Convenio y algunos resultados

La Facultad firmó, este sábado, un convenio con el municipio de Gualeguaychú para darle marco a la asistencia científica que realiza sobre la problemática ambiental del río Uruguay. Investigadores de Exactas expresaron que, hasta el momento, los niveles de compuestos peligrosos son bajos. Pero las condiciones atmosféricas del lugar hacen a la zona susceptible de contaminación.

20 de noviembre de 2007

En el edificio municipal de Gualeguaychú hay un mural inmenso que ocupa tres de sus paredes. Fue pintado hace poco tiempo por docentes de la ciudad y representa la lucha de la gente del lugar contra las pasteras. No está en un patio o en un sector lateral: todo aquel que entra al edificio se choca, cuando decide subir las escaleras, con ese testimonio que, además de la propia lucha, indica sin vueltas que la voluntad popular ganó un espacio en el centro de la tradición política.

El sábado pasado, escaleras arriba, en la sala del Consejo Deliberante, funcionarios municipales, asambleístas y demás ciudadanos recibieron a las autoridades de la Facultad de Ciencias Exactas y Naturales y a varios de los investigadores que integran el equipo que trabajó en la determinación de la línea de base río Uruguay, estudio que permite conocer el estado actual de la zona para compararlo con un escenario de potencial contaminación.
El decano Jorge Aliaga y el intendente Daniel Irigoyen firmaron un convenio que le da marco a la colaboración científica que Exactas viene realizando desde hace un año con la ciudad entrerriana (ver el Cable 670).

Pero la mayor ansiedad del día la generó la difusión de los resultados preliminares del estado actual del río por parte del geólogo Héctor Ostera, coordinador del equipo, y la meteoróloga Inés Camilloni, a cargo del estudio atmosférico. Camilloni precisó que, hasta la puesta en marcha de Botnia, el aire gualeguaychense no presentaba elementos contaminantes en niveles superiores a los permitidos. Y agregó un dato que merece atención: las condiciones atmosféricas de la zona no son nada propicias para diluir la contaminación que inyecte la pastera.

Arrancó la presentación Ostera, quien destacó que la realización de los estudios surgió de la inquietud de la intendencia frente al posible problema de contaminación. “Sabíamos de entrada que el problema era complejo, multidisciplinario y tenía fuertes connotaciones emotivas, por lo cual la intención fue que el equipo tomara un perfil bajo y concentrarnos en hacer todo lo que pudiéramos para disponer de un nivel de base de manera de ser contrastado con posteriores muestreos”, indicó el geólogo nativo de Gualeguaychú.

Asumiendo el carácter multidisciplinario que imponía la situación, Exactas, desde un inicio, integró el grupo con geólogos, especialistas en ciencias de atmósfera y biólogos. Y también convocó a técnicos de la Comisión Nacional de Energía Atómica, investigadores de la Universidad Nacional de Luján y del Comahue. Se conformó un equipo de trabajo que, en palabras de Ostera, “se propuso establecer indicadores como parámetros de contaminación y, para eso, realizar un muestreo sistemático de elementos potencialmente peligrosos de manera tal que nos permitiera empezar con una lupa grande y terminar con microscopio”, metaforizó. De esta manera, se analizó el material particulado, la constitución del zoo y del fitoplancton y se realizaron estudios ecotoxicológicos, todo complementado por el modelado del transporte de los contaminantes. A la hora de hablar de resultados, Ostera indicó que falta un tiempo para que las huellas isotópicas, que son su especialidad, arrojen datos concretos.

Inés Camilloni le siguió a Ostera. La meteoróloga traía los datos más concretos porque el aire resulta ser más inmediatamente alcahuete que el agua, los sedimentos o los biomas como índice de contaminación. Sin intención de potenciar un interés que ya se advertía en la sala, Camilloni abrió con una frase prometedora: “Nos parece oportuno que empiecen a conocer algunos de los resultados que estamos obteniendo”. Primero indicó la forma de trabajo y sus objetivos generales: describir las características climáticas de región, establecer la dispersión de contaminantes emitidos por la chimenea de la planta y realizar mediciones que determinen las condiciones de la atmósfera antes de la puesta en marcha de la planta.

Peligros a la vista

Power point mediante, Camilloni repasó cada uno de los puntos de la zona donde se establecieron equipos de medición del aire y los resultados que arrojó cada uno, siempre resaltando que todos los datos correspondían a instancias anteriores respecto de la puesta en marcha oficial de Botnia, aunque contemplaba posibles pruebas de funcionamiento realizadas en la planta.

Un dato importante: “Todas las concentraciones de elementos contaminantes que encontramos están muy por debajo de los límites permisibles establecidos por normas nacionales e internacionales”, indicó Camilloni. Y entre ellos cuentan los compuestos azufrados que provocaron el ya famoso “olor a coliflor”, que son de relevancia no por su nivel de toxicidad sino, justamente, por la generación de olores.

Y un dato que exige atención, también en palabras de Camilloni: “La atmósfera de la región presenta un volumen limitado para dispersar contaminantes, principalmente durante los meses de otoño e invierno. Su atmósfera, por ser estable, no representa la condición más favorable para diluirlos”.

El hecho de que la capacidad de la atmósfera sea limitada para diluir y, por lo tanto, neutralizar elementos peligrosos del aire durante varios meses del año, indica que “eventuales inyecciones de emisiones de contaminantes pueden llevar a episodios de contaminación severa”, aseguró la meteoróloga de Exactas.

Después de las exposiciones de los investigadores de la Facultad, hubo algunas intervenciones del público. Un asambleísta, preocupado por el futuro del litigio internacional, consideró que, si el estudio fue realizado por argentinos, Uruguay podría invalidarlo atribuyéndole parcialidad. Contestó Héctor Ostera: “Fue lamentable que hayamos tenido que limitarnos al sector argentino, pero ¿esto invalida los estudios? No, porque gracias al conocimiento de las dinámicas de los ríos, muchos de los sectores donde se pueden acumular potencialmente los compuestos peligrosos están en el sector argentino”. Y ese es el caso de la zona del balneario Ñandubaysal, al sur de la ciudad.

También agregró Ostera que “nuestro grupo no trabaja con palabras; trabajamos con datos, trabajamos con hechos, con mediciones” y concluyó dando pie a un tema que todavía está en una instancia de definiciones, que es el de cómo se trabajará a futuro. “Cuando la planta entre en régimen va a haber que considerar que nosotros estamos vigilando un proceso industrial y en procesos industriales se vigila continuamente; es necesario que tengamos un programa de vigilancia continua y es importante que lo realice gente entrenada, que viva acá”. Los aplausos del público cerraron su intervención.

El caballo y el río

Como dice la canción, el futuro llegó hace rato. Lo que hace dos años fue un anuncio del gobierno uruguayo, hoy es un monstruo que se ve desde la orilla argentina del río y tira humo por su chimenea. Frente a esta realidad, la opción de medir factores de contaminación se cae de madura, pero las decisiones se dilatan. Más allá de la propuesta y trabajo concretos de Exactas y la Municipalidad de Gualeguaychú, en el nivel nacional todavía no se establecieron medidas ni se terminaron de integrar grupos de trabajo, aunque es esperable que suceda durante esta semana: por ahora hubo anuncios generales de la Secretaría de Medio Ambiente a través de los diarios y sin identificación de fuentes consultadas.

Después de la firma del convenio, el decano Aliaga se dirigió al público comenzando con una mención para el intendente saliente de Gualeguaychú: “desde el poder político hubo una percepción de que lo que había que hacer era medir. Y se hizo en el momento adecuado. Agradezco a la intendencia que percibió que nosotros podíamos darle una respuesta”, indicó. Asimismo, Aliaga aclaró que el trabajo científico que hizo Exactas se llevó a cabo con las limitaciones del caso, porque “tampoco tenemos una enorme cantidad de recursos, y lo que puso en buena medida la Facultad fue el sueldo de los docentes que estuvieron trabajando. La intendencia hizo un enorme esfuerzo con los costos de los estudios que no son excesivos a una escala nacional pero a escala municipal son importantes”.

Y volviendo a tema de la continuidad, el decano indicó que esperaba que se dieran las condiciones para que el estudio de la zona pudiera seguir su paso y consideró fundamental que “este equipo pueda continuar trabajando, porque hubo una metodología que se vino aplicando y lo mejor sería no cambiar de caballo a mitad del río”.

Al respecto, también fue muy explícito el intendente Irigoyen cuando le tocó el turno de cerrar las exposiciones, quien agradeció profundamente a los científicos de Exactas y comentó que “ellos son parte del paisaje del Gualeguaychú”. “Acá se une el mejor saber científico del país, con la confianza que le tiene la gente de Gualeguaychú a las personas de este equipo”, dijo Irigoyen e insistió en que “hay que apostar a que este equipo no se disuelva y avanzar en equipamiento para medir de la mejor forma posible”.

El 10 de diciembre habrá cambio de autoridades también en Gualeguaychú, e Irigoyen dejará su cargo en manos del intendente electo, quien continuaría con la misma política que se inició en 2005. “En aquel momento -indicó Irigoyen- le pregunté a Ostera ´¿qué hago?’, porque yo soy político y no entiendo nada de ciencia, y quería que me dijeran con certeza si esto contaminaba. `Lo importante es que empiecen ya´, me dijo”. Y desde un primer momento, tanto la municipalidad como la Facultad pusieron en conocimiento de las autoridades nacionales de Cancillería y de Medio Ambiente las tareas que se estaban realizando.

Muchos de los asistentes destacaron el valor del trabajo realizado y fue el intendente quien, más allá de todas las consideraciones positivas frente a la posibilidad de probar contaminación futura, trajo los resultados obtenidos hasta el momento para alertar sobre la presencia de elementos peligrosos. “Las pruebas del aire -comentó Irigoyen- nos permitieron detectar que, si bien en las dimensiones permitidas, durante tres días en Gualeguaychú se detectaron compuestos azufrados. Es en poca cantidad, pero esto no estaba y ahora está empezando a estar, en cantidades pequeñas, pero está empezando a estar”.

Delegación
La firma del convenio fue el sábado pasado, 17 de noviembre, a las 11 de la mañana en la sala del Consejo Deliberante de Gualeguaychú. Estuvieron presentes, por parte de la gestión, el decano, Jorge Aliaga; la vicedecana, Carolina Vera; los secretarios de Investigación Científica y Tecnológica, Juan Carlos Reboreda y Laura Pregliasco; y los secretarios de Extensión, Graduados y Bienestar, Claudia Pérez Leirós y Diego Quesada Allué. De los investigadores que participaron de la determinación de la línea de base, estuvieron Héctor Ostera, Inés Camilloni y Moira Doyle, de Exactas y Carlos Romero, de la Comisión Nacional de Energía Atómica.

Fuente: El Cable Nro. 671

Armando Doria