La vida y el cálculo
Organizado por el Programa Raíces del MINCyT, se llevó a cabo en Exactas UBA un workshop internacional con el objetivo de exponer y fomentar trabajos de investigación interdisciplinaria de matemática y biología, y de generar colaboraciones entre científicos argentinos residentes en nuestro país y en Estados Unidos. El evento contó con alrededor de 200 participantes.
“Así debería trabajar la ciencia: tomar un objeto de estudio y analizarlo desde múltiples perspectivas. La matemática es una de ellas”, de esta manera contundente define su punto de vista Horacio Rotstein, ideólogo y coordinardor del comité científico y organizador del workshop internacional “La matemática como herramienta para entender la biología. La biología como fuente de problemas matemáticos”, que tuvo lugar en el Aula Magna del Pabellón I de la Facultad.
El evento, del que participaron como expositores cinco investigadores argentinos que trabajan en Estados Unidos, se llevó a cabo durante los días 23 y 24 de abril y fue realizado en el marco del Programa Raíces del Ministerio de Ciencia, Tecnología e Innovación Productiva. Las jornadas tuvieron como eje intercambiar ideas acerca de la investigación interdisciplinaria y fomentar colaboraciones entre científicos argentinos residentes en nuestro país y en el exterior.
Rotstein es profesor en el New Jersey Institute of Technology y forma parte de la Red de Científicos Argentinos del Noreste de Estados Unidos del Programa Raíces. Desde allí surgió la idea de realizar este taller. En primera instancia se iba a desarrollar en Estados Unidos, pero las circunstancias cambiaron cuando Rotstein decidió venir al país para dar un curso, como profesor visitante, en el Instituto del Cálculo de Exactas. “En ese momento varios de mis colegas me dijeron: ‘tenés que hacerlo en Buenos Aires’. Al principio no me gustó mucho la idea, yo no conozco a mucha gente en la Argentina ni en la UBA como para organizarlo. Pero cuando le propuse a Guillermo Durán (director del Instituto del Cálculo) hacerlo en la Facultad me dijo: ‘¡Genial! Lo hacemos’. A partir de ahí todos pusimos lo mejor para concretarlo”, cuenta.
– ¿Qué balance hacés del taller?
– Fue muy exitoso, más de lo esperado. Tuvimos más de 200 inscriptos y una sesión que reunió 72 posters. A muchos expositores se les acercó gente diciéndoles que les gustaría trabajar con ellos. Eso hay que apoyarlo, la idea es que se pueda concretar. Ahora tenemos una base de datos de la gente que se interesó por el workshop y podemos empezar a intervenir para que se empiecen a establecer redes. Hay que impulsarlas.
– Esta interacción entre matemática y biología no parece ser algo ni demasiado extendido ni con demasiada historia en nuestro país.
– La matemática aplicada no es una disciplina que haya tenido mucho desarrollo en Argentina. Siempre existió el prejuicio de que hacer matemática aplicada no es más que aplicar un algoritmo a un problema. La realidad es que matemática aplicada es un campo separado de la matemática en el cual hay que tomar un problema de la realidad y “matematizarlo”, en el sentido de construir un modelo, que puede tener varias ejecuciones matemáticas. A veces, de allí surgen problemas que no han sido resueltos y, desde ese punto de vista, se genera matemática pura de un problema real. Así nació el cálculo. Nadie inventó el cálculo porque se pusieron a divagar sobre eso, querían entender la velocidad, la aceleración y el movimiento de los cuerpos. Newton era un matemático aplicado. Después surgió toda la formalización del cálculo. Por eso el título “la matemática como herramienta para entender la biología” indica que se puede usar la matemática para ayudar a los biólogos a entender sus experimentos, pero también “la biología como fuente de problemas matemáticos” porque de todo eso salen problemas nuevos. Y ese es un mensaje para los matemáticos duros que critican a la matemática aplicada como si se tratara de algo menor. Como si fuera un premio consuelo para los que no son buenos matemáticos.
– Por el lado de los biólogos ¿hay disposición para participar de esta interacción?
– Muchos biólogos lo primero que dicen es: ‘yo no sé nada de matemática’. Eso no importa. Lo que importa es que tienen una idea de cómo funcionan las cosas y lo único que tienen que hacer es transmitir esa idea a un matemático que sepa formalizarla. Entonces, de esas múltiples discusiones y peleas porque nadie entiende nada, sale un modelo y una idea de cómo seguir adelante. Por ejemplo, si uno quiere construir un modelo de una neurona, dice: la neurona es como si fuera un circuito eléctrico, porque la membrana puede funcionar como un capacitor, los canales iónicos como una resistencia, otros como una inductancia. Una vez que uno tiene el circuito eléctrico puede escribir ecuaciones. El biólogo no necesariamente entiende toda esa parte pero se beneficia del resultado y ese resultado lo guía hacia nuevos experimentos que no habría imaginado si no hubiera estado trabajando con un matemático.
– ¿Creés que este campo de interacción está ganando más espacios en el ámbito científico?
– Sí, y creo que el resultado del workshop demuestra que hay interés, sobre todo de la gente joven. En Estados Unidos está más extendido. Creo que en Argentina poco a poco hay más grupos que están entrando por la variante, gente joven que va creciendo y que va viendo cómo se hacen las cosas en otras partes. No se trata de la matemática aplicada en contra de la matemática, ni la interdisciplina en contra de la disciplina, simplemente es una forma distinta de encarar la ciencia en la cual la gente tiene más libertad de pensamiento.

Facultad de Ciencias Exactas y Naturales - Universidad de Buenos Aires - Argentina