El campo en crisis

Dos especialistas en políticas agropecuarias analizaron hace dos semanas el modelo productivo que hoy aplica la Argentina y buscaron los porqué de la actual situación del campo. La sequía de políticas de Estado y los monopolios, temas relevantes de una charla con final abierto.

15 de julio de 2008

En medio de un debate nacional que ya se puede suponer histórico, la Facultad de Ciencias Exactas y Naturales abrió sus puertas a dos especialistas en temas agropecuarios que analizaron la situación que devino en la actual puja entre las patronales del campo y el gobierno nacional tras la suba de las retenciones para la exportación de granos.

La charla, impulsada por un grupo de graduados y organizada por de la Secretaría de Extensión, Graduados y Bienestar, tuvo lugar el pasado 2 de julio y contó con la participación del presidente del Instituto Nacional de Tecnología Industrial y especialista en agroindustria, Enrique Martínez, y el economista Javier Rodríguez, profesor de Microeconomía y Economía Agropecuaria de la Facultad de Ciencias Económicas de la UBA e investigador dedicado a la problemática agroalimentaria.

Advirtiendo sobre posibles repeticiones, teniendo en cuenta el debate permanente de más de 120 días, Rodríguez fue quien abrió las exposiciones, y lo hizo buscando una explicación a la particular situación que se vive actualmente. Al respecto, remarcó los cambios que se dieron en los últimos tiempos en la estructura del sector, en particular, con el abandono, a partir del golpe de Estado de 1976, de la etapa de industrialización sustitutiva de importaciones que “marcó la diferencia”: “Se observa que un sector que históricamente se pasaba de la agricultura a la ganadería, o viceversa, ante distintas rentabilidades, de pronto comienza a sacar en masa capitales hacia al circuito financiero”.

Rodríguez señala como consecuencia del vuelco a la especulación la caída del stock de ganado vacuno, “que no se detuvo hasta 2005”, y la reducción de la superficie dedicada a la agricultura, con un consecuente abandono de predios productivos, que “recién comienza a crecer en la segunda mitad de los años 90, donde evidentemente intervienen algunos cambios tecnológicos muy importantes y, uno de ellos, vinculado a la semilla transgénica”, indica el especialista que, a la vez, desestima que los 90 hayan sido un período de gran crecimiento agropecuario: “Lo que sí hubo fue una muy fuerte concentración en los cuatro cultivos principales”.

Años dulces

Los 90 marcaron un incremento de las escalas de producción y, como fue costumbre, una fuerte diferenciación entre grandes y chicos. “Con rentabilidades bajas, en muchos casos hay una desaparición de productores. Por otro lado, dada la búsqueda de mayores escalas de producción, hay un sistema de arrendamientos donde numerosos productores pasan a ser también arrendatarios de campos lindantes con la intención de ganar escalas de producción”. Rodríguez indica al respecto que la rentabilidad para los grandes era buena, porque estaban utilizando tecnología de alto rendimiento en gran escala y para los chicos, desastrosa.

Pero llegó la devaluación y el tablero cambió para los grandes y también para los chicos que sobrevivieron. Con costos en pesos y precios de exportación en dólares, “los productores chicos abandonan la producción porque lo que les conviene es arrendársela a los grandes”.

Rodríguez habla de la soja, que comenzaba su explosión comercial: “Sustituyó las producciones típicamente pampeanas pero también sustituyó cultivos industriales, con la particularidad de que la expansión a regiones extra pampeanas se hace con rendimientos muchísimo menores”. Y ejemplifica esta curiosidad indicando que, en 2007, la rentabilidad de la soja en Chaco era cerca de la mitad que en Santa Fe pero, sin embargo, a los productores les seguía conviniendo plantar soja antes que otros cultivos que, incluso, son de mucho mayor valor agregado, como es el caso del algodón. En la región pampeana, el ejemplo es el inverso: la soja reemplazó al girasol, de menor valor agregado. En la visión del economista, esto “muestra que hay una homogeneidad en el proceso de difusión de los cultivos pampeanos; sin embargo, sobre una base sustancialmente diferente, y eso es lo que resulta una agudización de las diferencias regionales”.

Al analizar el precio internacional de la soja, incluso bajo la acción de las retenciones al nivel pretendido por el gobierno, y teniendo en cuenta las diferencias regionales, Rodríguez considera que “no son las retenciones el motivo que desencadena el conflicto, sino que en realidad tiene que buscarse en los argumentos más prosaicos de un aumento en los impuestos, del mecanismo de imposición, etcétera”. Especifica: “Esos rechazos se mezclan con que hay un rechazo a toda participación del Estado en el sector”. Para el especialista, el problema de fondo “es la falta de una política específica. La gran tarea pendiente a partir de acá es cómo se define una estrategia de desarrollo para el sector”. En particular, destaca que es problemático “pensar que con ciertas medidas macroeconómicas es suficiente para el desarrollo económico”.

Para cerrar, Rodríguez definió como un punto esencial el rol del Estado en el desarrollo tecnológico. “Nadie que se dedique al sector agropecuario, incluso desde las ópticas más liberales, niega la trascendencia del Estado en el desarrollo tecnológico. Por un lado, hay muchos cambios tecnológicos que no son apropiables privadamente por las escalas que tienen los productores con respecto al mercado total, que hacen que, en comparación con el mercado total, cada productor sea chico y entonces no le conviene tener un departamento propio de desarrollo tecnológico, de difusión, de aplicación”.

A continuación de Rodríguez, expuso Enrique Martínez, quien, además de contar con amplia experiencia en el tema productivo y tecnológico de agro, tiene como antecedente haber sido decano de la Facultad de Ingeniería de la UBA en 1973, asesor parlamentario y diputado nacional.

Puro mercado

De voz resonante y reflexión impetuosa, Martínez comenzó destacando el momento que vive la producción sojera: “La campaña de soja próxima es alrededor de octubre. Los contratos de arrendamientos se acuerdan en este momento: en julio, agosto. Podríamos verificar que, aun para predios tan pequeños como 15 ó 20 hectáreas, hay cuatro o cinco candidatos a arrendar”. Seguidamente, explica el porqué de esta característica nacional: “El Estado ya había distribuido toda la tierra, y los grandes y pequeños propietarios ya estaban básicamente definidos al final del siglo XIX. Eso determinó una política por la cual el arriendo siempre fue una cultura habitual”. Martínez continúa historiando: “Cuando el mundo se cayó en la década del 30, después de la crisis de Wall Street, quienes conducían el país, que eran los dueños de la tierra, definieron la intervención del Estado como eje ordenador de la producción agropecuaria”. Asimismo, remarcó que ahí está el origen de instituciones como la Junta Nacional de Carnes y la de Granos, creadas en 1933, que, junto con una ley de arrendamientos, sostenían los precios cuando la producción primaria perdía terreno frente a los precios de las importaciones de la productos manufacturados.

“Hay que entender que en esa época hubo una fuerte intervención estatal ordenadora del sector al servicio de dos banderas ideológicas. De la bandera de la oligarquía en la década del 30 y de la del movimiento popular en la década del 40”, destaca Martínez y, a la vez, pone el foco en la acción del Estado durante las últimas décadas: “Se definió que debía salir de allí y se disolvieron las juntas. El concepto fue “el mercado ordena mejor que el Estado”, a lo que agrega con preocupación que “estamos en un sector que ha sido ordenado por el mercado”.

Yendo a las precisiones sobre la economía del sector agropecuario, el director del INTI indica que “en materia de insumos, las semillas, los herbicidas y los fertilizantes son elementos clave. Los fertilizantes desde siempre han tenido un proceso de concentración, pero hoy, definitivamente, hay un cártel de fertilizantes fosfatados y hay una gran concentración de fertilizante nitrogenado”. Y usa la ironía para continuar con el caso: “En semillas y herbicidas el tema es mucho más simpático.

Cuando el mercado comenzó a ordenar, apareció una empresa que entendió que podía quedarse con el monopolio de las semillas a través de la modificación de sus genes y haciendo uso a favor de un valor cultural absolutamente relevante”, dice en referencia a la siembra directa, que basa su concepto en la tradición de no remover la tierra para evitar la erosión del suelo. “Hoy hay un monopolio que controla el mercado de las semillas -agrega Martínez con el ojo puesto en la empresa Monsanto- asociado al mercado de los herbicidas con un paquete tecnológico que, además, habilita a usar un mínimo equipo de gente para sembrar muchísima superficie”, y avanza en su descripción creciendo en intensidad: “Eso ha llevado al gigantismo en la maquinaria agrícola, a los efectos de sembrar cada vez más con la misma cantidad de gente aprovechando el paquete tecnológico de la siembra directa: eso es tecnología moderna”. En el clímax del relato, Martínez hace una afirmación que, para muchos, puede resultar sorpresiva: “Nadie puede demostrar que hayan aumentado los rendimientos. El máximo de rendimiento por hectárea fue hace tres o cuatro años fruto de condiciones climáticas favorables, no del paquete tecnológico”.

Soja y capital especulativo

Retomando su introducción, Martínez indica que “ahora se arrienda a quien pone plata por adelantado” y, a partir de esa caracterización, concluye que este nuevo arrendatario es “el capital financiero” y que, por lo tanto, “se ha distorsionado la actitud hacia la tierra, donde el dueño pasó a ser alguien que tiene un bien de renta, como si tuviera departamentos en alquiler, y se lo alquila al dueño del capital financiero que contrata a cuadrillas de siembra para hacer un cultivo muy grande con equipos más grandes aún”.

Para Martínez, la ausencia de Estado y el ordenamiento a cargo del mercado generó “fuertes ganadores y claros perdedores”, como los 100 mil productores que desaparecieron en la década del 90. Pero en 2002 el Estado interviene en el sector a través de la aplicación de retenciones, aumentándolas después y convirtiéndolas en móviles más tarde. Y acá el especialista hace la diferencia que sostiene su análisis: “El Estado no se reintrodujo en el sistema, es un factor externo al sistema ordenado por el mercado que le extrae valor a la masa”, y agrega que “en un sistema donde hay eslabones controlantes, si se extrae renta global, el poderoso es quien se encarga de recuperar esa renta perjudicando a los más débiles”.

A la hora de las propuestas, y como cierre a sus palabras, Martínez consideró que “esa situación tiene que ser ordenada definiendo cómo el Estado se reinserta en la cadena. Yo creo que se debe reinsertar controlando y regulando a los poderosos pero, lo que es más importante aún, beneficiando a los más pequeños; recuperando la dignidad de los trabajadores rurales, el 70 por ciento de los cuales ni siquiera tiene obra social; ayudando a las producciones periféricas y, además, agregando el componente, absolutamente ausente en toda la historia argentina, de industrialización de la producción primaria a escala local”.

Material para el debate
Con el fin de abrir el debate de ideas, la Secretaría de Extensión, Graduados y Bienestar colgó en la web de la Facultad una serie de artículos y documentos de los panelistas de la charla, que también incluye material del especialista Horacio Giberti, quien no pudo participar de la misma por problemas de salud.

El material se encuentra disponible en la ruta: exactas.uba.ar >> Extensión > Graduados > Charlas y conferencias.

Fuente: El Cable Nro. 693

Armando Doria