actividades mucho más amplias que el apoyo escolar.
A continuación, los principales pasajes de la entrevista que Heintz mantuvo con el Cable en la que, este doctor en matemática por la Universidad de Zurich y profesor de la Facultad, cuenta los objetivos de esta movida y critica la manera en que se hace ciencia en la actualidad.
– ¿Cómo surgió la idea de hacer esta reunión en La Cárcova?
– Yo creo que este tipo de actividades resultan llamativas porque se parte de la idea de que la cultura pertenece a una clase social. Y no es una idea que yo comparto. Ni Lidia Quinteros que es la cartonera que, en realidad, organizó todo esto. La cultura en sus variadas manifestaciones debe ser de todos. Entonces no veo ninguna razón por la cual, las manifestaciones de ciencia o de arte, tienen que desarrollarse en un ambiente de clase media. Por ejemplo, antes de que naciera la clase media, Mozart tocaba sólo en las cortes de la nobleza. La ciencia no siempre fue como la conocemos hoy. Durante los siglos XVIII y XIX los desarrollos científicos frecuentemente surgían de problemas que había que resolver y no de técnicas y herramientas que había que aplicar. Todo eso de “yo estoy en mi cuartito, pienso una herramienta científica y después, como la administración me está hinchando las pelotas busco una aplicación donde pueda usar mi técnica y entonces aparece una empresa que me da dinero y me da posibilidades de mostrar lo listo que soy”. Todo eso es algo que yo considero muy negativo.
– Lo cierto es que no es algo habitual que se realicen este tipo de encuentros en una villa.
– Sí, pero eso, creo yo, se debe a que la clase media se apropió de una parte de la cultura de la humanidad. Y encima la administra pésimamente mal. Además declaró la cultura propia como absoluta. Normalmente van a las villas, para adoctrinar, para hacer de misioneros, es muy difícil sacarles eso de la cabeza.
– ¿Cuáles fueron los objetivos de esta iniciativa?
– Quiero aclarar que esto no tiene nada que ver con “ayudar” a la gente del lugar. Las personas que reciben ayuda tienen que decir gracias y yo creo que la gente lo que tiene son derechos. Por eso yo no llevo a nadie para ayudar, más bien los espanto. Lo que yo quiero es que los científicos se enfrenten con la realidad. Y también acercar los mundos, por lo menos para que haya contacto físico, que las cosas se vean, que no todo sea tan abstracto. Yo creo que a los científicos les viene muy bien enfrentarse con los problemas y no simplemente buscar aplicaciones para lo que hacen.
– ¿Es la primera vez que se produce un encuentro de estas características en el lugar?
– En 2004 cuando construimos la escuela con Lidia Quinteros, siempre fuimos de la idea de utilizar la escuela para llevar a cabo este tipo de encuentros. Al principio pensamos en apoyo escolar, pero las realidades eran diferentes, venían chicos de sexto grado que no sabían leer. Entonces la escuela se convirtió rápidamente en una escuela de alfabetización, donde aparecieron grandísimos problemas. En realidad ya hace un año y medio que el proyecto está parado. Ahora vamos a reabrirla y el encuentro era para dar un inicio simbólico. También hemos pensado utilizar la escuela para formación de adultos, organizando talleres de salud, de electricidad, y también talleres de ciencias sociales. Yo pienso seguir haciendo encuentros con científicos.
– ¿Qué reacción tuvo André Galligo cuando se enteró de dónde iba a ser la charla?
– No le dejé lugar para opinar (ríe). El también se metió en el lío al decir que era como un niño a pesar de tener 60 años. Entonces yo le dije: “A los niños les gustan las aventuras, entonces ahora vas a venir a la villa”.
– ¿Cuál fue el nivel científico del encuentro?
– El concepto de un congreso internacional importante es hacerse ver. No tanto discutir, ni escuchar. Hay también otros conceptos de workshops donde desde arriba se fomenta que la gente discuta, pero a veces funciona y a veces no. Acá directamente en la convocatoria escribí que no quería que cuenten papers ya hechos, sino que cuenten problemas y eso resultó muy bien. Yo diría que desde el punto de vista de la originalidad el evento tuvo un nivel considerablemente superior a un congreso normal y todos pensaban eso, según me dijeron.
– ¿Cree que la experiencia habrá dejado alguna marca entre los asistentes?
– Yo le tengo que decir que no hice todo el programa que tenía en mente. Pensaba llevarlos hasta el CEAMSE para que vean a los cirujas y también hasta una recicladora que estamos construyendo con Lidia. Pero bueno, estaban todos reventados y eso quedó para otra ocasión. Por lo menos vieron un poco la organización, cómo vive la gente, aunque no vieron las casas por adentro. Yo creo que los participantes, sobre todo los jóvenes. quedaron impresionados, aunque es un poco temprano para asegurarlo.
Fuente: El Cable Nro. 668

Facultad de Ciencias Exactas y Naturales - Universidad de Buenos Aires - Argentina