Un espacio en construcción

Entre el jueves y el viernes pasado se llevaron a cabo las primeras jornadas de extensión “Exactas con la Sociedad”, con el objetivo de enriquecer e incrementar las experiencias de la Facultad en este ámbito, discutir el concepto y las acciones de extensión y analizar la relación entre la universidad y las demandas de la comunidad.

13 de noviembre de 2007

Fue la primera experiencia de este tipo para la Facultad. En dos días se concentraron 30 grupos de expositores que, a través de posters y charlas, presentaron sus trabajos de extensión y también pudieron debatir tanto sobre la situación actual de la actividad como sobre definiciones conceptuales.

La iniciativa, generada por la Secretaría de Extensión, Graduados y Bienestar (SEGBE), tuvo entre sus objetivos generar un ámbito donde se presentara la evolución y problemáticas de los 12 proyectos “Exactas con la Sociedad”, subsidiados por la Facultad en 2006. Pero no se limitó a eso, sino que incorporó casi el doble de otros proyectos de extensión que se encuentran desarrollando investigadores tanto de Exactas como de otras facultades. También participaron extensionistas de la Universidad Nacional de La Plata, de Quilmes, de Luján y de Entre Ríos. El comité organizador fue integrado por las autoridades de la SEGB, los graduados Graciela Garbossa, Leonardo Zayat y el estudiante Martín Calderón.

La apertura de las Jornadas estuvo a cargo del decano Jorge Aliaga, quien reflexionó acerca del espacio que merece la extensión en las universidad pública y confirmó que en 2008 tendrá lugar un segundo llamado de los subsidios “Exactas con la Sociedad”.

Las presentaciones orales tuvieron lugar en el Aula Magna del Pabellón II, y cada orador dispuso de 20 minutos para contar su experiencia. Además de la descripción de los diferentes proyectos en marcha, las jornadas contaron con la presencia de reconocidos expositores, con décadas de experiencia en la implementación de iniciativas de extensión en diferentes áreas, que intentaron tanto redefinir como problematizar este concepto y analizar el lugar que ocupa la extensión en la universidad actual.

Tan importante como la docencia y la investigación

Luego de mantener una extensa charla con los extensionistas, en el marco de un taller, Noemí Bordoni, directora de la Maestría en Salud Pública de la UBA, se dirigió al público y comenzó su exposición con una sentencia en la que dejó en claro su posición: “La misión cívica y social de la universidad es tan importante como la docencia y la investigación”, y agregó, “nosotros estamos pensando la extensión universitaria articulada con la investigación y con la docencia. No como algo aparte, ni como la hermana pobre de la universidad”.

Bordoni señaló que salir del espació tradicional universitario no tiene que ver con una supuesta “misión benefactora de la institución”, sino que forma parte de la calidad de una casa de estudios. “Esos espacios de intervención directa no están separados de la producción de conocimiento”, sostuvo.

Siguiendo con su línea argumental aseguró que, “mientras los investigadores seamos evaluados por los indicadores bibliométricos exclusivamente, vamos a mirar para otro lado y la problemática de la gente, circulará por otra parte. Creo que la institución universitaria debe pensar en la jerarquización de estas intervenciones a través de su reconocimiento curricular. Mientras no evaluemos la calidad con estas lógicas, los investigadores seguiremos mirando para otro lado”.

“Para la universidad resulta prioritaria la investigación, la docencia y, luego, un poco tirada, aparece la extensión. A mí me da la impresión de que tendrían que estar cabalgando juntas”, remató.

“La extensión existe porque existe la injusticia”

Amanda Toubes y Silvia Brusilovsky fueron dos protagonistas principales del momento más brillante que tuvo la extensión en la UBA. Se desarrolló a lo largo del período conocido como la “época de oro” de la universidad, entre 1955 y 1966, y culminó abruptamente con el golpe militar de Onganía.

En su intervención, Brusilovsky, actualmente profesora de la Universidad Nacional de Luján, se refirió a los principios políticos que orientan la práctica de extensión, desde sus inicios hasta el presente. En ese sentido señaló que desde la concepción reformista del 18, “se considera que la práctica extensionista constituye una de las necesarias respuestas a una situación estructural de exclusión económica, social y educativa de los sectores populares, y que en esa relación con la sociedad, se produce también una democratización interna de la misma universidad, ya que se modifican sus propias prácticas, sus temas prioritarios de investigación y los modelos de profesionales e investigadores por formar”.

Esta concepción se mantuvo vigente hasta los años 90. “En el contexto de políticas neoliberales, la práctica institucional redefine a la extensión como atención a demandas del mercado o a la puesta en marcha de políticas públicas en las que el Estado terceriza servicios. Esta definición política cambia el histórico sentido de la extensión, al ser coherente con una orientación que asigna a la universidad y a todo el sistema de educación el valor de bien de mercado. La concepción que se desarrolla actualmente resulta antagónica con la orientación original”, afirmó Brusilovsky.

La experta explicó que, dada la diversidad de prácticas que a lo largo de la historia se incluyeron en el marco de la extensión, resulta útil analizar las orientaciones que, implícita o explícitamente, sostuvieron y sostienen las distintas propuestas, ya que al decir de Risieri Frondizi, estas constantes y diferencias permiten revelar “al servicio de qué y de quiénes está la universidad. Y eso es lo que cuenta”.

“El objetivo que me propuse -concluyó Brusilovsky- fue colocar algunos temas para mostrar que el problema de la extensión universitaria no es instrumental, sino político y que están en juego valores y modelos sociales antagónicos y éticas universitarias y profesionales también antagónicas”.

“Muchos profesores no nos querían”

A su turno Toubes, actualmente profesora de la Facultad de Filosofía de la UBA, empezó señalando que, “cuando hoy escuché a los colegas mostrando sus proyectos, realmente me imaginaba su trabajo, su tesón, su perseverancia, pero también me imaginaba, siento decirlo así, algunas soledades frente a las estructuras universitarias, que no entienden la función de la extensión”.

Toubes recordó que en 1961 formó parte del primer trabajo de extensión que Exactas llevó a cabo con el departamento de Extensión de la Universidad y quiso homenajear a algunos docentes que formaron parte de esas tareas. Entre otros recordó a Cora Ratto de Sadosky, José Babini, Tomás Bush, Manuel Sadosky, Rolando García, David Jacovkis y Hugo Tarnopolsky.

En relación con las funciones que debe tener la extensión, Toubes leyó parte de un documento que escribió, junto a otros protagonistas de esa época, a fines de 1961. El texto decía: “El país debe ser el gran laboratorio de la universidad. (…) La misión de la extensión universitaria es facilitar por los medios que le son propicios el libre acceso a la universidad de sectores cada vez más amplios de la población. Por otra parte, lograr una reestructuración de la universidad paralela a un cambio de actitud profesional y humana de estudiantes, profesores y egresados, para que la tarea universitaria responda cabalmente a las necesidades reales del país”.

“Extensión siempre fue – sostuvo Toubes-, la pelea en el consejo directivo de la facultad, de la universidad, para arrancar los pequeños presupuestos que íbamos tomando, gracias al apoyo de muchos consejeros, frente a la reacción de algunos profesores que decían que extensión era una forma de hacer política. En realidad para el Consejo éramos un grano”, señaló sonriendo.

Para finalizar Toubes expresó, “extensión universitaria hace a la docencia y a la investigación, según la Universidad que es y que queremos que sea. Extensión es lo que esa universidad discute, polemiza, pelea y hace, bien o mal. No es un añadido”.

El milagro de la extensión

Carlos Eroles, subsecretario de Extensión de la UBA, inició su exposición afirmando que la extensión es uno de los tres pilares de la vida universitaria, pero que debe hacerse articulada con la docencia, y que la investigación y docencia no se desarrollan adecuadamente si no incluyen extensión. “Entonces me parece que nos está faltando algo significativo en la UBA”, reflexionó.

Eroles consideró como un “milagro” que haya gente que esté haciendo proyectos de extensión en estos años tan difíciles de la vida argentina, “proyectos que además tienen mucho menos valor en un currículum que una investigación”, y agregó que, “cada cátedra de la universidad debería hacer al mismo tiempo docencia investigación y extensión”.

“Yo soy de los que creen que debemos demostrar rápidamente que todo tiempo pasado fue peor – sostuvo Eroles-, necesitamos de nuevos aportes en estos temas, para demostrar que extensión universitaria llegó a la universidad en 1956 para quedarse y que en el siglo XXI tiene mucho para decir, especialmente en la UBA”.

Al final, el balance
Los secretarios a cargo del área, Claudia Pérez Leirós y Diego Quesada Allué, evaluaron la actividad como muy positiva. En particular, Pérez Leirós consideró que “la convocatoria por sí misma motivó a muchos graduados y estudiantes para consultar sobre la pertinencia a extensión y sobre las temáticas que se abordarían, en forma similar a lo que ocurrió en marzo de 2006 con el llamado a presentación de proyectos para su financiamiento”.

Por su parte, Quesada destacó que este espacio “fue importante para que todos aquellos que están actualmente involucrados en actividades de extensión tengan la posibilidad de interactuar y conocer lo que están haciendo los otros. También para que aquellos interesados en la extensión universitaria conozcan los proyectos en curso, y para que gente que no sabía de la existencia de las actividades de extensión tuviera un primer contacto”.

Quesada también consideró que la organización de las Jornadas fue exitosa “gracias a la colaboración del personal de la SEGB y de los integrantes del comité organizador”.

Como particularidad, Pérez Leirós destacó que “la presentación y discusión de pósters que se hizo a la mañana del primer día generó un espacio desestructurado para conversar con los autores. El mano a mano informal se extendió a las mesas de presentaciones orales, donde los autores pudieron discutir sus resultados con las especialistas en educación y salud que se sumaron antes de dar sus charlas”.

Otro tema que se desprende del balance es la convocatoria. “El balance de cualquier actividad abierta al público tiene una referencia obligada al poder de convocatoria de la misma -opinó Pérez Leirós. Habría sido más estimulante que hubiera más gente en las charlas, pero después de participar en el taller donde se habló de indicadores me pregunto si el “indicador de logro” de estas primeras jornadas debe ser cuantitativo, el número de personas que asistieron; o cualitativo, los contactos, los saberes, las preguntas que se llevó cada una de ellas”.

Fuente: El Cable Nro. 670

Gabriel Rocca