Tres de tres
En el número anterior, el Cable publicó las entrevistas con dos de los tres investigadores de Exactas distinguidos con los premios 2008 de la Academia Nacional de Ciencias. En esta edición se completa la trilogía con el paleontólogo Darío Lazo, que acaba de llegar de Inglaterra donde participó de un congreso internacional de su especialidad.
Darío Lazo tiene 33 años. Es licenciado en Ciencias Biológicas y doctor en Ciencias Geológicas de la Facultad. Actualmente es investigador adjunto del Conicet. Sus líneas de trabajo están orientadas a la reconstrucción de las asociaciones fosilíferas del Cretácico Inferior de la cuenca Neuquina. Es el único autor de un capítulo de libro publicado por la Geological Society of London y primer autor de un capítulo en el libro Invertebrados Fósiles. Este mes la Academia Nacional de Ciencia lo distinguió con el Premio Herman Burmeister, en Geología y Paleontología.
– ¿Qué significado le das al premio?
– Fue una gran sorpresa y es un gran honor. Es muy importante para mi carrera. Yo creo que hay muchos geólogos y paleontólogos de mi edad que son también merecedores de este premio. Hay como una generación nueva de geólogos y paleontólogos que está alcanzando un muy buen nivel internacional. Así que lo tomo también como una responsabilidad y un impulso para seguir adelante.
– ¿Cómo se dio tu postulación?
– Me presentó Beatriz Aguirre Urreta, que fue mi directora de tesis. La presentación fue un tanto oculta. Una vez me pidió un currículum pero no me explicó mucho más. Y bueno, finalmente resultó en esto. Me avisaron por teléfono que había ganado. Vos sabés que en el área de Paleo tenemos un solo teléfono para todos. Pero justo atendí yo y fue una gran sorpresa.
– Vos sos licenciado en biología ¿por qué decidiste dedicarte a la paleontología?
– Siempre me gustaron las ciencias naturales. Lo que terminó de definirme hacia la orientación de fósiles fue un viaje que hice a Patagonia. Estaba en Península Valdés buscando fósiles y empecé a darme cuenta que era eso lo que me gustaba. Dije: “esto es lo mío”. Ahí también se me fueron abriendo puertas, porque es una conjunción entre lo que se puede y lo que se quiere. Entonces comencé mi doctorado en Geología. La paleontología es una amalgama entre biología y geología. En ese momento no existía la carrera de paleontología y esto era una buena solución.
– ¿Podrías detallarnos tus líneas de trabajo?
– El objetivo general de mis investigaciones es estudiar las concentraciones fósiles que están registradas en el Cretácico temprano de Argentina y, en particular, de la cuenca neuquina. La cuenca neuquina es muy importante y muy extensa. Se desarrolló en los Andes, fundamentalmente en las provincias de Mendoza y Neuquén. Durante el Jurásico y parte del Cretácico toda esa zona estaba cubierta por una lengua del Pacífico porque los Andes no estaban totalmente elevados. Simplemente había un arco volcánico de islas que dejaban pasar el mar, formando un “engolfamiento”. En esos mares se desarrollaron un montón de comunidades. Nosotros nos dedicamos a estudiar esas comunidades bentónicas, es decir, invertebrados fósiles que vivían asociados al fondo marino. En esas concentraciones hay un montón de información ecológica y sedimentológica que nosotros tratamos de dilucidar.
– ¿Qué tipo de información sería esa?
– Los fósiles proveen gran cantidad de datos paleoambientales porque como vivían asociados al fondo registraron de alguna manera las condiciones sobre las cuales vivían. Por ejemplo: la temperatura del agua, el nivel de nutrientes, la oxigenación, la salinidad del agua.
– A partir del conocimiento que ustedes construyen ¿se pueden hacer proyecciones hacia el presente y el futuro del planeta?
– Sí, justamente este congreso internacional al que asistí en Inglaterra me ha despertado muchas ideas para proyectarlas en el futuro. Por ejemplo, durante el Cretácico hubo un óptimo climático a nivel global en la Tierra. Eso significa que hubo un aumento general de la temperatura. En la actualidad hay muchas líneas de investigación en el hemisferio norte que están haciendo comparaciones entre ese óptimo climático ocurrido en el cretácico, y el aumento de la temperatura global que se da en la actualidad. Entonces, estudiando qué consecuencias tuvo ese aumento de la temperatura en el cretácico con respecto a la diversidad de plantas, a la diversidad de invertebrados o a la distribución de comunidades biológicas, uno puede hacer proyecciones acerca de lo que puede llegar a pasar a partir del cambio climático global. De hecho, en parte del cretácico se supone que no existían casquetes polares sino que los hielos estaban derretidos. Eso nos puede dar una idea de lo que puede ocurrir en la Tierra en un futuro. Fijate que las comunidades que estamos registrando de invertebrados se parecen mucho más a las que habitan actualmente el Mediterráneo que a las de sur de Patagonia o Antártida. De allí que suponemos que la temperatura del agua de esos mares era mucho más cálida que en la actualidad.
– ¿Qué pensás que te puede dar este premio para el futuro de tu carrera?
– Yo ya decidí realizar mi carrera en Argentina y el premio me da fuerza para seguir luchando por el día a día. En particular, me gustaría conformar un grupo de investigación. Ya tengo dos estudiantes de doctorado que forman parte de mi pequeño grupo, pero mi idea es seguir fortaleciéndolo y ampliándolo en el futuro.
Fuente: El Cable Nro. 728

Facultad de Ciencias Exactas y Naturales - Universidad de Buenos Aires - Argentina