Mejor que en Nueva York

Francisco Urbano es español y realizó sus estudios universitarios en Madrid, donde se doctoró en neurobiología. En el 97 se incorporó al LFBM y en el 2000 viajó a EEUU para hacer un posdoc. En esta charla con el Cable cuenta por qué eligió venir y regresar a Argentina y asegura que el trabajo que hoy desarrolla en Buenos Aires no podría hacerlo en Nueva York.

26 de noviembre de 2008

– ¿Cómo fue tu formación universitaria?

– Hice la carrera de ciencias químicas en la Universidad Autónoma de Madrid, y luego doctorado en neurobiología, en el Instituto Cajal. Y después lo que hice fue orientarme hacia las neurociencias. Por eso se me presentó la oportunidad, en el año 97, de sumarme al grupo de Osvaldo Uchitel que trabajaba en fisiología sináptica, en el entonces nuevo Laboratorio de Fisiología y Biología Molecular (LFBM). España atravesaba una recesión importante y además nunca dirigió recursos significativos para la ciencia básica. La opción habitual es ir a Alemania, Francia o EEUU, pero a mí siempre me pareció interesante venir a Sudamérica. Además, cuando vine, me casé con una ciudadana argentina, es decir, no fue una decisión absolutamente científica.

– ¿Cómo fue tu incorporación en el LFBM?

– Fue muy interesante porque se estaba haciendo una experiencia que era única en Argentina: la formación del LFBM, que consistía básicamente en traer grupos de distintas orientaciones y ponerlos a todos juntos en un ambiente relacionado con la docencia.

– ¿Cómo surge la posibilidad de volver a viajar?

– A través del trabajo en el laboratorio con Uchitel se presentaron dos posibilidades para hacer un posdoc. Una con la Universidad de Standford y otra con la de Nueva York. Y como siempre hablamos con Uchitel de que era un paso necesario para la formación, como persona y como científico y, además, para entrar a la carrera del Conicet es recomendable tener una experiencia posdoctoral afuera, entonces decidí aceptar la propuesta de Nueva York. En el 2000 viajamos con mi mujer y después me quedé bastantes años, pero siempre con ganas de volver.

– ¿Qué diferencias notaste, en las condiciones para hacer investigación, entre Argentina y EEUU?

– Si tengo que comparar lo que sería Nueva York 2008 y Buenos Aires 2008, la proyección para los jóvenes científicos es mucho mejor aquí. En Nueva York vos podés hacer un posdoc, publicar bien, hay equipos de trabajo y hay una masa crítica de científicos. Pero cuando vos querés dar un paso más y poner a prueba tus propias ideas, es un lugar prácticamente imposible porque casi no hay financiación para jóvenes. Entonces, Argentina, en mi caso particular, me está dando financiación y un espacio para realizar tareas que en Nueva York no podría hacer.

– ¿A nivel humano cómo te fue?

– En Nueva York nadie se puede sentir extranjero. Hay comunidades de todos los lugares del mundo. Lo difícil es mantener un ritmo de vida, en términos económicos. Nueva York es una ciudad absolutamente inviable en cuanto al acceso a la vivienda. En cambio en Buenos Aires, un sueldo del Conicet es bajo pero podés tener un acceso a una vivienda.

– ¿Por qué toman la decisión efectiva de volver?

– A partir de querer hacer cosas diferentes, tanto a nivel científico como humano. Tuvimos un hijo allá y entonces vos te das cuenta que ya no podés mudarte cada dos o tres años. Por el lado científico, Argentina empezó a estar mejor. Entonces viajé, hablé con Uchitel y me ofreció un lugar restringido, con acceso restringido a equipos, pero era un lugar para empezar. Yo vine en el 2006 y me instalé físicamente en el 2007.

– ¿El ingreso al Conicet lo tramitaste desde el exterior?

– Sí, y es muy fácil de tramitar. Lo hacés todo por Internet y está muy bien pensado. Hay una parte inicial que es una evaluación científica. Y cuando volvés hacés la parte burócratica. Además en el Conicet tratan a estas aplicaciones de una manera especialmente positiva.

– ¿Las herramientas que desde hace unos años dispuso el Estado, ayudan al regreso de los investigadores?

– Creo que sí. El regreso es factible. En este momento Argentina tiene la gran ventaja de que el resto del planeta, por encima del Ecuador, tiene graves problemas para mantener sus recursos humanos. EEUU, por ejemplo, que trabaja mucho con científicos inmigrantes que no son nacionalizados, tiene muchos problemas para mantenerlos porque los programas de migraciones se soportan con proyectos, si no hay proyectos no hay visas, y, si no hay visas, la gente se tiene que ir. Entonces el hecho de que la Argentina impulse el regreso de investigadores, lo haga regular o bien, es positivo y creo que si lo sostiene en el tiempo va a ser algo muy importante para el país.

– ¿Cómo fue tu regreso a la Facultad? ¿Te afectó la falta de espacio?

– Existe un problema general de falta de espacios para investigar. Uchitel me propuso un lugar de trabajo compartido porque obviamente no tiene capacidades ilimitadas de espacio, ni de equipamiento. En cuanto a los fondos, lo que hice fue aplicar lo más rápido posible a proyectos de la Agencia y del Conicet. Por otro lado, me incorporé, en 2007, a la docencia en la UBA, como JTP interino en el Departamento de FBMC. Entonces, si bien no hay espacio en la UBA para todos los jóvenes que lo requieren, tenés posibilidades de hacer docencia, cosa que no ocurre en otros lugares. Estoy conforme con mi regreso aunque me gustaría tener más recursos, como todo el mundo.

Fuente: El Cable Nro. 709

Gabriel Rocca