En el nombre del hijo

Mariana Piuri es licenciada en Biología de la Facultad. Luego de doctorarse en Exactas viajó a Estados Unidos donde trabajó seis años en un laboratorio de la Universidad de Pittsburgh. Recién llegada al país, cuenta las razones de su vuelta, las dificultades que implica el retorno y evalúa el estado actual de la investigación en Argentina.

7 de abril de 2010

– ¿En qué año empezaste la carrera?

– A mediados del 91 y me recibí en el 98. Me doctoré en el 2003 y ahí sí ya tenía decidido que quería ir a hacer una experiencia afuera. Mi marido había conseguido un lugar para trabajar en Pittsburgh. Entonces comencé a contactarme y conseguí que me aceptaran en un laboratorio perteneciente al Departamento de Ciencias Biológicas de la Universidad de Pittsburgh. La verdad es que viajar así te da un poco de miedo porque te vas a trabajar con alguien que casi no conocés. Yo cometí el error de no pedir referencias a otra gente del laboratorio. Tuve suerte porque mi jefe era una muy buena persona.

– ¿Cómo fue la adaptación al nuevo trabajo, al nuevo país?

– Para mí la experiencia fue sumamente positiva. Apenas llegué ya tenía una mesada larga y un escritorio. Al segundo día me compraron una computadora nueva. Vinieron con un set nuevo de pipetas para mí. Son lugares en donde está todo a tu disposición. Yo pasaba ocho o diez horas diarias en el laboratorio dedicada exclusivamente a pensar y hacer mis experimentos. En el aspecto humano es más difícil. A mí, al principio, me resultaba agotador el tema del idioma. Donde yo estaba nadie hablaba en español. Entonces era llegar a casa y sentir que la cabeza me explotaba.
Y también tenés que adaptarte a las nuevas cosas cotidianas. Yo al principio llegaba y le daba un beso a todo el mundo y todos me miraban como si estuviera loca.

– Cuando te fuiste ¿lo hiciste pensando en volver?

– La idea nunca fue quedarse definitivamente allá. Al principio, yo pensé que me iba a quedar dos años. Después te das cuenta de que dos años es muy poco para un posdoc. Es muy difícil en ese lapso tener resultados y plasmarlos en una publicación. Después lo extendimos a tres. Ahí salió una publicación y se hicieron cuatro años. Y cuatro se hicieron cinco, y me trataban muy bien, valoraban mucho mi trabajo. Terminaron siendo 6 años. El punto de inflexión lo dio el nacimiento de mi hijo en 2008. Primero empecé a sentir la falta de la contención que te da tener a la familia cerca. También me pasaba que veía a otros argentinos que habían decidido quedarse y me daba cuenta de que tenían esa nostalgia, y que no iban a volver nunca más, porque ya tienen hijos grandes, que son divinos, pero son estadounidenses. No son chicos argentinos. Yo no quería que mi hijo creciera sin poder identificar nada propio en él. Eso fue determinante para decir: “yo no quiero que mi hijo crezca acá”.

– ¿Cómo fuiste organizando la vuelta?

– La vuelta no es fácil. Si vos no tenés alguien acá que te abra las puertas se te hace complicado. Yo siempre estuve en contacto con mis jefas. Y cuando planteé que quería volver ellas enseguida me abrieron las puertas. Después la Facultad me incluyó en una lista de investigadores para acceder a un PIDRI. Este programa de radicación de investigadores destina un dinero para cubrir los gastos de mudanza, lo que te permite traer tus cosas. Eso para mí era importante. Volver y empezar a armar una casa nueva desde cero se me hacía muy difícil. Por otro lado el PIDRI, además, viene asociado a un subsidio para aplicar a mi investigación. En paralelo me presento e ingreso a carrera del Conicet. Así se fueron dando una serie de circunstancias que facilitaron el regreso.

– ¿Estás sufriendo el tema de la falta de espacio?

– Ese es un problema. No hay lugar. Mis jefas me dieron un espacio para que pueda iniciar mi propia línea de trabajo. Eso implica que en algún punto voy a tener que incorporar gente y ya estamos apretados. Realmente no hay espacio físico. En la Facultad, dentro de todo, algo queda, pero si vas al INGEBI o IBYME ya no tienen lugar. Creo que lo que va a pasar con esta política de apertura es que se va a generar un embudo porque si no hay estructura no hay dónde insertar a la gente.

– ¿Cómo te fue con la tramitación de los subsidios?

– Desde que llegué lo único que estoy haciendo son papeles. En un punto creo que la burocracia me agobió. El problema es que vos tendrías que llegar y tener ya el subsidio asignado para poder equipar tu laboratorio y empezar a trabajar. Hay una demora que no tendría que existir. Está bárbaro volver y tener un sueldo pero con un sueldo sólo no hacemos nada.

– ¿Notaste diferencias entre la situación actual de la investigación en el país y la que había en el momento en que te fuiste?

– Hay más disponibilidad de becas. A nivel de subsidios las cosas cambiaron notablemente. Hay más dinero aunque los montos siguen siendo muy bajos. Mejoraron los sueldos. Las becas también. Me parece que las cosas están mejor. Me da un poco de pena a nivel edilicio. En ese sentido a la Facultad la veo igual. Sentís que te fuiste y volvés y está todo igual.

– ¿Estás contenta con tu regreso?

– Es un poco prematuro. Creo que lo que me mató es que en estos meses estuve haciendo muchos trámites. Con toda la gente que volvió y hablé, me dicen que después de un año voy a estar bien. Me quedan nueve meses (risas). De todas maneras yo a mi hijo lo veo feliz. Jugando con sus tíos, sus abuelos. Cuando veo eso digo, “tomé la decisión correcta”.

Fuente: El Cable Nro. 740

Gabriel Rocca