Del big bang al celular

Un equipo de estudiantes de las distintas carreras que se dictan en la Facultad, que forman parte del Programa Divulgadores, brindaron una charla en la cárcel de mujeres de Ezeiza. En una hora recorrieron, desde diferentes perspectivas, trece mil setecientos millones de años de historia del universo.

19 de agosto de 2009

Desde 1985, con el programa UBA XXII, la Universidad ingresó en las cárceles y pudo comenzar a dictar en Devoto, Caseros (ya desaparecida) y Ezeiza algunas de sus carreras: Derecho, Psicología, Sociología, Contador Público y Administración de empresas.

A partir de una iniciativa de la entonces Secretaría de Extensión Universitaria, Exactas se incorporó al proyecto en 1991 a través de la realización de talleres extracurriculares.

En relación con el Instituto Correccional de Mujeres № 3 de Ezeiza, la Facultad participó desde el inicio mismo del Centro de Estudios en 1994 y fue una de las promotoras para conseguir en 2006, que ese Centro se hiciera de un espacio propio dentro de la unidad.

Ese mismo año surgió la idea de llevar una actividad diferente de los talleres. “La idea era mostrar todas las disciplinas que se enseñan e investigan en la Facultad a una población que se encuentra bastante alejada de esas temáticas. Y para eso nos pareció ideal convocar a los divulgadores, porque además de manejar los contenidos de las diferentes ciencias saben exponerlos de manera tal que puedan ser entendidos por todo tipo de público”, recuerda Nair Repollo, coordinadora de los talleres del Programa UBA XXII de la SEGB.

Desde el programa Divulgadores, si bien están más acostumbrados a llevar sus actividades a las escuelas, la idea fue muy bien recibida. “Nosotros somos parte de la universidad pública, por eso creemos que constituye una obligación comunicar los conocimientos, que la Facultad enseña y crea, a sus verdaderos sostenedores, es decir a toda la comunidad. De allí que estemos preparados para ir, además de a colegios, a bachilleratos populares, centros de jubilados, la Feria del Libro y por supuesto los centros universitarios de Devoto y Ezeiza”, sostiene el físico Guillermo Mattei, coordinador del Equipo de Popularización de la Ciencia de la SEGB.

Faltaba saber entonces si esta actividad podía ser realmente de interés para los internos y las internas. “Ellos siempre están muy receptivos a toda actividad nueva que se les pueda plantear. La idea era hacerla en un día y una hora en donde no hubiera otro tipo de actividades de manera que pudieran estar disponibles para venir si les interesaba. Y se interesaron. La concurrencia siempre fue muy buena”, cuenta Repollo.

El equipo de divulgadores decidió presentar una charla llamada “El Génesis” que propone una mirada interdisciplinaria para recorrer en apenas una hora desde los orígenes del universo, pasando por la creación de la Tierra, la vida, la evolución de la especie humana, el pensamiento abstracto, el surgimiento de la matemática y la computación, para finalizar en el objeto fetiche de la sociedad actual: el celular.

La visita

La tarde del 29 de junio se presentó fría y nublada. Un viento helado recorría los espacios que separan las distintas construcciones que conforman la penitenciaría. Se percibía en el ambiente una cierta excitación ante la presencia de un grupo de universitarios ajenos a la cotidianidad del lugar. Las autoridades permitieron la utilización de un aula especialmente grande para posibilitar que, además de las universitarias, pudieran asistir las internas que están cursando la escuela primaria y secundaria. Las paredes totalmente blancas de la habitación facilitaron la proyección de un archivo power point especialmente diseñado para el encuentro.

Luego de presentar a todos los integrantes del grupo, Mattei arrancó con la exposición y se zambulló en el pasado muy lejano, para contar que en sus orígenes todo lo que forma el universo, la materia, la energía, el tiempo, estaba concentrado en un volumen muchísimo más chico que la cabeza de un alfiler. Y que unos 13.700 millones de años atrás se produjo una explosión, que los científicos denominan big bang, a partir de la cual todo comenzó a separarse. “El universo -explicó- se comporta como una masa de pan dulce en el horno. Al calentarse la masa empieza a expandirse y las pasas de uva que hay en su interior se van separando cada vez más. Y no sólo ocurre esto con las pasas de uva, es decir, con las galaxias, estrellas, planetas, sino también con la propia masa, que sería el espacio-tiempo, que también se estira. Pero esto último es muy difícil de imaginar”, dijo con razón.

Entonces, a partir de la acumulación de energía y polvo cósmico, fueron cobrando forma las galaxias, vecindarios donde se reúnen millones de estrellas, algunas de la cuales giran en forma de remolino “como el agua se escurre por la pileta”. Y así llegamos a la Vía Láctea, nuestra galaxia. En sus suburbios se formó una estrella que conocemos como el Sol y alrededor de él orbitan varias planetas, entre ellos, nuestro hogar, la Tierra. “Como pueden ver no somos el centro del universo como postularon algunas culturas antiguas”, disparó Mattei justo al centro de nuestros egos.

En ese punto tomó la posta el estudiante de Geología, Luis Darío Benedito, para explicar cómo se formó nuestro planeta del choque de dos cuerpos celeste y que, del polvo de esa colisión, surgió la Luna. También detalló la estructura interna del planeta, con su núcleo interno sólido, el núcleo externo líquido, el manto y su comportamiento “plástico”, y por último, la corteza. “Es la capa más angosta, tiene apenas seis kilómetros de ancho pero es la más importante porque es la capa sobre la que vivimos”.

Luego llegó el momento de la tectónica de placas y los continentes viajeros. Primero estuvieron todos juntos formando Pangea, después se separaron en Eurasia y Gondwana, para finalmente tomar su forma actual, que no será la definitiva porque se siguen moviendo. Y al ritmo de esos movimientos de las placas y sus choques continentales fueron surgiendo las cordilleras y cobraron vida los volcanes.

Continuó con el relato María Eugenia Dillon, estudiante de Ciencias de la Atmósfera y los Océanos, para contar de dónde salió el agua que cubre el 70 por ciento del planeta, que curiosamente se llama Tierra. Dijo entonces que en ese primitivo mundo convulsionado, de las continuas erupciones volcánicas, además de lava, también surgían grandes cantidades de vapor de agua, que fueron formando las nubes. Luego de millones de años de lluvias se formaron los océanos. Agregó que esos océanos tienen una circulación llamada termomarina que redistribuye la energía solar entre el ecuador y los polos. Y aparecieron las mareas producidas por el “tironeo” que ejerce la gravedad lunar sobre el agua marina.

Entró en escena también la atmósfera que en principio contenía gases muy diferentes a los actuales y las plantas que, con su proceso de fotosíntesis, tuvieron un papel central para darle a la atmósfera el contenido suficiente de oxígeno que hoy respiramos. En este proceso se formó también la famosa capa de ozono que filtra el paso de los rayos ultravioleta, que son dañinos para todos los seres vivos. Si esta capa no existiera no podría haber vida en el planeta.

Entró en escena entonces el estudiante de Química, Gabriel Salierno, para contestar cómo es posible que de una especie de pelota de lava incandescente, sin oxígeno, con una atmósfera llena de gases venenosos y bombardeada intensamente por meteoros y cometas, surgiera la vida. Contó que todavía no se sabe con certeza pero que, a partir de diferentes experimentos, se puede decir que en ese caldo primigenio, se fueron formando las moléculas que posteriormente se unirían, se harían más complejas y finalmente originarían las biomoléculas. Y que la lava tuvo un papel fundamental como catalizador, o sea, como promotor de ese proceso.

También narró que ya en el siglo XIX los naturalistas consideraban que toda la vida en la Tierra provenía de un único ancestro común y que todos los organismos vivientes tienen inscripto en sus células un código con información que sorprendentemente dice en cada caso cosas distintas pero que está escrito en el mismo idioma. Es el famoso ADN.

Llegó el turno de María Sol Ruiz, estudiante de biología, para detallar cómo a partir de las bacterias, que según se cree fueron los primeros seres vivos, surgieron los millones de especies animales y vegetales que poblaron la Tierra a lo largo de su historia. Se presenta entonces la teoría de la selección natural para explicar cómo los individuos mejor adaptados al ambiente proliferan más y cómo su descendencia va a heredar esas características. Y así ocurrió durante millones de años en muy diferentes ambientes.

Entre todas las distintas especies aparecieron los antecesores de los humanos: los primates. Debido a un cambio climático, hace 14 millones de años, un grupo de esos primates bajó de los árboles y comenzó a vivir en las pasturas, donde la postura erecta constituyó una ventaja adaptativa. A partir del hallazgo de esqueletos fósiles los científicos pudieron seguir el camino evolutivo de los homínidos, inferir cómo aprendieron a usar herramientas, a dominar el fuego, a expresarse a través de pinturas. Así también encontraron esqueletos de dos grupos que convivieron hace 40 mil años en Europa, el Homo sapiens y el Neanderthal. Aparentemente el Homo sapiens se impuso y siguió su camino hacia lo que es la especie humana en la actualidad.

Una de las características que favorecieron al Homo sapiens es que desarrolló el pensamiento abstracto, lo que le dio la posibilidad de planificar, pensar en algo que no estaba viendo en ese instante. Fue el momento en que Daniel Grimaldi, estudiante de Matemática, explicó cómo se fue desplegando ese pensamiento. Apareció entonces la habilidad para contar, crear números, ordenar e identificar fenómenos repetitivos como las estaciones. Se crearon los calendarios y se empezó a medir el tiempo. También se pudieron medir longitudes y se originó la geometría; y apareció Tales de Mileto y Pitágoras con su famoso teorema y Euclides con sus seis libros que “son como la Biblia para los matemáticos”.

Se crearon los algoritmos y finalmente llegamos a las computadoras, que también evolucionaron y se hicieron cada vez más poderosas y pequeñas: de las primeras, que ocupaban una habitación entera, pasamos a las actuales que caben en la palma de una mano, como los celulares.

El final de la charla fue acompañado por un ruidoso aplauso de las internas que habían seguido todo el relato con gran atención. Enseguida comenzaron las preguntas: sobre el big bang; los volcanes y las erupciones; la forma en que se comunicaban los hombres primitivos; el cambio climático. Se notaba la curiosidad que había despertado la charla y el agradecimiento por la calidad y el empeño con el que expusieron los divulgadores.

Y allí nomás surgió el pedido por un pronto regreso, pero esta vez con una charla más específica sobre alguno de los temas que se habían explicado. ¿Se podrá concretar? “Creo que es totalmente viable. Es cuestión de armar un cronograma. Estaría muy bueno que incluyera actividades más a modo de taller, con una participación un poco más activa del grupo. Realmente tuvo una gran repercusión. Eso es importante y no hay que dejarlo pasar”, se entusiasma Repollo.

Fuente: El Cable Nro. 723

Gabriel Rocca