Pibes con ciencia
En las vacaciones de invierno de 2008, en la localidad de Embalse, en Córdoba, catorce estudiantes de carreras de Exactas ofrecieron talleres de ciencia a unos 2500 chicos de escuelas primarias públicas de todo el país, en un encuentro organizado por el Ministerio de Educación.
Un total de 2500 alumnos de sexto grado de todo el país participaron en talleres de ciencia ofrecidos por estudiantes de las carreras de Física y de Ciencias de la Atmósfera de la Facultad. El encuentro, denominado Pibes con Ciencia, tuvo lugar en la unidad turística de Embalse Río Tercero, en la provincia de Córdoba, y fue organizado por el Ministerio de Educación de la Nación.
El profesor Claudio Cincotta, responsable del Programa de Turismo Educativo y Recreación del Ministerio, señala: “Para nosotros, la recreación es una herramienta educativa fundamental y, dado que 2008 es el año de la enseñanza de las ciencias, nos pareció oportuno acercar los chicos a la ciencia en un espacio recreativo”.
A partir de un convenio entre el Ministerio y la Facultad, los licenciados Laura Estrada, del Departamento de Física, y Federico Robledo, de Ciencias de la Atmósfera, junto con catorce estudiantes avanzados de ambas carreras, diseñaron actividades para estimular la curiosidad de los chicos. “El Ministerio selecciona las escuelas buscando fortalecer a las más necesitadas, aportando herramientas pedagógicas y recursos materiales”, destaca Cincotta.
Una vez arribados a la unidad turística, se formaron grupos de treinta chicos, a los que se asignaba un par de profesores de educación física que los acompañarían durante toda la estadía. Entre las actividades de recreación se realizaron dos talleres de ciencia, que ocupaban dos jornadas de trabajo.
“Uno de los talleres, que se llamó Lucecitas, consistía en un trabajo con piezas de encastre y un circuito eléctrico, con cable, pilas y lamparitas. Los pibes encastraban las piezas, conectaban los cables, y sucedían cosas que despertaban preguntas”, relata Mariano Barraco, estudiante de física.
Por su parte, Natalia Montroull, de Ciencias de la Atmósfera, comenta: “Nosotros trabajamos, por un lado, con la temperatura, midiendo con termómetros en diferentes lugares. Por el otro, medimos la velocidad del viento con anemómetros que armaban los chicos con bolitas de telgopor”. En oceanografía, se trabajaba con tanques llenos de agua, coloreada con distintos tonos, y de diferentes densidades.
El mito del científico loco
Antes del viaje, se organizó una reunión con los talleristas, los coordinadores y los profesores de educación física. El objetivo era que estos últimos, que estarían con los alumnos en forma permanente, conocieran las actividades de ciencia que se desarrollarían.
En esa reunión, los profesores de educación física representaron una obra de teatro, uno de cuyos personajes era el típico científico loco. “Era muy gracioso, pero resultaba necesario aclarar que se trataba de un preconcepto, que no respondía a la realidad. Tuvimos que mostrar que nosotros, que seremos científicos, somos personas como todo el mundo”.
Todos coinciden en que la experiencia fue un éxito. Los chicos no paraban de hacer preguntas. La actividad había estimulado su curiosidad. “En muchos casos, los talleres les sirvieron a los docentes de las escuelas para planificar las actividades del segundo semestre”, afirma el profesor Cincotta.
La coordinadora de física, Laura Estrada, subraya: “La idea era enseñar ciencia de una forma diferente de la habitual. Hicimos experimentos con cosas sencillas y cotidianas, sin instrumental específico, y los chicos y los maestros se dieron cuenta de que pueden llevar eso al aula”. Se puede aprender ciencia sin tener un laboratorio, y en forma divertida.
Al final se les pidió a los chicos que construyeran juegos, por ejemplo, un cerebro mágico, con una luz que se enciende si se responde correctamente una pregunta. También armaron helicópteros y aviones. Utilizaban materiales que los talleristas les daban: cartones, cables, pilas y luces.
Si bien los chicos que provenían de zonas urbanizadas mostraban habilidades y saberes diferentes de los que pertenecían a áreas rurales, todos trabajaban y se entusiasmaban de la misma manera, según explican los estudiantes.
Dernis Mediavilla, estudiante de Ciencias de la Atmósfera, admite: “A nosotras nos tocó el conurbano bonaerense, eran chicos que venían con un grado de agresión muy alto. Pero, una vez que lográbamos interesarlos, trabajaron muy bien”.
Y Mariano destaca: “Laburar allá fue un placer para todos nosotros, yo la pasé rebien, no me quería volver, y trabajar con los pibes está muy bueno”.
Por su parte, el coordinador Federico Robledo subraya: “Mientras los chicos estaban en Córdoba, uno observaba un gran contraste, por un lado, los medios criticando el sistema educativo y, por el otro, este programa que demostraba que se pueden hacer muchas cosas en educación”.
Lo cierto es que el encuentro de Embalse mostró que la ciencia y la diversión no necesariamente van por veredas opuestas.
| El equipo de Exactas |
| En el Departamento de Física, la coordinadora fue Laura Estrada, y los estudiantes que participaron fueron: Jennifer Rodriguez Maziere, Gabriela Petrungaro, Joaquin Hernandez Sanchez, Pablo Etchemendy, Juan Pablo Di Bella, María Florencia Assaneo, Victoria Romeo Aznar y Mariano Barraco.
En Ciencias de la Atmósfera y los Océanos, el coordinador fue Federico Robledo, y los estudiantes: Natalia Montroull, Dernis Mediavilla, María Eugenia Dillon, Carla Gulizia, Guadalupe Alonso y María Soledad Osores. |
Fuente: El Cable Nro. 707

Facultad de Ciencias Exactas y Naturales - Universidad de Buenos Aires - Argentina