Papers y algo más
UNESCO otorgó el premio internacional Michel Batisse 2010 al biólogo Fabio Kalesnik, por su trabajo científico en el marco de un proyecto que reúne tareas de conservación, educación ambiental y desarrollo sustentable en la Reserva de Biosfera Delta del Paraná. La iniciativa había ganado un subsidio Exactas con la Sociedad.
El nombre completo del proyecto que la Argentina decidió presentar ante la UNESCO es “Formación en Educación para el Ambiente y el Desarrollo Sustentable. Propuestas innovadoras con Isleños de la Reserva de Biosfera Delta del Paraná”. Es fruto de un trabajo de más de 10 años, encabezado en un principio por Inés Malvárez y luego por Fabio Kalesnik, y fue distinguido entre 24 iniciativas presentadas por naciones de muy diferentes lugares del mundo.
Kalesnik es doctor en Ciencias Biológicas e integra el Laboratorio de Ecología Ambiental y Regional del Departamento de Ecología, Genética y Evolución. “Para mí fue una gran noticia. Es un orgullo importante haber representado al país en un concurso internacional y haber competido con otras propuestas de muy buen nivel.
– ¿En qué consiste el premio?
– En principio te brinda la posibilidad de viajar a París en el marco de una semana de trabajo del Consejo Internacional de Coordinación del Programa “Hombre y Biosfera”, que integran 199 países. En un momento de esa semana se entrega el premio formalmente y tuve que exponer una síntesis de nuestro proyecto. El premio también entrega seis mil dólares que usaremos en buena medida para profundizar las campañas que vamos a hacer esta primavera-verano.
– ¿Cuáles son las características generales del proyecto?
– Este proyecto surge cuando, quien era la directora de este laboratorio, Inés Malvárez, nos impulsa a todo el grupo a presentar, junto con el municipio, una iniciativa para que las islas del delta pertenecientes a San Fernando sean declaradas reserva de la biosfera por la UNESCO. Cosa que esa institución aprueba en el año 2000. Estas reservas tienen la particularidad de que el hombre, el poblador con sus tradiciones y actividades productivas, debe estar incluido en su manejo. Por lo tanto, en este modelo, se articula un área de conservación estricta, un área de desarrollo sustentable y un área de amortiguación entre ambas.
– ¿En qué consiste tu trabajo en el marco del proyecto?
– A título personal yo trabajo en investigación sobre el estado de conservación de los últimos parches de bosque nativo y en el manejo sustentable de los nuevos tipos de bosque que se fueron desarrollando en las islas. Además, desde el año 2000, también participo del Comité de Gestión de la Reserva, integrado, entre otros, por pobladores, productores locales, representantes del municipio de San Fernando, del INTA.
– ¿Y cómo tomaron los pobladores el hecho de que la zona se convierta en una reserva?
– Al principio hubo conflictos. Hubo que explicar que esto era para sumar y que iban a poder seguir haciendo las mismas actividades de siempre. Pero que también iba a haber ambientes que había que conservar. Mucha gente se acercó a participar del Comité de Gestión y hoy, diez años después, podemos decir que toda esa gente se sumó al proyecto y que lo sienten como propio. Por ejemplo, si se quiere desarrollar una nueva actividad productiva, es el Comité el que tiene que permitir que se lleve a cabo. La gente siente que hubo beneficios y ahora son ellos los que plantean estrategias de conservación. En ese sentido, hay un programa de educación ambiental, en el marco del cual hemos dado más de veinte cursos de capacitación a maestros, agentes municipales, productores, agentes de turismo. A partir de un subsidio Exactas con la Sociedad hemos desarrollado viveros didácticos con especies nativas para trabajar en las escuelas. Hemos producido materiales, elaborado maquetas didácticas con artistas plásticos, desarrollado senderos de interpretación, escrito libros para capacitar docentes.
– En relación con el Comité de Gestión, llama la atención que semejante cantidad de personas, de muy distintos ámbitos, puedan trabajar y funcionar en conjunto.
– Eso sorprende a mucha gente. Y más si tenemos en cuenta que nadie cobra un peso por participar en esas reuniones en las cuales discutimos no sólo las problemáticas que lleva este laboratorio, sino las de los productores, que plantean que su producción de álamos se dañó, o que hay peligro de fuego, o que se viene la inundación. Colectivamente intentamos dar respuesta ante esas situaciones. Haber entregado muchas horas a este aspecto de gestión del proyecto nos sirvió para entender que el científico tiene que estar adentro del problema y ser parte del ámbito comunitario. Eso tiene un valor agregado que UNESCO ha valorado. Quiero decir, que no sólo se investigó para publicar un paper de alto impacto sino que en paralelo se desarrollaron estrategias para transferir los conocimientos.
– ¿Cómo colabora este premio en el futuro del proyecto?
– Creo que puede ayudar a abrir puertas que hasta ahora estaban cerradas. Por otro lado, creo que es muy importante para incentivar a los jóvenes investigadores de este laboratorio. De esta manera, ellos pueden ver que hacer ciencia no es sólo publicar papers sino que hay otro modelo que es serio y que puede ser premiado internacionalmente. En el ámbito científico, te soy sincero, no se si esto abre puertas porque creo que el sistema está en deuda con este tipo de proyectos y no evalúa el impacto social de los trabajos que uno hace a la hora de concursar un cargo o de pedir subsidios. De todas formas, esto nos indica que estamos en el buen camino y que el esfuerzo vale la pena.
Fuente: El Cable Nro. 749

Facultad de Ciencias Exactas y Naturales - Universidad de Buenos Aires - Argentina