Cuidar el patrimonio
La Biblioteca Central de la Facultad acaba de comenzar una nueva etapa en la conservación de su patrimonio. Desde diciembre, incorporó a una especialista en el tema que estará a cargo de la protección del patrimonio bibliográfico y documental de todos los sectores.
Sentencia difícil de asimilar: “Igual que nosotros, cada libro va sufriendo la degradación del paso del tiempo”, comenta María José Zamorano, la preservadora que ingresó a la Biblioteca Luis Federico Leloir en diciembre del año pasado. Más allá de las consideraciones metafísicas, Zamorano continuó hablando sobre los libros: “el cuidado de los ejemplares sólo puede darse mediante el control del medio ambiente, una manipulación y almacenamiento adecuados”. Su tarea consiste en realizar un diagnóstico completo del material de la Biblioteca, un plan de acción general y su seguimiento.
El enfoque de la preservación no es nuevo en la Biblioteca; comenzó en 2001, cinco años después de que esa dependencia realizara la fuerte modernización, a través de un crédito FOMEC, que la convirtió en un lugar de punta dentro de la UBA. “En ese momento, se reubicó material y se puso en práctica una gran cantidad de recomendaciones para preservar los materiales. Al mismo tiempo, comenzó el proyecto de la actual Sala de Preservación, que contiene materiales en condiciones controladas de temperatura y humedad”, indica Ana Sanllorenti, la directora de la Biblioteca.
El problema comenzó cuando hubo que continuar el proyecto. Al no haber en la Biblioteca un sector encargado del tema, comenzó a registrarse un decaimiento en la atención frente a la preservación, de ahí el interés de Sanllorenti por incluir dentro de su equipo a un especialista: “Aunque parezca mentira, la preservación como corpus de conocimiento es muy nuevo en el país y tiene que ver con que los libros comenzaron a envejecer y se creó una nueva necesidad”. Para eso llegó Zamorano.
Una tarea que comienza
A la nueva integrante del equipo, que está en acción desde diciembre del año pasado, los primeros calores la encontraron junto a los anaqueles, limpiando en forma exhaustiva ejemplares de una colección antigua recién llegada. Para su trabajo usa cepillos, pinceles y suplementos para pasar las hojas sin tocarlas; cofia, delantal, guantes y barbijo. Pero aunque comenzó con trabajos manuales, está en la Facultad para una tarea integral. “Todavía no pude terminar mi diagnóstico, ni mi plan completo de preservación porque tuve que redactar rutinas de limpieza para los libros de la sección circulante, del depósito y hacer seguimientos de esas rutinas”, indica Zamorano, diseñadora, casi licenciada en Bellas Artes y con experiencia en preservación de la colección antigua de la Compañía de Jesús y en el Museo Mitre. Bajo su competencia no están sólo los libros de la Sala de Preservación (que Zamorano define como “un lugar privilegiado”) sino que es responsable de los materiales bibliográficos de todos los sectores de la Biblioteca.
Como marca de nueva etapa, la especialista quiere empezar el año con campañas de concientización de los usuarios. En lo concreto, cada libro que salga de la Biblioteca llevará un instructivo de dos carillas que indicará una serie de cuidados básicos.
Un paso que ya se dio fue iniciar un nuevo registro del material. Zamorano implementó una caracterización de los libros según su estado. “Al tiempo que censamos si todos los libros están debidamente registrados -comentó Sanllorenti-, comenzamos a tomar nota del grado y tipo de deterioro de cada ejemplar. Esa información se puede cruzar con la frecuencia de uso del libro, campo de conocimiento que abarca, etcétera, y eso puede ayudar de determinar prioridades a la hora de restaurar”.
“Hay que ver la biblioteca como un todo ya que todo tiene que ver con la preservación: el edificio, la estructura, el mobiliario y las obras”, dijo Zamorano que, al detenerse en la larga fila de anaqueles de la Biblioteca dice verla gigante. Es gigante: guarda 64.000 ejemplares de libros, 3.514 títulos de revistas, 4.089 tesis doctorales, mapas, videos y fotografías.
Respecto de tareas específicas de prevención, Zamorano cuenta que parte de su trabajo consiste en “analizar un documento y establecer si necesita una carpeta, una caja u otro tipo de suplemento para preservarlo”, y los fabrica ella misma. También se pueden hacer algunas intervenciones mínimas sobre el material con el fin de prolongar su uso antes de que llegue al momento de la restauración. “Estas intervenciones exigen un examen exhaustivo de la obra, de las alteraciones y de las reacciones entre los diferentes elementos constitutivos”, aseguró la preservadora. “A diferencia de la restauración, que es mucho más vistosa, la conservación está oculta, es el trabajo silencioso, preventivo”, relató la especialista, que considera que su actividad “es muy nueva y poco visible, por lo que cuesta mucho hacer entender su importancia”.
Fuente: El Cable Nro. 676

Facultad de Ciencias Exactas y Naturales - Universidad de Buenos Aires - Argentina