Un camino en el tiempo
El climatólogo Vicente Barros fue distinguido con el premio Houssay Trayectoria 2009, otorgado por el Ministerio de Ciencia. En esta entrevista con el Cable, Barros, quien también integra el IPCC, cuenta sus inicios, analiza la evolución de las ciencias de la atmósfera en el país y se muestra optimista respecto de la reacción mundial frente al cambio climático.
“Yo hubiera preferido recibir el premio para menores de 45 años”, se ríe Vicente Barros, experto en climatología, que recorre las aulas y los pasillos de la Facultad desde principios de la década del 60.
Hace algunas semanas fue distinguido como uno de los “científicos sobresalientes” que recibieron, de manos de la presidenta de la Nación, el premio Houssay 2009 a la trayectoria en su disciplina científica. “Lo tomo como un estímulo para seguir trabajando”, afirma con cierto orgullo.
Es que actualmente, con 70 años cumplidos, Barros continúa en plena actividad como Investigador Superior del Conicet y Profesor Emérito del Departamento de Ciencias de la Atmósfera y los Océanos de la Facultad. Además, desde 2008, es miembro del bureau del Panel Intergubernamental de Cambio Climático como copresidente del Grupo II dedicado a estudiar impactos, adaptación y vulnerabilidad.
– ¿Qué significado le otorga a este premio?
– Es una gratificación importante. Además que me haya propuesto la Facultad, los colegas, el Departamento, no deja de ser un gran estímulo. Sobre todo porque yo no pienso dejar de trabajar. Más allá de lo del IPCC seguimos trabajando con un grupo en el DCAO y en el CIMA investigando problemas bien concretos del cambio climático en la región. Yo creo que nadie trabaja para los premios. Pero después, si vienen, son bienvenidos.
– ¿Cómo empieza su relación con la meteorología?
– Yo empecé estudiando física en esta facultad allá por 1960, 1961. Arranqué más grande porque hasta los 18 años no había empezado a estudiar el secundario, porque yo vengo de la clase obrera. Fui obrero metalúrgico y pintor de obra. Entonces, empecé con física pero después quería orientarme hacia una carrera más aplicada y me pasé a meteorología. Apenas me recibí fui a trabajar al Servicio Meteorológico y ahí me dieron una beca para estudiar en el exterior. Elegi ir a Estados Unidos, a Michigan. Cuando volví, me encargaron junto con otras personas la tarea de poner en marcha una cosa que hoy es moneda corriente, que es hacer el pronóstico numérico, porque antes todo era más subjetivo. Tuvimos mucha resistencias, incomprensiones. Entonces me fui del SMN y vine a la Facultad, full time, en los convulsionados años 70. Antes de la intervención de Ottalagano yo ya me había ido a la Patagonia. Igual me echaron porque yo me había pedido una licencia. Tendría que haber renunciado. No por lo que significaba que te echaran sino porque quedabas marcado.
– ¿A qué lugar de la Patagonia se fue?
– Me fui a trabajar a Puerto Madryn, a un lugar que se llamaba Centro Patagónico, que era una institución que dependía de la Comisión de Estudios Geofísicos, un organismo que después fue absorbido por el Conicet. Ahí empecé a trabajar en temas de contaminación con el caso Aluar. La planta ya estaba funcionando pero había que hacer el estudio de impacto ambiental. Tuvimos muchos roces con la empresa. Cuando vino el golpe militar pidieron que nos echaran a todos. También me dediqué a estudiar la climatología de la región y fundamentalmente a trabajar sobre el tema de la energía eólica. Y sembramos porque después la Secretaría de Energía de la Nación creó un centro de estudios sobre el tema en Chubut y fue por el trabajo nuestro. Y hoy sigue funcionando.
– ¿Hasta cuándo se quedó en la Patagonia?
– Estuve once años, hasta el 83, pero en el medio viajé a México. Después vine acá con la idea de trabajar más en la variabilidad climática de la región. Y es a lo que me dediqué hasta ahora, girando un poco, en los últimos años hacia los recursos hídricos. Porque entre los hidrólogos argentinos hay pocos que se dedican al modelado. Y casi ninguno interrelaciona clima e hidrología. Casi todos los trabajos de variabilidad que explican un poco por qué los ríos aumentaron o disminuyeron su caudal los hicimos nosotros. Justo ahora nos aceptaron un trabajo donde demostramos que ha habido un impacto enorme derivado del cambio de uso del suelo en el aumento de los caudales. Hubo aumento de lluvias pero también hubo un aumento derivado del cambio de uso del suelo. Particularmente en el Paraná y el Paraguay. En las zonas de Brasil y Paraguay esto se debe a la deforestación que disminuye la evaporación, con lo cual, una mayor proporción del agua va a parar al río.
– ¿Usted ha notado, con el paso de los años, un cambio en la consideración social respecto de la meteorología?
– Sí, es así. Yo creo que ganó gran espacio con el tema del cambio climático. Aunque no es un tema exclusivo de los climatólogos no se puede negar que estamos en el centro de la tormenta. Creo que también se produjo un cambio muy grande en Argentina. Porque esto (por el DCAO) no existía. Había un departamentito chiquitito, con gente casi toda part time. Eso se inició con Rolando García. Yo fui alumno en esa época, el grupo de profesores full time era de cinco o seis personas. El Conicet no tenía a casi ningún climatólogo. Paulatinamente fueron ingresando climatólogos en el Conicet y acá. Yo creo que la generación mía fue la que, de alguna manera, hizo mucho para que se produjera este salto. De todas maneras, en cuanto a cantidad, la situación es bastante estacionaria. En el Conicet no somos más de treinta y eso es bastante poco.
– ¿Ni siquiera con la explosión del tema del cambio climático se pudo modificar esta situación?
– Lo que pasa es que la mayoría de los chicos que estudian meteorología vienen con la ilusión de hacer pronóstico del tiempo. Pero después se encuentran con que el mercado está por otro lado y la mayoría termina haciendo climatología. Ahora lo que está empezando a aparecer es que muchos vienen a estudiar por el cambio climático. Es la nueva onda. Pero son pocos. Uno de los problemas que tenemos nosotros en el reclutamiento es la falsa percepción que se tiene de la meteorología desde el secundario. Los chicos que dicen que les gusta la meteorología creen que es algo más cercano a las ciencias naturales. Pero las ciencias de la atmósfera tienen una importante base físico matemática y los chicos no lo saben. Entonces ¿qué pasa? Nosotros debemos tener el récord de gente que se inscribe en el CBC y que abandona antes de llegar a la carrera.
– ¿Pero ve un futuro de expansión de la disciplina?
– Yo creo que sí. Tenemos generaciones jóvenes muy buenas. Yo, hasta hace poco, he dado clases y sé que los chicos son muy buenos. Pero el Conicet debería tener políticas más agresivas. En el Conicet hay unos 60 ó 70 astrónomos, y me parece bien. Pero no podés tener 30 climatólogos. Desde el punto de vista de los impactos en la sociedad, no hay relación. Yo creo que la Argentina debería triplicar el número de investigadores en esta área para abordar la enorme cantidad de problemas que hay y de servicios que brindar.
– A partir de su trabajo en el IPCC, ¿usted es optimista en cuanto a que los países van a transformar su matriz energética a raíz del cambio climático?
– Sí, eso seguro que se va a llevar adelante porque hay otros motivos. Además del cambio climático está la crisis del petróleo. Cada vez es más escaso, más difícil de extraer y más caro. Además, los países desarrollados, que son los más grandes consumidores, dependen de la importación de petróleo y eso les crea problemas. Se trata de un mercado inestable, ligado a una conflictividad política permanente. Entonces, en los países desarrollados gana terreno el discurso que sostiene que hay que resolver el problema de la seguridad energética. ¿Y esto cómo se resuelve? Acelerando el cambio hacia tecnologías limpias. La última proyección de la Agencia Internacional de Energía es que el petróleo no va a aumentar mucho su producción de acá al 2030 y, en cambio, se viene un aumento explosivo de la demanda impulsada por el crecimiento muy fuerte de los países en desarrollo liderados por China e India. Hoy, por ejemplo, los paquetes poscrisis de los países desarrollados, incluyen en casi todos los casos más plata para ciencia y técnica. Y muy particularmente para resolver este problema, a través de la generación de energías alternativas.
-¿Usted cree que Estados Unidos también avanza por ese camino?
– Hay intereses opuestos. Hay muchos sectores industriales, políticos y académicos que empujan por un cambio, que se expresa en el presidente Obama. Y están los otros que responden a la industria del carbón y del petróleo que, por ejemplo, durante el gobierno de Bush eran mayoría en el Gabinete. Casi todos los ministros tenían algún tipo de vinculación con estas empresas. Así y todo, en Estados Unidos la discusión no está tan cerrada como antes. El problema es que si Estados Unidos se demora, esto puede demorar a todos. Porque China no va a avanzar si no lo hace Estados Unidos y así sucesivamente. Pero insisto con que la única salida para bajar emisiones es ir por el lado tecnológico. Esa es mi teoría. Uno puede decir, cambiemos los hábitos, cambiemos el sistema económico, pero si uno analiza desapasionadamente la situación parece difícil que esto ocurra. Las tendencias en el mundo a favor de resolver los problemas ambientales son grandes pero no llegan hasta el punto de que la gente se autodiscipline en sus consumos. Las personas en general no cambian el auto por la bicicleta, salvo excepciones. La única solución va a ser que el problema se resuelva tecnológicamente.
– Es decir, el desarrollo y la incorporación masiva de tecnologías que generen un menor consumo de energía y menos emisiones contaminantes.
– Efectivamente y eso además ayuda a alinear intereses. Están los que van a ganar con el cambio y otros que van a perder. En el último discurso de Obama sobre este problema dice, “nosotros no queremos que los americanos compren autos eléctricos japoneses o europeos. No queremos tener que poner celdas solares japonesas. Queremos que esa tecnología se haga en Estados Unidos”. Está claro que si Estados Unidos no hace el cambio se va a transformar en un país subdesarrollado. Hace unos años, Clinton estaba impulsando una reconversión de la industria automotriz con una limitación en el consumo de combustible que tuviera un máximo de 40 millas por galón. La industria automotriz no quiso aceptarlo y cuando vino Bush se acabó la iniciativa ¿Cuál fue el resultado? Hoy los norteamericanos compran autos extranjeros. La industria automotriz estadounidense está en crisis porque no compite tecnológicamente con Japón o Europa. En este juego el que se queda defendiendo intereses mezquinos al final pierde porque el mundo sigue andando. No hay muchas alternativas para los norteamericanos. Más allá de que va a haber, como en todo proceso en el que hay intereses opuestos, avances y retrocesos. Lo mismo pasa con la negociación internacional de cambio climático. Está avanzando, yo la veo avanzar un montón.
Fuente: El Cable Nro. 755

Facultad de Ciencias Exactas y Naturales - Universidad de Buenos Aires - Argentina