Un puente entre ciencia y desarrollo

El UMYMFOR es un instituto Conicet-UBA que funciona en la Facultad desde 1978. Se dedica a prestar servicios a la industria, a la investigación básica y aplicada y a la formación de recursos humanos. Desde 2005 invirtió más de un millón de dólares en renovar su equipamiento con dispositivos, en algunos casos, únicos en el país. El Cable dialogó con su director, Gerardo Burton.

22 de abril de 2010

– ¿Con qué tipo de equipamiento cuenta la Unidad de Microanálisis y Métodos Físicos Aplicados a Química Orgánica (UMYMFOR)?

– En química orgánica hay dos tipos de equipos que son centrales: resonancia magnética nuclear (RMN) y espectrometría de masa. El Instituto cuenta con dos equipos de RMN y cuatro equipos de masa. La finalidad principal de estos dispositivos, que son complementarios, es determinar estructuras de moléculas. En general, quienes hacen investigación en química orgánica, inorgánica o bioquímica necesitan utilizar ambos equipos. ¿Para qué sirven específicamente? Los RMN son equipos que nos dan información de la estructura de las moléculas de una forma muy particular, porque uno tiene una gráfica, un espectro, con una señal particular para cada tipo de átomo de la molécula. Aquí uno puede ubicar claramente cada átomo de la molécula y con esa información decir cómo están unidos esos átomos y finalmente cuál es la estructura de esa molécula. Nosotros tenemos dos equipos de RMN. Uno es el equipo de rutina que tenemos en el piso. El otro, que está en el Pabellón I, es un equipo de 500 MHz, único en Argentina. Todavía tiene su imán original del año 94. Los imanes superconductores con los que trabajan estos equipos no han tenido un cambio importante de tecnología, incluso los mismos fabricantes dicen que ciertas características de estos imanes más viejos son mejores. Los cambios grandes están en la electrónica y en la parte de computadora y software. En este equipo todo eso se cambio a fines del 2005. Se invirtieron unos quinientos mil dólares provenientes de un PME de la Agencia.

– ¿Y en cuanto a los equipos de espectrometría de masa?

– En 2007 obtuvimos otro PME para renovar el equipamiento de espectrometría de masa. Incorporamos un equipo Bruker, de origen alemán, que no existía en el país, por un costo cercano al medio millón de dólares. Este equipo, que ya está en pleno funcionamiento, tiene la capacidad de medir moléculas, desde masas pequeñas hasta masas grandes. Tiene la particularidad que mide la masa con una precisión tal que permite distinguir combinaciones de elementos. Por ejemplo, un carbono pesa 12 unidades de masa, un hidrógeno pesa 1 unidad de masa. Si yo tengo un carbono con dos hidrógenos pesaría 14, pero el nitrógeno también tiene 14 unidades de masa. Sin embargo, la masa de ninguno de los dos es exactamente 14. Este equipo es capaz de ver esa diferencia y determinar si corresponde a un nitrógeno o a un carbono con dos hidrógenos. De esa forma este equipo puede dar fórmulas moleculares de las sustancias. Y después, a fines del año pasado, con recursos propios del Instituto, compramos otro equipo de masa por 100 mil dólares que lo terminaron de instalar hace una semana. Es un equipo más chico, cromatógrafo gaseoso y espectrómetro de masa, para uso de rutina.

– ¿Qué tipo de relación mantiene el UMYMFOR con la industria?

– UMYMFOR tiene desde hace muchos años una relación muy fluida con la industria, fundamentalmente farmacéutica. Actualmente procesamos alrededor de mil muestras anuales. Por ejemplo, todo medicamento que se vende en el país tiene que pasar determinados controles. Los laboratorios están obligados a tener estándares de los activos y de las impurezas y controlar sus partidas de producción. Para las drogas nuevas no existen estándares que uno pueda comprar con alguna certificación. Entonces el INAME determinó que todas esas sustancias tienen que tener una caracterización espectroscópica que asegure que esa sustancia sea lo que se dice que es. Hay muy pocos lugares donde se puede hacer eso y éste es uno de ellos. Otra tarea importante empezó a mediados de 2008 con un problema mundial por contaminación de partidas de heparina, que es un anticoagulante de la sangre. Esto produjo varias muertes en Europa y Estados Unidos. A partir de allí empezó a haber una serie de controles. El método que se estableció como el único que permite identificar estas impurezas es la RMN en equipos de 500 MHz y nosotros tenemos el único del país. Con lo cual, en el último año y medio, hemos analizado cientos de muestras de heparina que los laboratorios no pueden liberar al mercado hasta que nosotros le damos el OK. Y, de hecho, hemos detectado una cantidad importante de contaminaciones en partidas que hubo que rechazar.

– Estos equipos, además, ¿pueden ser utilizados por otras instituciones o investigadores?

– Sí, y en ese caso los aranceles son mucho más bajos, casi simbólicos. Además en el instituto trabajan catorce investigadores en varias líneas de trabajo. Dos líneas importantes, en química medicinal. Otra, sobre química aplicada al arte, donde está el aspecto de restauración de obras y del patrimonio cultural; y una línea en química de productos naturales.

– El Instituto parece ser un ejemplo no muy habitual de relación entre ciencia e industria.

– De hecho cuando empezamos no era muy bien visto. Pero desde hace algunos años empezó a pensarse que era importante que todo este equipamiento e inversión que hacía el Estado pudiera también ser utilizada por el sector privado para contribuir al desarrollo productivo.

Fuente: El Cable Nro. 742

Gabriel Rocca