Los premios

A raíz de un paper de su autoría, Paola Salio acaba de recibir una distinción internacional otorgada por el máximo organismo de las ciencias de la atmósfera, la Organización Meteorológica Mundial. Por su parte, el computador Marcelo Frías fue distinguido con una beca Thalmann, que le permitirá instalarse en el MIT durante tres meses.

12 de junio de 2007

Desde 1970, la Organización Meteorológica Mundial (OMM) premia todos los años un trabajo elaborado por un científico joven de cualquier parte del planeta, y del que también se tienen en cuenta sus antecedentes.

Pese a la destacada producción local, hasta el momento ningún investigador argentino lo había conseguido. Paola Salio es investigadora del Centro de Investigaciones del Mar y la Atmósfera – Conicet y docente del Departamento de Ciencias de la Atmósfera de Exactas. Y acaba de obtenerlo: su paper “Mesoscale convective systems over south-eastern South America and their relationship with the South American low-level jet” fue postulado por el Servicio Meteorológico Nacional y finalmente distinguido por la OMM.

Usted es la primera premiada por la Argentina en 37 años.

Sí, me da mucha alegría. Para mí lo más importante es, justamente, que es la primera vez que lo gana un argentino.

¿Por qué cree que haya sucedido ahora?

Creo que esto tiene que ver con que el Servicio Meteorológico Nacional (SMN), que es el representante de la OMM en la Argentina, desde fines del año pasado tiene otra mirada hacia la investigación y por esa razón envió los papeles para que este paper concursara.

¿Esto quiere decir que nunca antes nuestro país había participado?

No tenemos información de que alguna vez se haya presentado un candidato, por lo que se puede deducir que estábamos inhabilitados para participar porque nuestro representante no nos dejaba hacerlo. Es la primera vez que los papeles de Argentina llegan. Mi postulación salió inicialmente del Departamento de Ciencias de la Atmósfera de la Facultad, los papeles cursaron su proceso vía SMN y, por lo tanto, esta vez llegaron a la OMM.

¿Qué resonancias tuvo la distinción?

Se armó un alboroto bárbaro. Me mandaron agradecimientos de los lugares más insólitos. Lo interesante de este trabajo es que fue generado dentro del marco de un experimento que se realizó en 2003, y que la Facultad apoyó muchísimo, que se llamó SALLJEX. Y si bien este trabajo premiado no está basado en los resultados del experimento, sí involucra sus datos. Por eso, todos los científicos de los Estados Unidos, de Europa, de Argentina, de Brasil, de Chile que participaron de SALLJEX, entendieron este premio como un emergente del esfuerzo conjunto que se hizo, que fue enorme.

¿Tu paper nació junto con el experiemento?

En el 2003 estuve seis meses en la Universidad de Utha, en los Estados Unidos, y ahí fue que desarrollé gran parte de lo que involucra a este paper. Después volví a Argentina y escribí. Fue a raíz de un gran trabajo conjunto entre el Grupo de Tormentas Tropicales de Utha y nuestro grupo, que dirige Matilde Nicolini, y en el trabajamos sobre la mesoescala atmosférica.

¿Qué significa el premio en concreto?

Con respecto a lo material, es una suma de dinero no muy importante, unos mil dólares, que tengo que compartir con una investigadora belga. Pero más allá de eso, en cuando a lo científico, quizás pueda reavivar la posibilidad de pedir otro subsidio para otro viaje a los Estados Unidos o para un viaje de algún otro estudiante nuestro. Estos reconocimientos internacionales te dan la pauta de que tan atrás no estamos aunque contemos con pocos recursos. Si tuviéramos más presupuesto, estaríamos a nivel, por ejemplo, de Brasil, que no tiene nada que envidiarles a los países centrales.

Y, además, como satisfacción colateral, está la actual situación del SMN que posibilitó que la Argentina esté representada.

Creo que el panorama que hoy tenemos, tanto para los científicos formados como para la gente joven, es de poder tener la posibilidad de soñar qué queremos de la meteorología en la Argentina. Considero que ahora están dadas las condiciones.

Para enseñar mejor

El profesor del Departamento de Computación de Exactas Marcelo Frías ganó una beca “René Hugo Thalmann”, otorgada por la Universidad de Buenos Aires y destinada al perfeccionamiento de recursos humanos para el mejoramiento de la calidad de la docencia y la investigación. La destinará a viajar al Massachusetts Institute of Tecnology (MIT), donde planea trabajar sobre herramientas de análisis automático de programas de computación y traer de vuelta, además de mayor conocimiento, la posibilidad de armar una materia optativa para el Departamento.

El Grupo de Métodos Formales Relacionales, del cual está a cargo, se ocupa de distintas áreas de ingeniería de software, como diseño de lenguajes, extracción de modelos a partir del código y chequeo de la validez de los códigos.

¿Cómo le impactó la noticia de la beca?

Me enteré de la beca por un email que llegó desde la Secretaría de Investigación de la Facultad y me puse muy contento. Digamos que me tenía bastante confianza cuando me postulé: trabajo en un centro de primer nivel, mis antecedentes eran adecuados y lo que quería hacer era muy apropiado para los objetivos de la beca.

Lo interesante de esta beca es que está pensada para mejorar la enseñanza, lo que es, a su vez, un objetivo muy específico. ¿Cómo fue su propuesta, al respecto?

Cuando me enteré de la intención de la beca, me pareció que era el mecanismo perfecto para realizar dos actividades que había decidido que iba a realizar de cualquier forma. Por un lado, tenía una invitación para ir al MIT. Por otro, el área de ingeniería de software del Departamento de Computación tiene una oferta de materias optativas que no es lo suficientemente amplia con respecto al interés que tienen los estudiantes. Entonces, la beca Thalmann, como además de ofrecer una pasantía para realizar investigación en el exterior genera el compromiso de apuntar a un mejoramiento de la enseñanza, me pareció que era una oportunidad perfecta para ir y conjugar un poco la investigación que podía hacer en el MIT con la preparación de un curso para dar luego al regreso de la pasantía. Entonces, pedí un año sabático desde agosto hasta fin de julio del año que viene con la idea de trabajar con mis becarios antes de irme y dejar una serie de proyecto comenzados, trabajar con el grupo del MIT y preparar este curso y a la vuelta terminar de armar el curso y las cosas que quedaran pendiente con la gente del MIT y volver a mi vida de docente investigador a partir de agosto.

¿Por qué eligió el MIT?

Porque ahí está el grupo más importante en técnicas basadas en sat solving para análisis de código y tenemos relación con ellos desde hace dos o tres años. Hará un año y medio estuve de visita y ahora planeo ir tres meses.

¿Cuál es su área de investigación?

Desarrollo herramientas para el análisis automático de las propiedades que se espera tenga una cierta pieza de software. Estas herramientas permiten verificar, de forma automática, que ciertos tipos de errores comunes que realizan los programadores no hayan sido cometidos. Y una de las técnicas que más se utilizan para analizar programas es la basada en sat solving, que es una técnica particular para chequear si una cierta fórmula es válida o no. Parte de la idea es transformar el código de un programa a una fórmula, y no solamente se transforma el código sino que también alguna propiedad que a uno le gustaría chequear de ese código. Entonces, cuando uno traduce en forma conjunta el programa y esta propiedad, si uno consigue, utilizando esta herramienta, encontrar una asignación a esta fórmula que sea verdadera, lo que termina pasando es que encontró una demostración de que esa propiedad vale. Por ejemplo, se podrían chequear propiedades de programas que son importantes tanto en la industria como en la investigación.

¿La idea es encontrar errores de programación?

Claro, el objetivo es producir software de calidad con la menor presencia errores en el código.

¿Se puede decir que tiene aplicación concreta?

El problema que tienen estas técnicas en general es que todavía no tienen un desarrollo tal que permita que escalen como para poder realizar aplicaciones de tamaño industrial pero, justamente, la característica que está enfocada por mi grupo en este momento es escalabilidad: cómo hacer que estas técnicas puedan convertirse en aplicables a sistemas de un tamaño mediano o grande. Al respecto, tenemos un proyecto que esperamos esté terminado para fin de año que creo que va a tener un impacto muy grande.

¿Usted ve la docencia como algo lateral a la investigación o como algo que también es central?

A mí siempre me gustó mucho dar clases. Desde que volví al país, en 1999, nunca dejé de estar a cargo de alguna materia obligatoria, aunque también dicté materias optativas. Siempre tuve interés en estar al frente de las materias que sea necesario dictar de acuerdo con los requerimientos de mi departamento. Por eso me resultó interesante aportar algo a lo que veía que estaba pasando en ingeniería de software con la falta de materias optativas.

¿Qué tipo de materia está interesado en proponer?

En particular, ahora con esto voy a armar una materia de análisis de software que creo que va a ser muy interesante para los alumnos y que va a estar centrada en herramientas: una materia sobre análisis automático de programas, que es algo que en la actualidad no se está viendo en profundidad.

Además, aprovechará el viaje para integrar el conocimiento con la gente de su grupo.

Yo dirijo un grupo de investigación que en este momento tiene seis becarios acá del Departamento de Computación, un becario por un proyecto de la Agencia, cuatro becarios doctorales del Conicet y, bueno, yo en el MIT voy a trabajar en temas que abordo con mis becarios. No podemos trasladarnos todos a los Estados Unidos por un problema de financiamiento, pero seguramente lo que ocurrirá será que estaremos conectados en forma constante y seguiremos trabajando en grupo aunque yo esté allá. La idea es adquirir experiencia e iniciar nuevas líneas de investigación conjuntas o no con la gente del MIT; pero, centralmente, involucrar a todo mi grupo.

¿Los recursos que le provee la beca Thalmann son suficientes para su proyecto?

Digamos que son suficientes si uno está dispuesto, de alguna manera, a volver a la vida de becario… Está bien.

Qué fue el SALLJEX
SALLJEX son las siglas de South American Low Level Jet Experiment. Fue una experiencia internacional que se llevó adelante entre 2002 y 2003 y de la que participó muy activamente Paola Salio, al igual que otros investigadores del Departamento de Ciencias de la Atmósfera.

Su objetivo fue obtener una importante cantidad de datos que permitieran mejorar las predicciones meteológicas y consistió en un relevamiento sin precedentes de una corriente de aire húmedo que produce lluvias en la Cuenca del Plata a partir de dos aviones “caza huracanes”, dos radiosondas y cientos de pluviómetros.

La base de operaciones del SALLJEX fue la Facultad de Ciencias Exactas y Naturales y contó con el aporte del Servicio Meteorológico Nacional, instituciones provinciales y diversos organismos internacionales.

Fuente: El Cable Nro. 651

Armando Doria