“Me gusta el proyecto Argentina”
Diego Ferreiro cursó su carrera de grado y se doctoró en la Facultad. Después viajó a California para hacer su posdoc y permaneció por casi cinco años en Estados Unidos. De vuelta en el país y en Exactas, explica cómo eligió su lugar de trabajo en el exterior, cuenta su experiencia afuera y explica por qué está muy feliz de haber retornado.
– ¿Cómo empieza tu formación?
– Arranqué con el CBC en el 91, y en el 92 empecé la carrera de Biología en la Facultad. Me recibí en diciembre del 97. Hice parte de mi tesis de licenciatura en Francia y surgió la posibilidad de quedarme allá para hacer el doctorado, pero finalmente me decidí a hacerlo acá. Por cuestiones personales y también porque varias personas me recomendaron que lo hiciera en el país. Empecé a mediados del 98 en el laboratorio de Gonzalo Prat Gay, en lo que era la Fundación Campomar. Terminé para diciembre de 2004.
– ¿En ese momento ya tenías decidido que querías hacer una experiencia en el exterior?
– Sí. Yo quería profundizar en el área de teoría físicoquímica de proteínas y en el país había muy pocos lugares que trabajaban en eso. Poco antes de terminar mi doctorado se hizo un congreso en San Diego de una de las organizaciones que investigaban el tema que me interesaba. Fui al congreso y aproveché para conocer la zona y visitar laboratorios. A mí me parece muy importante estar en un lugar donde uno se sienta cómodo más allá de lo que sería el ámbito estrictamente laboral. Ni yo, ni mi novia, que también es investigadora, nos hubiéramos ido a un lugar aislado del planeta. Tuve entrevistas con varios laboratorios y finalmente enganché en un grupo que me ofrecía un tema muy interesante, con gente de todo el mundo y en un lugar muy atractivo, como es la Universidad de California en San Diego (UCSD). Es uno de los tres polos tecnológicos más importantes del mundo. Además está al lado del mar, lo cual está buenísimo, y es una ciudad chica, tranquila. Llegué el 15 de enero de 2004.
– ¿Qué similitudes y diferencias notaste en cuanto al trabajo científico?
– Una de las cosas que más me chocó es la diferencia que hay en la participación de los estudiantes de doctorado y de grado. Acá los estudiantes son mucho más activos. Allá yo sentía que muchos chicos no apreciaban todo lo que les ofrecía una institución como la UCSD. Tienen como una visión mucho más mercantilista. Quieren terminar lo que están haciendo para aplicar a una posición en una compañía o en una universidad. Por otro lado acá hay mucha más colaboración que allá entre los estudiantes. Allá son mucho más competitivos, pero no por hacer mejor un trabajo de investigación, sino por ganarle al de al lado, por publicarlo antes. Acá se trabaja mucho más en grupo y para mí eso es mucho más enriquecedor. Otra cosa que me impactó es el nivel altísimo que tienen los profesores. Eso es porque tienen la posibilidad de elegir entre los mejores del mundo. Pensá que el 50% son extranjeros.
– ¿Y qué me podés decir de la diferencia de recursos?
– Es muy sencillo. Al segundo día de llegar le fui a preguntar a mi jefa, si podía comprar esto o aquello. Me dijo: “si son menos de 500 dólares ni me preguntes, compralo. Si son entre 500 y 3000 vení y avisame”. Es increíble la diferencia de recursos.
– ¿Qué te decidió a emprender el regreso?
– Una hija. Tuvimos una hija y consideramos que sería una picardía sacarle a los abuelos la posibilidad de “abuelarse”. No nos pareció que fuera un lugar para criar chicos como nosotros queríamos criarla. De todas maneras no teníamos tanto apuro para volver. Desde que nació hasta que nos volvimos pasaron dos años y estábamos dispuestos a quedarnos hasta 5 años.
– ¿Cómo fuiste planificando la vuelta?
– Decidimos que queríamos volver a Buenos Aires. Aquí para hacer investigación en los temas en que me especialicé no hay muchos lugares. Yo quería trabajar sobre estructura, secuencia, función y evolución de proteínas. Necesitaba un sistema experimental muy particular que lo tenía trabajando un investigador de la Universidad de Quilmes. Fui a hablar con él y me dijo: “venite”. Además, pedí la entrada a carrera de Conicet, le agregué una beca de reinserción y me vine. Llegué en octubre de 2008. Estuve un año yendo y viniendo de Quilmes. Y después surgió una posibilidad en Química Biológica, que hizo un concurso buscando nuevos grupos para incorporar en el Departamento. En ese momento me asocié con Nacho (N. de la R: Ignacio Sánchez) y decidimos poner juntos el laboratorio. Presentamos los papeles y ganamos el concurso. Así que recién ahora, desde hace tres meses, cuando nos dieron la llave de este laboratorio es que siento que me estoy instalando. Fue un año y pico de llegada, tropezones, de readaptación.
– Los instrumentos de reinserción ¿te fueron útiles?
– Me parece importantísima la existencia de estos programas. Si no, sería muy difícil retornar. Primero hay un costo material importante en la mudanza, que a mí me lo cubrió el Estado. Sin esas herramientas de reinserción te llevaría mucho más tiempo armar una mínima base de docencia e investigación. Por ejemplo, los subsidios PIDRI de la Agencia, que tienen una asociación con un cargo docente, son fundamentales porque si no, para alguien que se ha reinsertado recientemente en la Facultad, pueden pasar años hasta que haya un concurso. De esta manera la Facultad puede aprovechar plenamente el recurso humano que está reinsertando.
– ¿Contento con el regreso?
– Muy contento. Es muy linda Buenos Aires y está buenísimo el “proyecto Argentina”. Vamos a llamarlo así.
Fuente: El Cable Nro. 753

Facultad de Ciencias Exactas y Naturales - Universidad de Buenos Aires - Argentina