Una ficción útil para la vida

El martes 16 de abril se llevó a cabo un nuevo simulacro de evacuación del Pabellón II organizado por el Servicio de Higiene y Seguridad de Exactas. Los funcionarios a cargo de la actividad describen las fortalezas y debilidades del ejercicio y analizan los cambios que se fueron produciendo con el correr de los años en el comportamiento de trabajadores, docentes y alumnos durante estos ejercicios.

25 de abril de 2013

“Las primeras evacuaciones programadas, que tuvieron lugar hacia fines de la década del 90, se desarrollaban sin alarma. En esos años se avisaba a las secretarías de los departamentos y los administrativos salían a avisarle al resto de la gente. Después empezaron a aparecer las alarmas y, últimamente, lo que se hace es una práctica que apunta a mantener entrenados a todos los miembros de la comunidad de la Facultad para que cada uno sepa qué hacer de producirse una emergencia real”, recuerda Ana Svarc, secretaria de Hábitat de Exactas.

El 21 de abril de cada año se conmemora el Día de la Higiene y Seguridad en el Trabajo de la República Argentina para recordar que ese mismo día, pero de 1972, se sancionó la ley 19.587 que regula en la materia y cuyo objetivo fundamental es “proteger la vida y preservar la integridad psicofísica de los trabajadores”.

Exactas fue una Facultad pionera dentro de la UBA en cuanto al cumplimiento de esa norma. En ese sentido, ya en 1990, fueron creados la Comisión pro mejoramiento del Hábitat y el Servicio de Higiene y Seguridad con el objetivo de generar una estructura que permitiera cumplir con las disposiciones previstas en la ley.

Particularmente, respecto de los simulacros de evacuación, Exactas es una de las pocas instituciones –entre dependencias universitarias y organismos de la administración pública– que cumple con la realización de estas actividades de manera regular y sistemática dos veces por año. Esta reiteración provoca cierto desagrado en algunas personas. “Yo siempre pongo como ejemplo el matafuego del auto. Creo que la mayoría de las personas frente a la necesidad de usarlo difícilmente se acuerden de cómo funciona. Porque no es algo que uno utiliza de manera cotidiana. Entonces, es conveniente que en forma periódica se haga una práctica”, reflexiona Ángel Lupinacci, director de Higiene y Seguridad.

“La repetición de una determinada actividad es la única manera de que las personas automaticen un determinado comportamiento –refuerza Svarc–. Es la única manera de que, ante un problema real, la gente actúe en forma mecánica, sin dudas ni pérdidas de tiempo”.

Simulacro al atardecer

El último ejercicio de evacuación tuvo la particularidad de realizarse a partir de las 18.00, a pedido de un grupo de alumnos y docentes del turno noche que no habían podido participar antes de esta actividad dado que, hasta ahora, nunca se había llevado a cabo después de las 17.00. Además, al tener lugar a poco de iniciado el cuatrimestre, la Facultad tenía un gran número de alumnos del CBC o que recién ingresaron en las carreras.

De todas maneras, el resultado del simulacro fue considerado como satisfactorio por sus organizadores. Según el informe elaborado por el Servicio de Higiene y Seguridad fueron evacuadas del edificio alrededor de cuatro mil personas. El 90 por ciento de ellas había salido en menos de 10 minutos y, a los 15 minutos, ya no quedaba nadie en el pabellón. La orden de regresar se dio a los 25 minutos y todos habían regresado a sus lugares de trabajo a los 35 minutos de iniciada la práctica.

Por supuesto, también se observaron algunas dificultades que se repiten a lo largo del tiempo y que deben superarse. En primer lugar, demasiadas personas tienden a salir por la puerta principal del Pabellón II. “Frente a una emergencia verdadera, la acumulación de gente en una entrada puede provocar que se empujen, se caigan y se lastimen. La mayoría de los alumnos que cursaban en las aulas del entresuelo en lugar de bajar y salir por el subsuelo subieron hacia la puerta principal. Es fundamental que se acostumbren a salir por otros lados”, recomienda Svarc.

Otro problema que se reitera es que algunas personas, una vez afuera, no concurren a los puntos de reunión establecidos. Ante una situación real este error puede dificultar la posibilidad de detectar si alguna persona, compañero de aula u oficina, quedó atrapado en el edificio.

Pero, sin dudas, la principal complicación que se vive una y otra vez ante cada ejercitación es la presencia de automóviles estacionados en lugares no habilitados obstruyendo las vías de salida o desplazándose por la playa de estacionamiento poniendo en riesgo el físico de las personas evacuadas. “Es un tema para el cual todavía no encontramos solución –se ofusca Lupinacci–. Si bien lo reiteramos en cada comunicación siempre aparecen varios apurados para irse que desplazan su auto por el medio de la gente. Lo mismo pasa con los vehículos estacionados en el frente del Pabellón II”.

Más allá de estas dificultades, la reiteración sistemática de estos ejercicios también va generando cambios en la actitud de las personas y automatizando conductas. Quizá el principal avance esté relacionado con un aspecto básico pero a la vez clave en toda evacuación: salir rápido del edificio. “Ahora, apenas se escucha la alarma la gente empieza a salir muy rápido, cosa que antes no ocurría. Y eso es muy bueno porque no hay nada que esperar. Creo que ése es el mayor logro que hemos tenido”, asegura Lupinacci con satisfacción.

Fuente: El Cable Nro. 816

Gabriel Rocca