Detalles que marcan la diferencia

Ya lanzada la quinta edición del concurso INNOVAR, que reparte 400 mil pesos en premios, el Cable mantuvo una extensa charla con Pablo Sierra, coordinador del programa desde sus inicios. Durante la entrevista, el funcionario describió las ideas que dieron origen a la iniciativa, su evolución, sus alcances y limitaciones, y los planes para su desarrollo futuro.

31 de marzo de 2009

Desde su primera edición en el año 2005, el Concurso Nacional de Innovaciones organizado por el Ministerio de Ciencia, Tecnología e Innovación Productiva, se ha convertido en el espacio más importante del país para que investigadores y emprendedores de muy variados campos, puedan encontrar apoyo para que sus creaciones tengan la oportunidad de llegar y difundirse en el mercado.

A lo largo de sus cuatro años de existencia, participaron en INNOVAR, poco más de 7.300 propuestas de nuevos productos. Las presentaciones fueron evolucionando en cantidad y calidad, y, en 2008, se expusieron cuatrocientos proyectos. Además, por primera vez, se recibieron propuestas de todas las provincias.

Este año, se destinarán 400 mil pesos en premios entre ocho categorías (hay dos nuevas), mientras que el máximo ganador se llevará 30 mil pesos. Hay tiempo para inscribirse hasta el 15 de abril (aunque suele haber prórrogas), y sólo se permite hacerlo a través de la página web http://www.innovar.gov.ar

A continuación, los principales pasajes de la charla con el coordinador de INNOVAR, Pablo Sierra.

– ¿Cómo surge la idea de crear este concurso?

– Entre los años 2003 y 2004 hicimos un taller con todos los institutos de ciencia y tecnología. La consigna fue que presentaran casos en los que tuvieron que lidiar con el tema del patentamiento. La idea era analizar cuáles eran los problemas comunes respecto de la transferencia de tecnología. Muchas veces el sistema complejiza mucho este tipo de cuestiones y no logra resolverlas. Lo que termina pasando es que si todos empujan mucho el proyecto termina saliendo pero a través de vías alternativas, porque las empresas necesitan resoluciones rápidas. Lo más probable es que algo de esa transferencia no se quede en el sistema y eso no está bueno porque después restringe tu capacidad para seguir financiando proyectos. Una de las conclusiones del taller fue que no hay ninguna instancia dentro de esta “metáfora” que se denomina sistema nacional de innovación, ya que no hay ninguna oficina que funcione como tal, que localice cuando hay una oportunidad tecnológica, que le facilite al investigador las cosas que necesita para avanzar con el proyecto, y además, que lo comunique para que el resto sepa qué es lo que está llevando adelante, porque son capacidades que le pueden servir a muchas persona más. Lo que sería una oficina de búsqueda de oportunidades tecnológicas. Innovar tiene como origen esa idea. Para lograrlo, la primera cuestión fue tratar de habilitar un espacio en donde vos pudieras convocar y la gente se acercara y mostrar lo que está haciendo. Este es el origen. Proponer plataformas que hicieran visibles situaciones y recursos para acelerar proyectos que de otra manera costaría mucho desarrollarlos.

– ¿A qué público pretendían convocar?

– Desde su primera edición, en 2005, sabíamos que nos interesaba rescatar principalmente a toda esa masa enorme de conocimientos y de oportunidades que hay en los laboratorios, en las universidades, de gente que eventualmente desarrolla un proyecto y que, si después no encuentra un camino que le facilite comercialmente su realización, se queda ahí frenado. También apuntábamos a toda una comunidad de diseñadores, que generaron lo que fue en algún momento la onda de las puntocom. El formato premio, el único antecedente que tenía en la Argentina era el de los inventores.

Nosotros teníamos que despegarnos de eso porque lo que buscábamos era encontrar oportunidades tecnológicas, es decir fruto de metodologías de trabajo, de planes, no del azar. Desde ese entonces hasta hoy, logramos tener un concurso que es bastante respetado en ámbitos académicos a juzgar por el nivel de la gente que presenta los proyectos. El año pasado el ochenta por ciento de las personas que participaron de la exposición era gente que provenía de ámbitos universitarios o ligados a lo universitario. Creo que logramos posicionarnos justo donde queríamos y tener una marca que le sirve a todos aquellos que quieren hacer visibles sus proyectos.

– ¿Cómo fue evolucionando la calidad de las presentaciones a lo largo de estas cuatro ediciones?

– En 2005 se registraron 2300 propuestas y 1100 llegaron a presentar un proyecto por escrito. Era una barbaridad teniendo en cuenta que recién empezábamos. Sin embargo pude hacer una exposición con apenas 50 proyectos porque el resto eran impresentables. Tenía, por ejemplo, veinte palitas para levantar la caca de perro. En la edición 2008, en cambio, nos llegaron 1800 proyectos, se evaluaron 1300 e hicimos una exposición con más de 300 productos. Esta clara mejora en la relación entre proyectos presentados y expuestos es, para mí, el mejor indicador para mostrar le evolución positiva que tuvimos (ver cuadro).

– ¿Qué es lo que el concurso entiende por innovación?

– Innovación es la forma económica que adquiere la novedad. Son modificaciones que se hacen sobre un producto que ya tuvo éxito, que ya está en el mercado y que fue adoptado por la gente. El tipo que innova es el que te genera un pequeño cambio sobre algo que ya existe y te lo hace preferible. Después está la innovación radical que es la que sale de los laboratorios, la que te cambia el paradigma. Pero desde que cambiás el paradigma hasta que sacás el IPod, por ejemplo, pasan varios años. Desde ese punto de vista, el noventa por ciento de las innovaciones se realizan sobre productos que ya existen, y esas son las que más chances tienen de concretarse porque se montan sobre un producto que ya está validado socialmente. Además si mejorás un producto de manera tal que lográs que se consuma más, probablemente te conviertas en una persona importante en la historia evolutiva de ese producto. Por ejemplo: en trescientos años, creo que hubo cinco envases realmente diferentes para transportar leche. Desde los baldes de metal, hasta el actual tetrabrik. Ser uno de los cuatro que inventó alguno de ellos es muy importante. Ahora, estos tipos no inventaron la pólvora. No inventaron algo de la nada y que es absolutamente nuevo u original. Por eso, primer mensaje: uno no tiene que inventar la pólvora para presentarse en INNOVAR, más bien tiene que tener un producto, un concepto bien cerrado que le permitió hacer una pequeña modificación que hizo diferente algo que la gente ya consume naturalmente.

– Más allá del premio ¿qué es lo que el programa le ofrece a una persona que trae su innovación?

– Principalmente, la visibilidad. Las dificultades de comunicación son una de las principales desventajas que tienen los investigadores frente al producto mismo, porque no están acostumbrados a pensarlo en esos términos. Un ejemplo: el año pasado una persona presenta un producto llamado fermento láctico para el control fúngico en panificados. “Pan larga vida”, le dije. “Y bueno, sería una especie de pan larga vida”, me contestó. “Está bien, no es totalmente un pan larga vida -insistí-, pero si yo le digo pan larga vida a Clarín salís en la tapa. Entonces a tu proyecto lo conocen tres millones de personas, cosa que de otra manera no conseguís”. Nosotros intentamos trabajar mucho sobre ese tipo de estrategias. La visibilidad te facilita superar un montón de problemas que tiene el sistema, te genera automáticamente vías que no existían previamente, y, de pronto, te conectás con tipos que están demandando tal solución.

– ¿También imprimen un catálogo con los productos, no?

– Producimos un catálogo de gran calidad, con diseñadores muy grossos. Con fotos realizadas por algunos de los mejores estudios del país. Fotos trabajadas digitalmente que son mejores que el producto sí. Y esa es la idea. La idea es tener una plataforma que circule, que proyecte una imagen profesional sobre todo este movimiento que hay. Porque eso es lo que te va a servir a vos como investigador el día que saques un producto.

– Además del tema de la comunicación, ¿se le da algún otro tipo de herramienta al innovador?

– Estamos trabajando para que a partir de este año podamos entregar también una evaluación certificada, de los mejores proyectos. Hasta ahora nosotros no hacíamos un análisis profundo respecto de los aspectos económicos o los vinculados con la patentabilidad. Quisiera profundizar un poco más en esa línea, analizar cuáles son las ventajas y las desventajas de tu producto dentro del mercado en el que vas a tener que operar. Esta certificación sería clave para cualquier asignación presupuestaria y de créditos y también para cualquier marco de negocios. Si a un inversor de riesgo le das este mismo catálogo y le decís, además, cuál es la situación de cada uno de los proyectos en cuanto a su patentabilidad, qué otros dispositivos similares existen, cómo se venden, cuál es el grado de desarrollo, bueno, es un ayudón enorme para la persona que desarrolló el proyecto. Esto es más trabajo que el que nosotros hacemos hasta ahora para el premio. Porque para hacer visible tu proyecto, no me interesa mucho saber lo viable que es económicamente. Si, en cambio, yo fuera a entregarte plata para que lo lleves adelante, ahí cambiaría la cosa.

– ¿El concurso presenta alguna novedad este año?

– Este año incorporamos dos nuevas categorías. Una se llama “concepto innovador” y, para inscribirse, no es requisito presentar un prototipo. Abarcaría grandes ideas-proyecto. Esto le va a servir muchísimo a la gente de Exactas.

– ¿Creés que el concurso está lo suficientemente firme como para que se mantenga en el tiempo?

– Sí, creo que sí. Yo atiendo a dos mil tipos con proyectos todos los años. Eso es bárbaro. Y me parece que mientras exista una demanda tan importante va a ser muy difícil desarticular una herramienta como ésta.

– ¿De qué manera te gustaría que se desarrollara este programa?

– Me encantaría hacer una unidad capaz de que vos en cualquier momento del año le puedas tirar un proyecto por acá y te saque un resultado por allá. Cosa que el tipo no pierda tanto tiempo, ni buscando, ni haciendo cosas que se pueden resolver de manera simple, con un especialista, que le diga “mirá, por este lado no vayas, no es negocio”, o “sí lo es”. Ese me parece un paso totalmente factible de hacer. Y el escalón siguiente, que me parece más complejo pero súper interesante, es tomar tres o cuatro de esas oportunidades tecnológicas por año y tratar de desarrollarlas. Yo creo que un investigador no tiene que estar perdiendo el tiempo en cuestiones operativas o comerciales, porque investigadores no tengo muchos, en cambio, personas que puedan hacer logística tengo un montón. Entonces, si vos tenés por un lado, muchísima gente graduada en escuelas de negocios, y, por otro, tipos que están desarrollando cosas interesantes pero que no tienen idea de cómo transformarlas en un negocio ¿Por qué no juntarlos? ¿Tan difícil es?

Exactas en INNOVAR
En las últimas tres ediciones distintas iniciativas presentadas por investigadores de la Facultad obtuvieron algunos de los premios mayores del concurso:

En 2006, César Moreno director del Laboratorio de Plasma Focus, ganó con el proyecto “Radiografías de Nueva Generación”.

En 2007, fueron galardonados Oscar Martínez, director del Laboratorio de Electrónica Cuántica, por el trabajo “ELMES – Equipo Láser de Medición de Suciedad”; y Juan Santos, director del Laboratorio de Robótica, por “Konabot – Robot de inspección y manipulación de elementos peligrosos”.

En 2008, el lauro fue para los investigadores de Exactas Ernesto Calvo y Federico Williams, por el proyecto “Nanocatalizadores”.

Fuente: El Cable Nro. 712

Gabriel Rocca