“¿Por qué me voy a sorprender yo solo?”

Después de ocho años consecutivos de aire con Científicos Industria Argentina y más de un millón de libros de matemática vendidos, Adrián Paenza se convirtió en un indiscutible de la comunicación de la ciencia. En esta entrevista con el Cable, el matemático egresado de Exactas habla de su deseo permanente de compartir el conocimiento, de política, de los medios y de las puteadas que recibió en la cancha.

12 de mayo de 2010

– ¿En algún sentido, se considera un militante?

– No me considero un militante de nada. Para militar, en todo caso, no haría las cosas individualmente, tendría que juntar gente y eso sería muy arrogante de mi parte; digo, quién sería yo para liderar algo.

– No digo que necesariamente lo tenga que liderar usted, me refería a asumir de manera militante sus convicciones.

– No creo que sea un militante porque no creo en las individualidades. Lo que pasa es que la sociedad está acostumbrada a esos casos, suele poner en un pedestal a algunas personas, necesita saber quién es el que corre más rápido, el que salta más alto, quiénes son los número uno.

– Entonces, ¿hasta dónde llega el propósito de su trabajo?

– A ver… Yo disfruto mucho de lo que hago, no tengo una agenda, la idea de que “yo tengo que lograr esto”. Las cosas que fueron pasando en vida podría asegurar que fueron accidentes, pero en todo caso ninguna cosa que yo me hubiera propuesto. Y me sorprenden mucho. El otro día llegaba a La Rural para la presentación del quinto libro de Matemática, ¿estás ahí? en la Feria del Libro y había una cola enorme. Como tocaba Caetano Veloso ahí cerca, dije “es increíble la gente que viene al recital” y me respondieron “no, es para vos, no es para Caetano Veloso”. Me impactó mucho.

– Cuando prepara sus libros, sus programas, ¿no considera si pueden aportar en tal o cual sentido?

– La respuesta es no, yo no me propongo nada y, de hecho, todavía estoy sorprendido por lo que pasa. Yo me doy cuenta, después de haber recibido muchos mails, de que hay gente que está utilizando los libros de matemática en distintas escuelas donde no había material al respecto. Pero yo no digo “me voy a proponer, con mis libros, modificar la bibliografía de la escuela pública”, porque nunca me propuse nada, sería mentira, y si pasó y sirve es extraordinario, es una caricia en el corazón como pocas uno puede recibir. Pero si yo dijera que hice algo para lograr eso, estaría mintiendo. Nunca pensé que esto iba a pasar. El primer libro lo escribí porque Diego Golombek me dijo que quería publicarme los cuentos de matemática que venía haciendo en el programa de tele, que no me costaba nada. Yo le dije que no le iba a interesar a nadie. Soy un visionario…

– Además de estar semanas y semanas en los primeros puestos de venta en la Argentina, tus libros están on line para leerlos de forma gratuita. ¿Eso fue una decisión tuya?

– Fue un pedido mío a la hora de firmar el contrato porque considero que, de alguna forma, el material de los libros no es mío, son cosas que circulan en el ambiente académico y que yo me encargué de trasmitir. Esa experiencia resultó interesante. Yo escuché que si hacía accesibles los libros por internet de forma gratuita no era viable el negocio, y de los libros se vendieron más de un millón de ejemplares. Millones de ejemplares de un libro de matemática… ¿Quién lo podía decir?

– Seguro conoce la experiencia editorial del libro Historia del tiempo, de Stephen Hawkins, el libro más vendido y menos leído de la historia. ¿Pensó alguna vez que pueda pasar algo así con Matemática, ¿estás ahí?

– Estoy casi seguro de que a mucha gente le han regalado el libro porque es barato, accesible y permite leerse de cualquier forma, no lineal, sino saltando capítulos, por ejemplo, así que es probable que algunas personas no lo hayan leído completo. Pero sí tengo un dato interesante, el año pasado los libros recibieron una distinción de la Comisión Protectora de Bibliotecas Populares porque fueron los más pedidos en las bibliotecas populares de la Argentina: está presente en 2.200 bibliotecas. Eso es increíble, que gente de lugares donde no hay luz, no hay agua, puedan acceder al libro… Esto pasa, entonces debo presumir que hay personas que están utilizando los libros como una alternativa de enseñar algo de matemática.

– Se siente muy conforme con los resultados de su trabajo. ¿Qué más pretende al respecto?

– Nada, nada. Yo soy un tipo muy privilegiado, no necesito nada más. ¿Cuántas personas hacen en la vida lo que les gusta? Yo lo hago todos los días, todo el tiempo. Me siento muy bien, me sobra el trabajo, no siento que estoy trabajando. Tengo una actividad que disfruto y, además, me permite estar en la frontera del conocimiento. Por causa de los programas de tele, tengo a los tipos más destacados de todas las áreas a mi alcance, les pregunto lo que quiero y encima me pagan para hacerlo.

– Usted tiene una formación integral en ciencia, en comunicación y que se complementa con la cercanía al público, con el que interactúa en las presentaciones de libros, en actividades científicas y culturales. ¿A partir de eso, cómo percibe el estado de la razón en la sociedad?

– Ha cambiado, está cambiando. A mí me gustaría ver 30 años más allá… Yo alguna vez quiero entender qué está pasando para saber de qué movimiento estamos formando parte, pero es muy difícil mientras uno está formando parte, es como verte crecer vos mismo. Ahora, claramente algunas cosas son fácticas y no dependen de las opiniones. Cuando yo empecé a trabajar en Radio Rivadavia, en 1966, nosotros leíamos cables que venían de las agencias del exterior con noticias de ciencia y lo percibíamos como algo se que generaba en algún sitio lejano porque en ningún diario de la Argentina había un especialista en ciencia. Hoy todos los diarios nacionales tienen uno. Ya hay algo que cambió. Hay canales de divulgación en el cable, colecciones de libros, programas de televisión abierta. Nos empezamos a meter adentro del mundo, ya hay una curiosidad diferente, y la curiosidad es lo que motoriza todo en una sociedad.

– Pero, a la vez, las religiones, las pseudociencias parecen no retroceder.

– Sí, pero también ahora hay un ministerio de ciencia y tecnología, por ejemplo, y eso también es un cambio en la buena dirección que tiene un necesario reflejo en la sociedad.

– ¿Considera que ese cambio político tiene futuro o será susceptible a futuras alternancias de poder?

– Creo que este gobierno, como cualquier gobierno, va a pasar. Pero va a ser difícil sacar del gabinete a un ministro de ciencia y tecnología, y encima con el plus de que este ministro es un científico que estaba en actividad, no uno que publicaba hace 30 años, es alguien que está hoy en la punta del conocimiento de un tema central, y considero que eso genera un precedente importante. Esto es muy prometedor, sobre todo porque venimos de menos 100. A mí, Néstor Kirchner me habló un día en 2003 sobre cuánto ganaban los becarios del CONICET. Me llamó la atención, porque yo conocí a todos los presidentes de los últimos 40 años, y no todos sabían qué existía el CONICET. Ahora, que supiera qué era el CONICET, que hay becarios en el CONICET, que supiera que los becarios ganaban poco, y que encima trataran de hacer algo, es algo muy particular. Son muchas cosas que cambiaron en muchas áreas al mismo tiempo, yo las miro con optimismo, y no veo ninguna otra razón para que se hayan producido que la de achicar, aunque sea un poco, la brecha entre los que más tienen y los que menos tienen.

– ¿Extraña hacer periodismo más cercano a la política, como cuando participaba de Día D, por ejemplo?

– Yo sigo estando… La política, en los medios de comunicación, se hace desde distintos lugares, posiblemente no esté en el “gana-pierde” de todos los días, pero no lo extraño nada porque no tengo tiempo de extrañar nada.

– Usted vive más tiempo en los Estados Unidos que en la Argentina. ¿Se siente cómodo en esa situación?

– Sí, completamente. Vivo bastante tiempo afuera, me debía a mí mismo hacer una experiencia en el exterior y la estoy haciendo. Tampoco podría haber escrito un libro por año si no hubiera estado afuera, porque me lleva mucho tiempo, no me es trivial hacerlo. Además, viajo mucho, voy al festival mundial de ciencia, a las TED, al MIT, a un montón de lugares donde tengo ex alumnos, además, y me permiten estar en contacto con mucha gente.

– ¿Aprovecha esa experiencia desde lo periodístico?

– Hay gente que conozco, que está trabajando en IBM, en las afueras de Nueva York y me dice “mirá, hay una máquina que es la más rápida del planeta, vení que vamos a visitarla”. Voy al Fermilab, me dicen -vení que vamos a detener el acelerador” y me llevan junto a tres tipos a recorrerlo, y yo voy con una camarita. Eso es una cosa maravillosa. Ahora, eso no lo quiero sólo para mí, ¿yo que hago con eso? Es como leer un libro. Después de las experiencias, yo necesito comunicar, quiero contarlo. Así como me sorprendo, quiero que se sorprenda la gente, ¿por qué me voy a sorprender yo solo?

– ¿Advierte la temperatura de cómo se está viviendo el periodismo nacional en estos días?

– Esto que está puesto en la agenda hoy es muy interesante, la discusión que ha impuesto la ley de medios arriba de la mesa es de temas centrales. El monopolio del Grupo Clarín es muy importante, lo que ha pasado en la historia con un montón de gobiernos, incluso el actual, es que han negociado las tapas de Clarín. Ahora la gente advierte que esto pasa.

– ¿Y la violencia hacia la prensa que denuncia la oposición?

– Yo vengo del fútbol y escuché más de una vez a 40 mil tipos gritando: “Paenza, hijo de puta, la puta que te parió”, y yo no vi que salieran por todos lados a defenderme ante la agresión como pasa ahora, que alguno se puede quejar de que le dijeron gorila. Nosotros no transmitíamos fútbol en Marte. Yo he tenido que entrar la cancha con la policía y nos llevaban con vidrios polarizados, y nadie decía nada de eso, pero cuando me dicen gorila mí… El hecho de que todo el mundo esté hablando de todo lo que se le ocurra desmiente que haya censura. ¿Dónde hay censura? Están todos discutiendo sobre 6,7,8, pero es un programa de una hora en un canal que no tiene rating, un programa discutiéndole al grupo Vila-Manzano, al Grupo Clarín, a La Nación. Si un grupo de periodistas va a ser el house organ de un grupo que defiende determinados intereses propios, digámoslo. Si vos trasmitís la campaña de Boca vas a gritar los goles de Boca más que los que le hacen en contra, pero tiene que estar claro que seguís la campaña de Boca.

Fuente: El Cable Nro. 744

Armando Doria