Doctora, siga a esa molécula

La Sociedad de Biofísica de los Estados Unidos otorgó el premio Young Fluorescence Investigator Award 2008, a la química Valeria Levi, en reconocimiento a su trabajo en el área de técnicas avanzadas de fluorescencia en sistemas biológicos. La institución es la más importante en su especialidad.

4 de marzo de 2008

– ¿De qué manera se produce tu participación en este premio?

– En este caso, para participar, te tiene que proponer otra persona. Es más, yo ni siquiera sabía que estaba nominada. Me acuerdo que estaba en Miramar y un domingo a las doce de la noche me llamó la persona que fue mi director de posdoc y me contó lo que pasaba. Fue una sorpresa. Ni siquiera pude viajar porque me avisaron a último momento y no tuve tiempo de tramitar la visa.

– ¿Qué características tiene la distinción?

– La Sociedad Americana de Biofísica tiene distintos subgrupos cada uno de los cuales trabaja sobre una temática particular. El subgrupo en el que yo me inserto es el de fluorescencia aplicada a sistemas biológicos. El premio otorga mil dólares. Pero más allá de lo monetario, que no es mucho, es un premio internacionalmente importante. Es considerado como un incentivo para jóvenes en los que ven un futuro en el campo de la investigación.

– ¿Cuáles son las principales líneas de tu trabajo?

Yo me inserto dentro de lo que considero como un cambio de paradigma en el estudio de los sistemas biológicos. Actualmente en lugar de estudiar propiedades de muchísimas moléculas a la vez, trabajamos sobre las propiedades de una molécula única. Imaginate, por ejemplo, que querés aprender cómo se maneja una ciudad mirando a la gente desde la altura, entonces ves personas que se mueven de acá para allá. De esta forma solamente podés ver a toda la gente al mismo tiempo y sólo podés promediar lo que hacen todos, entonces la información que obtenés es escasa. En cambio, si podés seguir a una única persona, ver en qué colectivo sube, adónde trabaja, cómo vuelve a su casa, si se pelea con su esposa, etcétera, podés aprender muchísimo más. Eso es, más o menos, lo que estoy haciendo, pero en lugar de aplicarse sobre una ciudad, es en una célula. Yo durante mi posdoctorado, me especialicé en lo que se llaman técnicas de seguimiento de partículas o moléculas únicas. Consiste justamente en elegir una molécula o una partícula que a vos te interesa y seguirla para ver cómo se mueve dentro de una célula.

– ¿Por qué se utiliza la microscopía de fluorescencia para desarrollar estas tareas?

– Lo que pasa es que cuando vos querés ver cosas en células, si aplicás una luz blanca no vas a ver nada porque hay muy poco contraste. Entonces para aumentar ese contraste lo que se hace es poner sondas, o sea, moléculas que tienen ciertas propiedades que producen un contraste mayor sobre lo que vos querés ver. En el caso de la fluorescencia lo que hacés es lo siguiente: si irradiás una molécula con una luz especial, un electrón de esa molécula va a lo que se llama un orbital de mayor energía. En ese estado, como la molécula tiene un exceso de energía, se torna muy inestable, entonces, para eliminar esa energía esas moléculas fluorescentes lo que hacen es eliminarla en forma de luz. Es decir que les das energía y liberan fotones.

– Lo que permite tener una mejor visibilidad.

– Exacto. Entonces vos lo que tendrías es un fondo negro y solamente vas a ver esas moléculas que se prenden como lamparitas, que son las que vos buscás. La clave está en marcar acertadamente lo que uno busca.

– ¿Cuál es tu formación?

– Es rara. Yo soy química de Exactas. Hice mi tesis en la Facultad de Bioquímica. Después, en el 2002, viajé a los Estados Unidos para hacer un posdoctorado de 4 años en el Laboratorio de Dinámica de Fluorescencia de la Universidad de Illinois. Allí trabajé junto con físicos, biólogos y químicos y aprendí muchísimo de esa interacción. Lo que cuesta es adquirir un lenguaje común y no tener celos del saber de los otros. Lo que me pasó a mí, cuando volví a la Argentina, es ver que esta interacción es mucho menos común.

– ¿Habías viajado con la idea de volver?

– Sí, pero la verdad es que la vuelta resultó más difícil de lo que esperaba. Más cuando uno trabaja en un campo que no es demasiado conocido.

– ¿Y cómo te integraste de nuevo en la Facultad?

– Yo volví a Física, al Laboratorio de Electrónica Cuántica. Pero lo que pasa con estas áreas interdisciplinarias, como la que yo trabajo, es que implican la necesidad de buscar gente de otras disciplinas, es decir que no me podía quedar solamente con físicos. Entonces se abrió en Química Biológica un concurso y nos presentamos un grupo de cinco investigadores jóvenes para ocupar un espacio que es bioquímica estructural, que, a la vez, también tiene cosas de interdisciplina pero más reducida. Somos todos químicos o biólogos, pero tenemos una formación de doctorados o posdoctorados muy distinta.

– Muchos investigadores, luego de trabajar en el exterior, regresan con un marcado interés por el trabajo interdisciplinario.

– Es verdad. Creo que también es una cuestión de nuestra generación y de los más jóvenes. El problema más grande que tenés es que la estructura que hoy tiene nuestra facultad es muy rígida. Falta la generación de espacios en los cuales uno pueda, desde un saber, explicar un tema, contar los problemas que enfrenta, y que otra persona, desde otro saber, ayude con la solución. Yo creo que ése es el camino. Es un proceso que lleva tiempo, pero es muy productivo. Cuando funciona, se aprende muchísimo y se avanza con mayor rapidez.

Fuente: El Cable Nro. 676

Gabriel Rocca