Investigadores investigados

A pocas horas de presentar en la Facultad su trabajo más reciente, El científico también es un ser humano, Pablo Kreimer, investigador del Conicet y director del Instituto de Estudios sobre la Ciencia y la Tecnología, charló con el Cable acerca de sus particulares objetos de estudio: el científico y sus prácticas.

15 de septiembre de 2009

Hasta finales de los años 70, los estudios sociales de la ciencia se limitaban a describir el mundo científico “desde afuera”. Con esa perspectiva, los sociólogos percibían a los científicos como integrantes de una gran comunidad que, sin ninguna injerencia externa y de manera absolutamente racional, se dedicaba a poner en práctica “el” método que permitía descubrir los secretos que oculta la naturaleza.

Pero, entonces, Bruno Latour, un filósofo francés, que interesado en la antropología había efectuado un estudio de campo en Costa de Marfil, decidió pasar dos años dentro de un laboratorio del Instituto Salk de California para estudiar una “tribu” de científicos. A partir de allí, la “caja negra” se abrió y se develaron las intimidades del proceso de producción de conocimientos.

– En su libro Ud. dice que los científicos no son diferentes de una costurera, un albañil o un empleado bancario.

– En el sentido de que son trabajadores que comparten una cultura, un lenguaje, un espacio social donde están pendientes de un mercado de bienes materiales o simbólicos como cualquier sujeto social. Por otro lado, como cualquier otro grupo social, tienen características propias. Lo que sucede es que, en esto que llamamos sociedad moderna, la ciencia es el fundamento de la verdad, lo cual le da un papel social particular y, al mismo tiempo, una responsabilidad.

– ¿Hablamos de verdad científica o de negociaciones y consenso entre científicos?

– Es interesante ver como, hasta que no se construye un consenso, hay muchos enunciados, hay muchas discusiones y hay muchos argumentos que se contraponen unos con otros. Eso tiene la virtud de mostrar que el conocimiento es producto de una actividad social y no la inspiración de alguien que puede revelar leyes ocultas. Lo cual, a su vez, invalida la noción de descubrimiento, de descubrir aquello que estaba cubierto. La pregunta sobre si hay una verdad o no, sociológicamente no es interesante. Lo que tiene interés es lo que los sujetos hacen, y entonces uno podría decir “los sujetos lo toman como verdad”.

– Entonces ¿el conocimiento científico es una creencia?

– Es una creencia social en tanto que un conocimiento existe cuando es compartido con un grupo social determinado. Y lo prueba la Historia: hubo conocimientos científicos que fueron descartados mucho tiempo después. Si no se tratara de una creencia, eso no podría haber ocurrido. Esto no significa que el conocimiento científico tenga el mismo status que el mito o las creencias religiosas. Porque, entre otras cosas, el modo de construcción del conocimiento tiene que ver con el desarrollo de argumentos para convencer a otro de la verosimilitud de un enunciado. En cambio, la creencia religiosa no se tiene que explicar sino que pasa por la fe y no está sometida a pruebas.

– Si el conocimiento no es descubierto sino que es construido ¿cuál es el lugar de la naturaleza en el laboratorio?

– Una cosa muy interesante que mostraron los estudios de laboratorio es que no es la naturaleza lo que está dentro del laboratorio, sino una selección y una operación que el investigador hace del mundo natural. Tomemos un caso muy simple: una tira que salió de un aparato, que muestra una inscripción que va oscilando. Llamar a eso electrocardiograma implica una operación de dar sentido ahí donde no lo había, es decir, poner orden a partir del desorden. Cuando el investigador dice: “esto representa las oscilaciones del ritmo cardíaco”, hay que representarse que eso que nos está mostrando, que es un dibujito, en realidad nos habla de la variación del ritmo cardíaco. Después puede hacer una segunda operación y decir “con esto yo quiero mostrar que las variaciones que observamos dependen de tal y cual factor”, con lo cual está ofreciendo una explicación, es decir, está construyendo conocimiento. En ese proceso, el paciente y el corazón desaparecieron y la tirita deja de ser la tirita y ya “es” el ritmo cardíaco. Y ahí es donde se naturaliza.

– ¿Los científicos tienen incorporado un discurso ficticio acerca de cómo se hace ciencia?

– Todos tenemos incorporado el mismo discurso epistemológico, porque el lugar donde opera la transmisión de ese discurso es la escuela. Ahí el científico es como San Martín, un héroe solitario que busca la verdad. Un sujeto que no tiene sentimientos, ni cultura, ni lenguaje, ni intereses, ni conflictos y que simplemente formula una hipótesis y, a través de un conjunto de experimentos, la puede comprobar y así puede enunciar una teoría. Por supuesto que cualquier investigador a quien uno confronte con esta idea ve rápidamente que es una idealización. Pero puede creer que algo de eso todavía opera.

– Los sociólogos también piensan como una idealización que se hable de una “comunidad” científica…

– En primer lugar, no hay tal cosa como una comunidad de todas las disciplinas. Los intereses de alguien que hace investigación agrícola y los de alguien que hace física del espacio están muy alejados y responden a subculturas muy distintas. Lo cual, por supuesto, nos lleva a cuestionar la unicidad de la ciencia. Sociológicamente no hay “la” ciencia. Hay grupos sociales bien diferentes. Pueden interactuar, como en el directorio del Conicet, pero ahí se ve claro que tienen visiones, intereses y estrategias bien diferentes. Pero tampoco hay comunidades científicas si por comunidad se entiende un espacio donde prevalecen los lazos de integración por sobre cualquier otro tipo de vínculo. Esa es una visión idealizada. Así como la sociedad se explica tanto por sus fuerzas que tienden a la integración como por sus conflictos, lo que se llama comunidad científica también se explica por las mismas razones. Entonces, hay conflictos, hay luchas, y también hay colaboraciones, alianzas. Hay las dos cosas. Como las hay en cualquier otro espacio social.

– En el libro Ud. explica que, dado que los científicos son juzgados por sus publicaciones, el objetivo de la investigación científica es la publicación y que, por lo tanto, la posibilidad de publicación es lo que direcciona, en términos cognitivos, a la propia investigación ¿Qué consecuencias tiene esto?

– Primero, que cada vez se producen más papers. Hay como una inflación de papers. Uno no publica algo solamente porque tiene un resultado interesante, sino porque necesita publicar. Segundo, esto podría tener un efecto importante en la elección de las líneas de investigación. Porque los investigadores tenderán a elegir aquella que les permita producir más papers y no necesariamente conocimiento de mayor interés, en algún sentido en que el interés se pueda definir. La tercera consecuencia que se observa es la inflación de autores. Hay disciplinas en las que hay hasta 150 autores por paper. Esto podría ser un indicador del papel que están desempeñando los papers en la organización y en la dinámica de la investigación o, también, podría indicar que hay un cambio en la estructura de producción del conocimiento, donde para generar cierto conocimiento hacen falta más investigadores. Posiblemente sean las dos cosas. La cuarta consecuencia es lo que yo llamaría el fetichismo de los papers, porque se toma al paper como si eso fuera el conocimiento. Pero el paper es una porción de conocimiento que el investigador selecciona justamente para poder publicarlo, para legitimarse. El paper esconde mucho más que lo que dice.

– ¿Qué esconde?

– Esconde todo un proceso de investigación que es mucho más amplio. Por ejemplo, todos los resultados que no abonan lo que se quiere argumentar. También esconde las negociaciones entre los autores: qué conviene decir, qué no conviene, quién firma primero, quién firma segundo y quién último, si citamos a fulano, si incluimos al grupo que nos ofreció tal o cual cosa, si conviene o no decir que se usó tal aparato. Y después la negociación con los editores, que suelen sugerir algún tipo de cambio, como repetir un experimento o hacer otro distinto. Esconde la operación de legitimación de quien o quienes lo escriben porque, en realidad, es un dispositivo de legitimación de un sujeto social.

– Ud. se ha dedicado al estudio de la producción y uso social de conocimientos científicos en países periféricos, y en su libro expone como “pensamiento mágico” la idea de que el desarrollo de conocimiento es suficiente para resolver un problema social.

– A mí me gusta parafrasear a Alfonsín: con un paper no se cura, no se come y no se educa. Un paper es una porción de conocimiento que necesita ser industrializada para que alguien la pueda utilizar. La ciencia podría hacer aportes sustantivos para mejorar las condiciones de vida de algunos grupos de la sociedad. Pero América Latina tiene la particularidad de que tiene países con un desarrollo científico muy importante y una utilización de ese conocimiento que tiende a cero. Eso pone en cuestión cuál es el papel de la ciencia en estas sociedades. Y esa es una cuestión que no está resuelta y que es necesario preguntarse. La conclusión no puede ser “entonces no tengamos ciencia”, sino cómo hacemos para aprovechar mucho más del conocimiento que producimos.

– Hablamos de lo que Ud. denomina CANA (Conocimiento Aplicable No Aplicado) ¿A qué obedece este fenómeno?

– Yo creo que hay tres tipos de causas. La primera es que el desarrollo productivo de América Latina no incorporó el conocimiento científico como un insumo estratégico. Hay una segunda cuestión que es que en la conformación científica de América Latina el uso del conocimiento no forma parte de las preocupaciones habituales. Quiero decir: si todavía se sigue discutiendo que lo que hay que hacer es reforzar la autonomía de la ciencia, jamás se va a poder incorporar ese conocimiento en ningún uso social. La concepción que está detrás de esto es que basta con generar conocimientos públicos para que alguna vez sean apropiados por alguien y se industrialicen. Pero cuando esos conocimientos son de dominio público lo más factible es que se lo apropien aquellos que están en mejores condiciones de hacerlo, que son las empresas transnacionales o las localizadas en los países industrializados. Y la tercera causa es que hay decisiones que se toman desde el interior del espacio de producción de conocimiento que ya están determinando el tipo de conocimiento que se va a producir y el rango de posibilidad de utilización de ese conocimiento. No se trata de una línea de montaje donde el uso del conocimiento esté al final. La condición de utilidad de un conocimiento tiene que ser algo que está al comienzo, cuando se están definiendo las agendas de investigación.

Presentación
Este jueves 17 de septiembre, a las 18.00, en el Aula Magna del Pabellón II, tendrá lugar la presentación del libro El científico también es un ser humano, escrito por Pablo Kreimer.

Además del autor, participarán de la charla el biólogo y divulgador Diego Golombek y el físico Mariano Sigman.

Fuente: El Cable Nro. 726

Gabriel Stekolschik