El señor de los volcanes

El 7 de julio, al cumplirse 145 años de la primera clase de ciencias naturales dictada por el profesor Pellegrino Strobel, el premio que lleva su nombre fue entregado al geólogo Eduardo Llambías, egresado de Exactas y hoy profesor emérito de la Universidad Nacional de La Plata e investigador del Conicet.

15 de julio de 2010

“El doctor Eduardo Llambías es un maestro, en el más amplio sentido de la palabra”, señaló su discípula, la doctora Sonia Quenardelle, profesora del Departamento de Ciencias Geológicas de la Facultad. Y destacó que el premiado es uno de los referentes indiscutidos en nuestro país sobre la geología de los cuerpos ígneos, en especial, las rocas volcánicas, a las que ha dedicado más de cincuenta años de investigación. Su tesis doctoral la realizó sobre el volcán Payun Matru, ubicado al sur de la provincia de Mendoza.

Llambías fue profesor de Exactas entre 1962 y 1969, y profesor visitante en numerosas universidades nacionales. Fue separado de la actividad docente durante la última dictadura militar y en ese período trabajó como geólogo consultor independiente. Cuenta con más de 100 publicaciones en revistas nacionales e internacionales de primer nivel, y es autor de dos libros originales, uno de los cuales es un “clásico” entre los estudiantes argentinos y sus pares latinoamericanos.

“A todos sus discípulos, desde el primer momento, supo contagiarnos su encendida curiosidad por la geología”, subrayó Quenardelle, y prosiguió: “Es una persona afable, cordial y, sobre todo, sencilla; un inclaudicable cultor del trabajo de campo, amante de las ideas creativas, intelectualmente honesto e inquieto”. Y recordó algunas anécdotas, como cuando, en momentos en que los alimentos escaseaban durante el trabajo de campo, les enseñaba a sus becarios cómo utilizar las rocas para atrapar truchas.

Sólo cincuenta

“Este premio llega en un momento en que las fuerzas empiezan a declinar, después de cincuenta años de profesión”, comenzó Llambías. Contó cómo nació su pasión por la geología cuando, a los 13 años, luego de la muerte de su abuelo paleontólogo, llegara a su casa toda su biblioteca. “Me encerré allí, me leí toda la biblioteca, y me dije, yo quiero ser geólogo”.

El relato de su carrera profesional no eludió la referencia a los padecimientos del país durante las dictaduras. Recordó cuando, en la antigua sede de Exactas, en Perú y Alsina, el profesor González Bonorino le recomendó que, para ser profesor de la universidad, convenía adquirir experiencia fuera de ella y rotar por varios temas, para luego volver y volcar su experiencia.

Para esa fecha, 1958, Llambías entró a trabajar en la Dirección de Minas, donde estuvo hasta el 63. Ese año decidió trabajar en la universidad. “En ese entonces, había un gran entusiasmo por la investigación, un romanticismo por la ciencia”, rememoró.

El juego de la oca

Lo que no imaginó fue que esa felicidad duraría poco. “En 1966 el progreso científico iba a ser decapitado. Tuvimos la sensación de estar jugando al juego de la oca, tirar un dado y tener que volver tres casillas para atrás, con regreso a la Edad Media”.

Con una beca del Conicet, Llambías se fue a Estados Unidos, donde pasó un año trabajando en minería en Stanford. Al regresar, como ya no tenía su cargo en la facultad, se instaló en Bahía Blanca, pues fue nombrado profesor en la recientemente creada Universidad Nacional del Sur. Pero pronto vino el golpe del 76. “Volvimos de nuevo a la Edad Media, ya éramos baqueanos de esa etapa de la historia”.

El único consuelo para él fue tener la última palabra. Así, rechazó un cargo que le ofrecieron en la universidad, y nuevamente, fue a trabajar al ámbito privado, en una empresa minera de San Luis. Finalmente, en 1982 fue reincorporado al Conicet. Más tarde, ganó un concurso en la Universidad de la Plata, de donde se jubiló en el 2009.

“Sigo recordando las palabras de González Bonorino, había que cambiar de lugar de trabajo. En la actividad privada adquirí mucha experiencia para resolver problemas geológicos. Siempre, el primer día de clase les digo a los alumnos que ellos no van a ser contratados para que repitan de memoria la clasificación de las rocas, sino para resolver problemas”, subrayó.

A la hora de los agradecimientos, Llambías, finalmente, destacó: “Quiero agradecer a la democracia, en este momento hay un progreso, hemos salido de la Edad Media, ojalá podamos hacer desaparecer para siempre las casillas de la Edad Media en el juego de la oca”.

El gran Pellegrino
El naturalista italiano Pellegrino Strobel (1821 – 1895) llegó a la Argentina en 1865 invitado por el doctor Juan María Gutiérrez, por entonces rector de la UBA. Dictó su materia hasta 1867, año en que regresó a Italia para presidir la Universidad de Parma. Antes de partir, donó 400 pesos para que sus réditos fueran aplicados a un estudiante meritorio de ciencias naturales. Para conmemorar la primera clase de geología en una universidad argentina, Exactas crea, en 1995, la Cátedra Libre Pellegrino Strobel, que el 7 de julio de cada año brinda una clase magistral a cargo de reconocidos especialistas.

“El premio Strobel es un hito importante para esta Facultad porque simboliza la primera camada de profesores que dictaron clases de ciencias naturales en la Universidad de Buenos Aires”, destacó Jorge Aliaga, decano de Exactas, durante el acto.

Fuente: El Cable Nro. 750

Susana Gallardo