Un americano en Buenos Aires
Itzick Vatnick es doctor en biología. Nació en Buenos Aires, vivió en Israel y desde 1980 trabaja en Estados Unidos. De visita por seis meses en nuestro país, se incorporó a uno de los laboratorios de la Facultad. En esta entrevista con el Cable opina acerca las condiciones y los resultados de la investigación en Argentina y la situación de la ciencia en la primera potencia mundial.
– ¿A qué se debe su presencia en Argentina?
– Cada siete años a cualquier persona que trabaja en un instituto académico en Estados Unidos le corresponde un año sabático. Presentando un proyecto, mi institución, Widener University me da la oportunidad de ir a cualquier lugar del mundo y tener todo pago por medio año. Yo elegí Buenos Aires, lugar donde nací y viví hasta los ocho años. Y si uno quiere hacer ciencia en Buenos Aires, tiene que venir a la UBA. A través de un conocido mío me contacté con Enrique Rodríguez, y así llegué a su laboratorio.
– ¿Qué cosas le llamaron la atención acerca de la forma en que se trabaja aquí?
– Una cosa que me llamó mucho la atención es que hay muy poca comunicación y colaboración entre los laboratorios del mismo departamento. Uno puede estar en un laboratorio y no tener idea de lo que está pasando en el de al lado. Están como aislados. En Estados Unidos la gente se conoce mucho más. Sabe lo que está pasando en otros laboratorios y hay un poco más de colaboración entre ellos. Por otro lado hay una limitación en los recursos y otro problema grande es la falta de espacio. No hay espacio adecuado para hacer lo que se necesita. Pero aunque falten recursos y espacio se hace buena ciencia. Y no hay ninguna diferencia en cuanto a la calidad de la ciencia que se hace acá respecto de la que se hace en cualquier otro lugar del mundo.
– ¿Y en cuanto a la formación?
– Acá la gente suele quedarse en el mismo laboratorio para hacer su licenciatura, doctorado, posdoctorado, y se queda trabajando allí mismo. Eso no pasa en Estados Unidos. Allá la gente hace su carrera de grado en un lugar, su posgrado en otro, y consigue trabajo en otra universidad. Allá está mal visto que la gente se quede en un mismo lugar porque se considera que si uno se queda en un mismo grupo, ese grupo tiene un repertorio, y no se sale de ese repertorio. En cambio trabajar en lugares diferentes otorga perspectivas diferentes, incrementa el repertorio, modifica sus puntos de vista. Yo creo que uno se enriquece más. Por ejemplo, yo aquí aprendí un montón de biología.
– ¿Qué actividades se desarrollan en el marco de lo que se llama extensión universitaria en Estados Unidos?
– Lo que se llama extensión, en Estados Unidos, es una parte de los departamentos académicos, que reciben financiamiento del Estado y tienen por objetivo apoyar a la agricultura. A los agricultores de ese estado. Consiste en hacer investigación aplicada, dirigida a servir a los agricultores de cada estado. Ayudarles a entender cuáles son las formas mejores de hacer agricultura aplicando técnicas científicas, biotecnología. Eso es lo que se llama extensión en los Estados Unidos. Acá es diferente, es llevar a la sociedad lo que se hace en la universidad.
– Observando su currículum llama la atención que además de sus estudios en biología también cursó una maestría en “arts of teaching”, ¿de qué se trata?
– A mitad de mi doctorado decidí que quería trabajar en una institución que me permitiera enseñar a alumnos de grado. Aunque no es algo habitual yo creí necesario capacitarme. Cuando uno quiere hacer ciencia se capacita para eso y cuando uno quiere enseñar es necesario capacitarse también. Hay mucha gente que enseña en las universidades que son muy buenos científicos pero muy malos maestros. Entonces hice esta maestría en arte de enseñanza. Y la verdad me resultó muy útil, aprendí un montón.
Me quedé con muchas ideas que hasta hoy las estoy aplicando.
– ¿Qué lugar ocupa hoy la ciencia en Estados Unidos?
– Actualmente es un tema muy complicado porque hay una parte muy grande de la sociedad que desconoce la ciencia. Por ejemplo: la mayor parte de la población de Estados Unidos no conoce la Teoría de la Evolución de Darwin. Ustedes acá tienen una exposición de Darwin en Argentina. Nadie discute la validez de la teoría de la evolución. En Estados Unidos más del 60 por ciento de la población lo va a discutir por razones religiosas. Se considera que si uno es una persona de fe no puede creer en la ciencia. Este es un problema que se agravó durante los ocho años de presidencia de Bush, durante los cuales estuvimos bajo ataque verbal y también fiscal, porque recortaron el presupuesto para hacer ciencia. Ahora hay un movimiento en la comunidad científica para cambiar eso.
– ¿Estados Unidos está perdiendo su liderazgo científico?
– Sin dudas. Es un hecho reconocido. Si uno se fija, por ejemplo, la cantidad de doctorados obtenidos en biología molecular, uno ve un incremento muy grande de gente del exterior, sobre todo chinos y del sudeste asiático, que van a Estados Unidos a capacitarse y luego se van. En cambio hay una caída en la cantidad de estadounidenses que se doctoran. En fin, hay muchos datos que muestran que se está perdiendo la carrera científica y esto está generando preocupación.
– ¿Qué se lleva de esta visita a la Argentina y a Exactas?
– Me encantó vivir en Buenos Aires. En Exactas me recibieron muy bien, me agasajaron. El grupo de Enrique es gente muy cálida que está haciendo un muy buen trabajo. Hice un poco de ciencia en Argentina y aprendí mucho. Me llevo todo eso y no es poco.
Fuente: El Cable Nro. 721

Facultad de Ciencias Exactas y Naturales - Universidad de Buenos Aires - Argentina