Un plan para la costa

Una comisión encabezada por la bióloga Alejandra Volpedo, acaba de elaborar el Plan de Manejo del futuro parque de la costa de Ciudad Universitaria. Prevé la figura de un administrador concursado y un consejo asesor vinculante. Exactas tendrá una importante participación en el manejo de las áreas naturales.

6 de noviembre de 2007

Hace un año, la Facultad ganó una importante batalla en relación con el proyecto de parquización de la costa de Ciudad Universitaria. En aquel momento, después de una fuerte presión institucional, se creó una comisión evaluadora conformada por investigadores de Exactas mediante la cual fue posible modificar en forma consensuada algunas características del proyecto inicial en pos de un mayor respeto por la configuración natural del paisaje (ver el Cable 642).

Ahora, con las obras en franco avance, se dio un nuevo paso. El decanato propuso hace tres meses, a sugerencia de la Secretaría de Investigación de la Facultad, a la bióloga Alejandra Volpedo al frente de una comisión destinada a elaborar un plan de manejo para la totalidad del Parque Natural Ciudad Universitaria. Después de un incesante trabajo, se logró consensuar el plan, una herramienta imprescindible para gestionar el área.
Volpedo coordinó la actividad de los representantes de Exactas, del Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires (a través del Área de Gestión de la Ribera), de la Facultad de Arquitectura, Diseño y Urbanismo (FADU) y de diversas ONG.

Perteneciente al Departamento de Biodiversidad y Biología Experimental, y con amplia experiencia en la confección de este tipo de documentos, Volpedo fue también redactora del Plan. Entrevistada por el Cable, habló sobre la original experiencia y sus resultados.

– ¿Cuál es la función esencial del Plan de Manejo?

– Hay que tener en cuenta que es una primera herramienta para empezar a trabajar sobre el Parque pero, más allá de eso, tratamos de que tenga el máximo de detalle, para que no se escape nada. Buscamos que la persona que administre pueda usarlo frente a los grandes o pequeños problemas que deba solucionar. Está pensado como una ayuda para poder gestionar en forma cotidiana, si no cumple esa función termina siendo un libro más en la biblioteca y no tiene que ser así.

– Los integrantes de la comisión que armó el plan representaban intereses diversos… ¿Cómo fue posible consensuar?

– Nos juntábamos con la gente de FADU, de Gestión de la Ribera y las ONGs, discutíamos los temas con objetivos, yo me encargaba de plasmar las ideas colectivas en un papel y en la siguiente reunión las exponía para ver si estaban todos de acuerdo. No es que nos sentamos tres personas a pensar y escribir, porque eso no hubiera sido un plan de manejo bien hecho ni participativo: Hubo que ponerse de acuerdo, consensuar y trabajar en conjunto.

– ¿Se sintió acompañada en su tarea por parte de los investigadores de la Facultad?

– La colaboración de los compañeros de la Facultad es algo para destacar. Todo el mundo está ocupado en sus clases, en sus papers, en sus múltiples actividades y, sin embargo, sabiendo que esta actividad no da créditos académicos, dieron su tiempo para participar. Ahora lo ideal sería que todos en la Facultad lean críticamente el Plan y lo enriquezcan con lo que crean necesario. Nos gustaría que se contacten con nosotros para sumar sus ideas y así seguir creciendo.

– Para la confección de planes de este tipo, los autores suelen basarse en casos precedentes, ¿en qué se basó el equipo que coordinaste?

– No teníamos muchos elementos en qué basarnos. Para armar planes de manejo, en general se utilizan los modelos que plantean, por ejemplo, la UNESCO, que es sobre planes de manejo patrimoniales; los de World Wildlife Found, que son para áreas que deben ser conservadas; o los que propone el Fondo para el Medio Ambiente Mundial, pero únicamente para parques nacionales. No es nada común que existan áreas como la del Parque Ciudad Universitaria, que tiene muchas variedades de usuarios y propósitos.

Los otros parques con que cuenta Buenos Aires son muy distintos.

Hay parques grandes como el Tres de Febrero o el Parque Avellaneda, que no tienen ningún sector dedicado a investigación o a la educación ambiental: Son de uso recreativo o contemplativo. Por otro lado, lo que sucede es que, si bien es muy común que las universidades tengan un campus experimental, lo distinto, en este caso, es que sea compartido por usuarios comunes de la ciudad. Eso es rarísimo, casi no hay ejemplos en el mundo. Y esa fue una de las razones por las que acepté coordinar el desarrollo del plan de manejo, más allá de que es un orgullo trabajar para la Facultad y para que los estudiantes tengan un lugar buenísimo donde hacer las prácticas.

– Un dato interesante es que el Plan determina su propio control.

– La metodología de incorporar un seguimiento para medir la eficiencia y la eficacia del propio plan, es lo que tiene de particular respecto de todos los planes que conozco. En general suele existir para las grandes áreas naturales, como los Parques Nacionales, pero nunca para las chicas. Eso es fundamental. Uno puede reevaluar en dos años si estuvieron bien las acciones que se implementaron, si el personal alcanzó, si los fondos fueron suficientes.

– ¿Qué otras particularidades tiene el Plan?

– Otro de los puntos interesantes es que en el mismo Plan definimos un presupuesto mínimo, porque es muy común que las áreas protegidas sean las últimas que acceden a presupuestos. Es importante que haya un presupuesto mínimo con el que podamos manejar el área. Con menos de eso no hay control, no hay gente, no hay nada. Es muy raro que eso aparezca en los planes de manejo. Y hay algo más, que es incorporar a los estudiantes y a los docentes, tanto de Exactas como de Arquitectura, no solamente en el armado sino en la implementación del Plan. Eso significa cogestionar el área con el Gobierno de la Ciudad.

– ¿Y las decisiones finales en manos de quién quedarán?

– Hasta ahora, todos los parques son directamente gestionados por el gobierno, y las universidades o facultades son asesoras no vinculantes. Este parque tendrá un administrador y un consejo asesor, y lo importante es que la opinión del consejo asesor va a ser vinculante, sobre todo en lo que tiene que ver con el Programa de Manejo de los Recursos Naturales y el seguimiento del Plan. Esto es importante ya que en otras áreas, como la Reserva Ecológica Costanera Sur, por ejemplo, el consejo asesor es no vinculante. Todavía no está definido si será vinculante para el programa operativo, que define cuáles son las funciones del director, y para el programa del uso público. Hay que seguir trabajando en eso.

– En algún momento se temió que este sector de la costa fuera ganado por intereses inmobiliarios, sobre todo teniendo en cuenta el conflicto sobre la jurisdicción que se mantenía años atrás.

– Los terrenos ganados al río a través de rellenos, o bien las áreas que naturalmente eran la zona de la ribera, tienen un alto valor inmobiliario. Lo interesante es poder proteger estas zonas para que a nadie se le ocurra ningún proyecto extraño, por eso fue fundamental que la UBA lo haya escriturado. Y es muy bueno que las facultades se hayan apropiado de la idea del Parque y participen del plan de manejo, porque apropiarnos del trabajo y tomar la iniciativa nos hace un poco dueños del lugar. Ahora lo bueno es que los estudiantes y los docentes puedan, a través del armado de trabajos prácticos, guías, seminarios, tesis, conseguir que se convierta en un lugar propio.

– ¿Cómo es la intervención en el parque por parte de las materias que se dictan en Exactas?

– En muchas materias hace años que veníamos haciendo prácticos en esa zona. La gente de Limnología, de Ecología, por ejemplo. En los trabajos prácticos de la materia Vertebrados, que es en la que yo me desempeño como docente, desde hace mucho tiempo veníamos relevando aves, y la lista de aves del plan de manejo es, justamente, la que hicieron los alumnos durante años. Pero después, cuando en el sector se comenzó a instalar gente en forma precaria, aumentó la inseguridad y comenzó a dejarse de usar.

– Ahora se podrá volver a utilizar.

– Por supuesto, ya está pasando. Qué mejor que ir a dar un práctico al parque; estudiar materias como Limnología, Ecología, Vertebrados, ahí y no a través de una pecera en una mesada: es otra calidad de enseñanza, y la tenemos a 50 metros de la Facultad. Entonces, me parece que eso se tiene que privilegiar, por tal motivo otra de las cosas nuevas del plan es que el Programa de Manejo y Conservación de los Recursos Naturales no está dentro de las misiones y funciones del administrador, sino que está planificado para que dependa directamente de un coordinador o un comité establecido por la Secretaría de Investigación de Exactas. Aunque al Plan de Manejo lo tiene que cumplir el administrador del Gobierno de la Ciudad, elegido por concurso abierto, las prioridades respecto de la conservación la definiría la propia Universidad.

– ¿La idea, entonces, es que el cargo de administrador sea concursado?

– Sobre todo queremos remarcar que la persona que lo gestione gane por concurso su cargo. Eso para nosotros es una costumbre en esta facultad, pero es fundamental trasladar esa experiencia al ámbito público. Yo estuve en el consejo de gestión de Costanera Sur, desde 1998 hasta 2002 representando a la Facultad y todos los gestores eran designados por cargos políticos, no necesariamente tenían algo que ver profesionalmente, ni remotamente con lo que había que gestionar.

– ¿Cuál será el criterio básico de utilización del Parque?

– La idea es que lo utilice todo el que lo desee, por supuesto: no sólo los estudiantes y docentes, sino que sea abierto a toda la comunidad. Va a existir un área costera de uso público, un área denominada “pradera” para hacer picnic, leer libros, actividades pasivas y contemplativas y, después, tres zonas naturales, que son la del humedal, la del talar de barranca y la selva marginal, que están más destinadas a la parte educativa.

– Igualmente, no están previstas zonas restringidas.

– La idea es integrar a toda la comunidad y no que los distintos sectores sean compartimentos estancos. Pretendemos que la gente lo use libremente, aunque hay que tener en cuenta que va a ser un parque diurno. Se va a abrir y cerrar todos los días, con control, con vigilancia. Se va a poder caminar, andar en bicicleta, por la zona costera, realizar todo lo que se entiende por actividades pasivas, como ver una salida de sol, y recorrer senderos autoguiados. La parte del humedal, el talar y la selva marginal está pensada para ser recorrida mediante guías, que pueden ser estudiantes formados en los cursos de capacitación organizados por las ONG, que tienen mucha experiencia en eso. Y también, en el futuro, se va a establecer un centro de interpretación que va a tener una sala donde los estudiantes puedan hacer pequeños seminarios abiertos, usando ese lugar como si fuera realmente nuestro campus universitario, nuestra aula verde. Lo que buscamos es que todos se apropien del lugar de manera coherente y utilizarlo de manera ordenada para las materias, para las tesinas y los trabajos de investigación.

– Es un proyecto novedoso para la Facultad, en cuanto a la responsabilidad que supone.

– Exactas tiene una gran responsabilidad en la implementación del plan, un compromiso muy grande. Es una buena ocasión para demostrar que estamos capacitados para ayudar a una gestión y que la experiencia académica no es todo lo que tenemos para ofrecer.

Fuente: El Cable Nro. 669

Armando Doria